Inicio > Tribuna Magisterial > La jornada única de Santos: otra artimaña

La jornada única de Santos: otra artimaña

Tribuna Magisterial, Bogotá, octubre 10 de 2014

El decreto 0157, expedido en 1967 por el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo, adujo como justificación para acabar la jornada única e imponer la doble jornada, "el déficit de setecientos mil cupos en la educación elemental". Y dado que el doctor Lleras no pensaba aumentar los recursos, la feliz solución fue disminuir el tiempo de clase y las obligaciones del Estado con la alimentación y el bienestar de los estudiantes.

Cuarenta y siete años después en un acto de ilusionismo político el presidente Santos pretende hacerle creer al país que puede sacar la Jornada Única del cubilete de un presupuesto educativo miserable. Y que con ello resolverá los gravísimos problemas que sufre la educación colombiana, de los cuales él es directo responsable. Como quien dice, dos presentaciones de magia.

Según el Banco Mundial la inversión (pública y privada) de Colombia en educación bajó de 4,7 del PIB en 2010 a 4,4% en 2013. El Sistema General de Participaciones, SGP, los recursos estatales destinados a educación, salud y agua potable, declina de 3,8 en el 2014 a 3,7% del PIB para 2015. Con las reformas constitucionales de 2001 y 2007 se le arrebataron 60 billones a la educación pública. Y el déficit del Presupuesto General de la República para el año entrante oscila entre 12,5 y 15 billones de pesos. En resumen, por ningún lado se ven los recursos de inversión de los que habla el gobierno.

La doctora Parody reconoce que apenas habría posibilidad inmediata de Jornada Única para dos millones cuatrocientos mil estudiantes en cuyos colegios no hay doble jornada ¿Y los docentes adecuadamente remunerados, el almuerzo y la dotación, señora ministra? Para más de seis millones y medio de niños y jóvenes no hay infraestructura. Fedesarrollo en el informe final de su estudio, La educación básica y media en Colombia: retos en equidad y calidad, reconoce que, “la principal restricción para la adopción de esta política (la jornada única) son los altos costos. Se estima que habría que construir 832 sedes educativas adicionales con una inversión estimada del 1,2% del PIB y que sus costos de operación anual podrían ascender a 0,6% del PIB” Para resolver la falta de infraestructura escolar la nación requiere un impresionante aumento del presupuesto educativo. La mayoría de los 12.845 establecimientos educativos públicos tiene serios problemas. No sólo es la falta de área de los salones, que no cumplen las medidas de Icontec, o la sencilla inexistencia de aulas (el Estado acepta que faltan 55.000), o que no haya laboratorios, talleres, bibliotecas, escenarios deportivos y áreas de recreación conforme a las normas establecidas por el mismo Gobierno que descaradamente las viola, sino que no existe suficiente transporte escolar, dotación y alimentación. En esas condiciones el ofrecimiento gubernamental de construir 160 colegios, que luego rebajó a 80 y ahora no se sabe si habrá alguno, es tan ridículo que no merece comentario alguno. La cacareada jornada única es una prueba piloto con 60.000 estudiantes, menos del 0.006% de la matrícula.

En 1967 se impusieron la escuela de funcionamiento intensivo, la escuela de doble jornada y la escuela completa de un solo maestro. La primera modalidad desapareció, pero la doble jornada y la escuela completa de un solo maestro han pervivido como ingredientes de la tragedia de la educación colombiana. El magisterio ha luchado por la Jornada Única. En la ley General de Educación, conquistada con un prolongado paro, se alcanzó en el Artículo 85 que "El servicio público educativo se prestará en las instituciones educativas en una sola jornada diurna. Cuando las necesidades del servicio educativo lo requieran, podrán ofrecer dos jornadas escolares, una diurna y otra nocturna, bajo la responsabilidad de una misma administración. La jornada escolar nocturna se destinará, preferentemente, a la educación de adultos de que trata el Título III de la presente Ley". Pero la contrarreforma educativa comenzada en 1996 y llevada a su cima en 2001 con en el Acto Legislativo 01, impulsado decisivamente por Santos, la convirtió en letra muerta.

Mientras el Ministerio adelanta una cruzada a lo largo y ancho del país cerrando escuelas y “racionalizando” la planta de personal docente se pretende convencer al país de que va a haber una jornada que requiere maestros y establecimientos. Se intenta extender la jornada escolar sin superar los miserables salarios de los maestros y sin resolver la falta de docentes de aula, profesores de educación física, orientadores, coordinadores, directores rurales y rectores, amén de la falta angustiosa de personal administrativo que ha llevado a la muy santista situación de bibliotecas sin bibliotecarios, puertas sin porteros y administración sin personal.

Ahora bien, esos gravísimos problemas no se resuelven con "audaces e imaginativas" salidas como las de aumentar el hacinamiento superponiendo una jornada a la otra. Que unos estudiantes entren a las seis de la mañana y salgan a las dos de la tarde, mientras la otra jornada haga su ingreso a las diez de la mañana y se vaya a las seis de la tarde, como está sucediendo en Bogotá, es elevar a la enésima potencia el amontonamiento de estudiantes, con todas las consecuencias negativas para la enseñanza, la salud y la convivencia. Y a eso lo llaman calidad de la educación ¡Qué desfachatez! La otra medida "revolucionaria" es envilecer las condiciones laborales pagando horas extras o tercerizando la prestación del servicio para beneficio del capital privado. Y es en esto en lo que se han puesto de acuerdo Santos y Petro.

Este remedo de jornada única se adelanta sobre la base de la destrucción de la autonomía educativa. Para Santos y su ministra no existe la ley General de Educación. Por ello deciden en qué áreas se deben utilizar las nuevas horas, pasando por encima del Artículo 77 que establece que las instituciones educativas “gozan de autonomía para organizar las áreas fundamentales de conocimiento (…) introducir asignaturas optativas (…) adoptar algunas áreas (…) y organizar actividades formativas”.

La propaganda oficial sobre la jornada única busca engañar al país en lo atinente a que se esté proveyendo el presupuesto necesario para hacerla posible. En lo que sí avanza es en impulsar la privatización y la destrucción de los pocos derechos del magisterio, bien sea con tutores contratados por medio de instituciones privadas o con el SENA; y la entronización de una educación al servicio de los monopolios y el capital financiero.

Lo educadores seguimos luchando por una verdadera Jornada Única. Es necesario recuperar la financiación que se le arrebató a la educación en 2001 y 2007 con el Sistema General de Participaciones; que haya salario profesional y aumento de la planta de personal; y que se respete la autonomía.

Lo de Santos y Parody no pasa de parodia.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
Siga a Jorge Enrique Robledo en Twitter
  • Imágenes
  • Videos
  • Audios
  • Todas
  • Todos
  • Todos

  • Suscríbase a la lista del PDA-MOIR

    Comunidades del MOIR

    POR LA SOBERANIA, EL TRABAJO Y LA PRODUCCION ¡RESISTENCIA CIVIL!
    Sede Nacional : Carrera 24 No. 27-25 Bogotá Colombia - Teléfono: (57 1) 245 7126.

    Seguir la vida del sitio