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La guerra en Siria

Luis Ariel Carpio G., Cartagena, diciembre 6 de 2015

La guerra en Siria, que llega a su cuarto año, es una guerra de desgaste que ha devastado parte del país. No todo lo han destruido. Parte de la infraestructura económica se mantiene intacta y en pleno funcionamiento, especialmente los pozos petroleros, oleoductos y refinerías, cuya producción, como ya es de común conocimiento, se trafica en el mercado negro por el Estado Islámico y comprada a menor precio por las potencias consumidoras de Europa por intermediación de Turquía e Israel.

No se trata de una guerra civil como lo han presentado los informativos occidentales, todo lo contrario, la población civil se encuentra en la mitad de esta guerra cruenta, en calidad de víctima. No es tampoco una guerra religiosa, debido a que Siria es un régimen de gobierno secular que permite la coexistencia de la variadísima gama de sectas religiosas que hay en su territorio, islamitas, católicas o protestantes, con sus diversas vertientes. Eso sí, el elemento religioso está presente. La monarquía Wahabí Saudí y Qatar lo ha sabido usar como envoltura para urdir esta guerra.

La de Siria es una guerra de agresión, promovida y financiada por una alianza internacional anti Siria, liderada por los Estados Unidos, algunas potencias europeas, Turquía y las principales petro-monarquías del Golfo. Su objetivo es el derrocamiento por la vía militar del gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad, y la destrucción de su coalición de gobierno, la cual está conformada por más de una decena de partidos.

Dicha alianza ha logrado conformar un ejército multinacional de mercenarios, cuyos componentes son, el autodenominado Estado Islámico y Levante, el Frente Al Nusra, el Ejército Libre de Siria, ELS, todos caracterizados por la crueldad de sus métodos de guerra, y por el terrorismo, muy a pesar de que a este último se le haya barnizado con el mote de moderado. Existen otras organizaciones armadas poco mencionados por los medios occidentales, que integran esta estructura militar y que son determinantes en el desenvolvimiento de la guerra, estas son la Legión de Sham, Brigadas del Alqassam, y el Frente Islámico.

Toda esta estructura de guerra ha sido preparada, entrenada, financiada y armada abiertamente por Los Estados Unidos, Arabia saudí, Turquía y Qatar, principalmente.

La composición de estas estructuras militares es variada. Se trata de terroristas provenientes de diferentes rincones del planeta. Se destacan libios, traídos por Turquía de la guerra contra Gadafi, europeos musulmanes, chechenos, egipcios, marroquíes, paquistaníes, norteamericanos fanáticos, y hasta chinos musulmanes de la etnia uigur, los cuales son fundamentalistas islámicos. También lo integra personal militar del antiguo ejército de Sadam Hussein y guerreros de la Hermandad Musulmana que arribaron a esta guerra procedente de todas las geografías.

No son rebeldes, como los bautizaron los rotativos norteamericanos y europeos, e informativos como CNN y Al-Jazeera. Son terroristas, pues así debe llamársele a quienes, en actitud repudiable, ponen bombas, disparan contra multitudes de inocentes, o decapitan frente a las cámaras.

No son rebeldes. Son mercenarios terroristas, pagados a sueldo, contratados para derrocar al gobierno sirio y para instaurar un régimen títere al servicio de los intereses extranjeros.

La geopolítica de la guerra

La decisión de Europa de diversificar las fuentes de suministros de gas natural, de bajar precios, y de reducir la dependencia del gas siberiano proveniente de Rusia, el cual representa el 32% del consumo europeo, es uno de los detonantes de esta guerra. Luego del rotundo fracaso del proyecto Nabucco, entre Europa y Turquía, que nunca arrancó y que pretendía traer gas natural de Asia Central ‹Azerbaiyán y Turkmenistán› a Europa, comenzaron negociaciones para la construcción de un gasoducto estratégico para transportar el hidrocarburo desde el Golfo Pérsico a Europa, y de ese modo lograr una fuente alternativa de suministro, diferente al que provee de la empresa estatal rusa Gazprom, y sobre todo, para poder forzar una baja de precios en los contratos de compra.

Este proyecto, que tiene siete años en stand by, busca trazar una nueva ruta del gas desde Qatar hasta Europa, pasando por Arabia Saudita y Turquía. El problema radica en que por razones de posición geográfica, dicho proyecto debe cruzar sus redes de tuberías por Siria, lo cual no ha podido ser concretado pues se han tenido que enfrentar a la negativa del gobierno sirio. Esto explica la decisión de turcos, europeos y qataríes, de declararle la guerra frontal al presidente sirio Bashar al-Assad, con el fin de quitarlo del poder, y en su lugar poner un gobierno marioneta que facilite la construcción del gasoducto.

Rusia entiende la amenaza que se cierne de llegar a cristalizarse esta alianza energética entre Europa y Qatar, la cual entraría a debilitar su papel como jugador en el gas natural, en momentos en los que el mundo atraviesa una crisis de tamaño mayor en el sector energético, por pérdida de ingresos, a raíz del vertiginoso descenso de los precios internacionales del petróleo.

Otra razón tiene que ver con la decisión del Pentágono y la OTAN de expulsar a la armada rusa de la cuenca del Mediterráneo, para lo cual el cambio de gobierno en Siria se hace indispensable.

En la actualidad, y como parte de la implementación de acuerdos de cooperación militar entre la antigua URSS y Siria, la armada rusa posee instalaciones militares en ese país, específicamente en el puerto sirio de Tartus desde el año 1971, el cual le permite a los rusos hacer presencia en la zona, así como también disuadir a cualquier Estado o potencia que intente agredir a su aliado Siria. Este acuerdo es, si se quiere, un blindaje de protección político y bélico hacia este país.

La expulsión de Rusia del Mediterráneo se ha convertido en un hecho impostergable para los Estados Unidos y la OTAN, pues les resulta incómoda la presencia militar de un adversario como Rusia en unas aguas cuyas costas resumen los continentes europeo, africano y el medio oriente. Recientemente intentaron, infructuosamente, sacar la Armada rusa del mar Negro, mediante el golpe de Estado en Ucrania, el cual tenía el propósito oscuro y alevoso de desmontar la base naval rusa en Crimea, intentona que fue conjurada gracias a un referendo que permitió integrar a la península Crimea a la federación rusa.

Este plan, orquestado por el Pentágono y la OTAN, hace parte del plan mayor de carácter ofensivo que pretende cercar a Rusia en sus fronteras territoriales, y debilitarla militarmente. Este plan cuenta con la instalación de un sistema antimisiles en sus fronteras, que busca amedrentar a Rusia, desarmarla, dejarla expuesta a merced de cualquier enemigo. Necesitan a una Rusia sumisa, arrodillada, reducida a la mínima expresión económica, política y militar, en suma, convertida en una colonia.

La posición del presidente Vladimir Putin, con ocasión de los bombardeos de su fuerza aérea a los terroristas en Siria, está en la línea correcta, pues lo que busca es salvaguardar a Siria y al mundo del terrorismo, hoy representado en el EI y en las demás fuerzas tenebrosas que le acompañan en su periplo de muerte y destrucción. Vale la pena resaltar que Rusia ingresa a esta guerra por solicitud directa del presidente sirio, a diferencia de los Estados Unidos que utiliza arbitrariamente el espacio aéreo sirio y bombardea su territorio sin ninguna clase de permiso o autorización.

Es también correcta porque lo que pretende Rusia es defenderse de la OTAN y del Pentágono, que con esta guerra buscan liquidar a Siria, uno de sus más importantes aliados en el Medio Oriente junto con Irán.

La guerra en Siria, al igual que las que le han precedido, se enmarca dentro del accionar de las potencias imperialistas dentro de la llamada globalización, para apoderarse de las materias primas estratégicas, los mercados, la mano de obra y las rutas del comercio internacional. Detrás de estas guerras se encuentran las grandes corporaciones financieras y el complejo militar industrial de los EEUU que obtienen sus tasas de ganancias con la actividad belicista y los muertos de otros países.

Esta guerra tiene calculados intereses geoestratégicos y geopolíticos que, para conseguirlos, los países liderados por Estados Unidos, son capaces de cometer cualquier clase de actos despreciables, repulsivos y detestables contra quien sea. O al decir del presidente Barack Obama “Tenemos el Ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que hacer torcer el brazo a los países si no quieren hacer lo que queremos a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares”

La resistencia del pueblo sirio frente a la agresión imperialista debe generar nuestra solidaridad, más aún cuando tenemos el ejemplo de lo que ha hecho Estados Unidos en Yugoeslavia, Libia, Iraq, Afganistán, Sudán, entre otros: desintegración de la unidad nacional; destrucción de los estados, de la infraestructura, la industria, los mercados, la cultura; arrasamiento y apropiación de los recursos; crímenes de lesa humanidad; en resumidas cuentas, la destrucción de los países que han caído sobre su égida. El pueblo sirio, su territorio, sus recursos naturales, su economía, su población, en últimas, su autodeterminación, merecen respeto. Ninguna intervención de este tipo debe ser tolerada.

El imperialismo es la globalización, y es en esencia, el capitalismo agonizante.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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