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La piñata de las regalías para ciencia y tecnología

Jorge Iván González*, UN Periódico, número 185, febrero 7 de 2015

El alto y diverso número de proyectos presentados al Fondo de Regalías para Ciencia y Tecnología muestra la errada política de financiación. En los OCAD predominan los intereses políticos y no las prioridades de CyT. La secretaría técnica de Colciencias no ha ejercido ningún liderazgo.

Los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD) están ahogando la ciencia y la tecnología (CyT). Los resultados que hasta ahora se han conseguido son la más clara expresión de la forma como la conjunción del formalismo con la política local logra aniquilar los proyectos estratégicos de investigación.

La distribución de las regalías para ciencia y tecnología tiene tres problemas graves. Primero, el monto es arbitrario. Segundo, los criterios de selección no responden a las prioridades de las comunidades científicas, sino a los intereses políticos que priman en los OCAD. Y tercero, la forma como se han distribuido los recursos no ha permitido focalizarlos en proyectos estratégicos con alcance de largo plazo. Esta dispersión de los dineros no facilita consolidar procesos de investigación.

El Fondo para Ciencia y Tecnología partió de un error fundamental: definir una proporción fija de las regalías. Sin ninguna razón se determinó que el monto máximo que podía recibir el Fondo sería del 10 % de estas de cada año. El porcentaje es arbitrario y no tiene nada que ver con las necesidades de CyT.

Las regalías son muy volátiles, pues dependen del precio internacional de los productos minero-energéticos. No tiene ninguna lógica asociar la financiación de la CyT a un porcentaje fijo de unas regalías que por naturaleza son erráticas.

Es más inaceptable relacionar la distribución de los dineros para CyT entre los departamentos, con las reparticiones que se realizan a través de los fondos de desarrollo y compensación regional. La ciencia y la tecnología no tienen nada que ver con los criterios que se utilizan para distribuir tales recursos.

El Gobierno fija los porcentajes por dos razones. En primer lugar, porque así evita la discusión periódica con el Congreso; y en segundo lugar, porque esta es una forma de repartir los recursos, como la “mermelada en la tostada”, tal y como lo decía el ministro Echeverry. La proporcionalidad garantiza que la mermelada alcance para todos, así sea en pequeña cantidades.

Intereses políticos

En los OCAD predominan los intereses políticos y no las prioridades de CyT. No hay ninguna razón para que los gobernadores y los ministros decidan las prioridades del país en estas materias.

Las universidades públicas que participan en dichos organismos también quedan amarradas a los criterios locales de sus departamentos. Colciencias ha demostrado su incapacidad para sacar adelante los criterios de las comunidades científicas. Su secretaría técnica no ha ejercido ningún liderazgo.

La revisión de los requisitos burocráticos que tienen que cumplir los proyectos para que sean aprobados acaba con la capacidad analítica y con la perspectiva estratégica de cualquier funcionario. Los OCAD no han logrado conjugar la agenda de corto plazo de los políticos con las prioridades investigativas que debería tener el país.

Como “cualquier persona natural o jurídica, pública o privada” puede presentar proyectos, las posibilidades de dispersión aumentan y se pierde tiempo en la revisión de iniciativas poco relevantes. No se reconocen las jerarquías que ya ha definido el mundo académico y el proyecto que envía un centro de investigación de trayectoria tiene que seguir el mismo trámite burocrático que el remitido por una persona sin ninguna experiencia académico-científica.

Proyectos dispersos

Las críticas anteriores adquieren plena significación cuando se analiza lo sucedido en los últimos tres años (2012-2014), según datos de Colciencias, con corte al 12 de diciembre de 2014, después de que se hizo el cambio en los criterios de distribución de las regalías (Acto Legislativo 05 de 2011, Ley 1530 de 2012, Decreto 1949 de 2012).

Durante los tres años, el Fondo de Ciencia y Tecnología financió 262 proyectos, por un valor total de 1,9 billones de pesos. El monto promedio por proyecto fue de 7,1 miles de millones. El proyecto que recibió más recursos fue “Consolidación de las capacidades de ciencia, tecnología e innovación del sector agropecuario del departamento del Cesar”, por 64,5 miles de millones. El proyecto con menos recursos fue “Control caracol plaga Achatinia Fulica y disminución del riesgo en salud, agricultura y turismo con la comunidad de Santafé de Antioquia”, con una financiación de 300 millones de pesos.

Estos datos son suficientes para mostrar la errada política de ciencia y tecnología. El alto número de proyectos es una muestra evidente de dispersión y la lectura de los títulos indica que no hay ninguna línea articuladora.

La heterogeneidad se observa a nivel de cada departamento. Tampoco existe consistencia a nivel nacional. En el Amazonas, por ejemplo, se aprobaron los siguientes proyectos: “Evaluación del cambio global en un humedal del medio Amazonas: Sistema Yahuarcaca”, por 378 millones de pesos; “Innovación y desarrollo de productos agrobiodiversos a partir de especies vegetales en alianza con organizaciones de base…”, por 835,6 millones; “Inventario, delimitación, caracterización y gestión de humedales en el departamento de Amazonas”, por 300 millones; “Fortalecimiento intersectorial e intercultural de la estrategia ‘Alto a la Tuberculosis’ en comunidades indígenas...”, por 2,6 miles de millones; “Fortalecimiento de la cultura ciudadana...”, por 2,2 miles de millones; “Control de malaria...”, por 2.000 millones; y “Plan de manejo para el control del cáncer de cérvix...”, por 2,5 miles de millones.

No se requiere ser especialista para concluir inmediatamente que estos proyectos no tienen nada que ver el uno con el otro. Un ejercicio similar se puede hacer con los demás departamentos.

El valor promedio de los proyectos fue de 7,1 miles de millones de pesos. Con tan pocos recursos es imposible que una investigación pueda ser de punta, mucho menos, cuando no hay ninguna relación entre las propuestas.

Los valores máximos y mínimos también son significativos. Si el proyecto más caro apenas es de 64,5 miles de millones, es evidente que Colombia no puede avanzar en CyT. Por su parte, el proyecto más barato (300 millones) es, sencillamente, la manifestación de la poca seriedad con la que el país ha asumido la investigación.

Imaginemos un escenario ideal, en el que sí hubiera liderazgo científico. Los 1,9 billones habrían permitido dar el paso inicial para que, por ejemplo, en el Amazonas colombiano, se creara el primer centro mundial de biodiversidad, así como Chile ha logrado estar en el nivel más alto de la astrofísica, gracias a las bondades naturales del desierto de Atacama.

Pensemos en otra alternativa ideal. La UN necesita 1 billón para que los laboratorios funcionen bien; no para crear CyT de punta sino, simplemente, para que los estudiantes encuentren microscopios en buen estado. Los 1,9 billones se hubieran podido gastar en la adecuación de los laboratorios de tres universidades públicas (digamos Nacional, Valle y Antioquia).

La Nacional hizo un ejercicio juicioso para definir las Agendas del Conocimiento. Este y otros insumos, que ayudarían a jerarquizar proyectos, no se han tenido en cuenta. Obviamente, las decisiones con carácter estratégico no pueden ser tomadas en medio de la rapiña de los OCAD.

Se requiere liderazgo académico y la convicción profunda de que la CyT no mejora llenando de mermelada a todos los que llegan a mendigar chichiguas en la piñata de las regalías.

*Profesor de Instituto de Estudios Urbanos, Universidad Nacional de Colombia

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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