Un debate de suma importancia: el solo negocio de la telefonía celular vale más de 20 billones de pesos. El 4G, una revolución en la tecnología. Claro-Comcel, en posición dominante desde 2009. Hoy, en los celulares, altísimas tarifas y mala calidad del servicio. En peligro UNE, ETB y Emcali. ¿Debilitar el monopolio o fortalecerlo? Unidad contra el monopolio.
Este debate lo estamos citando el senador Laserna, un distinguido dirigente del Partido Conservador, y yo, que pertenezco al Polo Democrático Alternativo. ¿Cómo estarán las cosas?
Ya ustedes escucharon lo dicho, de manera profunda, por el doctor Juan Mario Laserna. Lo que voy a decir también va a ayudar. Y aprovecho para hacerle de entrada un llamado al país confiado en que este sea un tema que realmente nos una.
Un debate se suma importancia
La importancia del sector de las telecomunicaciones es manifiesta. Estamos hablando de que el solo negocio de la telefonía celular supera los 20 billones de pesos. Pero además, sin comunicaciones ¿cómo funcionan los demás negocios? De ellas está pegada toda la economía nacional. Y lo más novedoso, esta subasta va a generar una revolución tecnológica en el sector, lo que llamamos el 4G o telecomunicaciones de cuarta generación, una revolución tal que en cierto sentido se van a volver una misma cosa la telefonía inalámbrica, el internet y la televisión, todo en un mismo paquete. Por eso explicaba el senador Laserna que aquí hay un riesgo inmenso y es que a través del monopolio ya existente en la telefonía móvil, el país termine pasando al monopolio del internet y al monopolio de la televisión. Y les hago una advertencia: Carlos Slim, que es quien controla Comcel, hoy Claro, controla también las telecomunicaciones mexicanas, pero no tiene ni un centavo en televisión, porque no lo han dejado entrar. Lo que aquí se está conformando va a ser mayor incluso que lo instituido en la República Mexicana.
Lo primero en lo que hay que insistir es que viene algo nuevo, el internet 4G. Las comunicaciones inalámbricas viajan por el espacio radioeléctrico, una especie de avenidas por donde viajan las señales y que no son privadas sino de la nación colombiana. Son además finitas. Por ahí no puede pasar el número de señales que uno quiera, solo unas cuantas, así sean muy grandes y muy importantes. Es entonces un sector que tiende a monopolizarse, a través de un espectro perteneciente a la nación. Y lo que se va a hacer con la nueva tecnología del 4G es una subasta que va a entregar avenidas por una cantidad igual a la que ya hay. En una palabra, el futuro de todo el sector y de la economía nacional va a depender de unas decisiones que está por tomar el Ministerio de las TIC en las próximas semanas. Fue lo que nos llevó al senador Laserna y a mí y a otros colombianos a interesarnos en el asunto. Porque si el sector está monopolizado, y la subasta lo que va a hacer es ampliar el monopolio y entregar todo el espacio radioeléctrico, se estará creando un hecho inmodificable de una suprema gravedad.
Claro-Comcel, un monopolio en posición dominante
No voy a repetir lo señalado por el senador Laserna para demostrar que aquí hay monopolio. Existe incluso legalmente, pues en el año 2009 el Estado colombiano declaró a Comcel en posición dominante, como un operador con capacidad para imponerse por fuera de la competencia y a la brava sobre los demás. Digamos que es una definición que ya está tomada. Este monopolio, hoy, sin los nuevos desarrollos, nos está ya costando a los colombianos en bienestar unos dos mil quinientos millones de dólares al año, pero podemos llegar a lo de México, donde este mismo monopolio, en manos de Slim, les produce a los ciudadanos pérdidas en bienestar del orden de 25.800 millones de dólares al año, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OECD, en cuya plana directiva, se lo aseguro con certeza, nadie es del Polo Democrático Alternativo. Son datos del establecimiento global, que no tiene por qué tenerle animadversión personal a nadie.
Como bien lo señaló el senador Laserna y aquí doy un salto grande, el tema central es el del monopolio. Y aquí me van a permitir que haga una referencia al pasado. Buena parte de la lucha de quienes nos hemos opuesto a la privatización, y lo advertimos oportunamente, era que los monopolios públicos se iban a convertir en monopolios privados. Que lo que iba a suceder no era el paso del monopolio público a la libre competencia privada, sino del monopolio público al monopolio privado. Ahora bien, cuando el monopolio es público puede presentar mil problemas, pero también, si se utiliza de manera sensata, auspiciar el bienestar de la sociedad. Pero cuando el monopolio es privado no hay ni la más remota posibilidad de utilizarlo en interés de la sociedad.
Lo voy a explicar con dos frases muy fáciles de entender. Una de Milton Friedman, uno de los padres de la economía del libre comercio. Dice Friedman, repitiendo a Adam Smith: “Hay una, y solo una, responsabilidad social de las empresas, cual es la de utilizar sus recursos y comprometerse en actividades diseñadas para incrementar sus utilidades”. O sea, en lo único que debe creer el empresario es en la búsqueda de la máxima ganancia. No se puede ser monopolista y utilizar el monopolio con un fin distinto que el de esquilmar a la sociedad en procura de la máxima ganancia. Habría una excepción, un monopolista estúpido, pero no creo que los estúpidos lleguen a monopolistas. Tal vez sí a gerentes, pero no a dueños de empresas, y serán destituidos fulminantemente.
Es lo que explica lo que hoy padecemos los colombianos con los celulares: altísimas tarifas y mala calidad del servicio, porque parte de la ganancia se logra deteriorando el servicio. Eso de que se caigan las llamadas entre el 6 y el 10 por ciento es indicativo. La nueva llamada lo que está haciendo es aumentando el costo en la misma proporción. Pero ojo, tal vez el efecto más pernicioso del monopolio, y quiero resaltarlo porque está claro en la literatura, es que el monopolio permite detener el progreso técnico. Es más, la economía lo empuja a detener el progreso técnico. ¿Por qué? Porque si yo he alcanzado un determinado estándar tecnológico y detento el monopolio, no estoy interesado en renovarlo. Si lo renuevo, pierdo la inversión que hice. En cambio, si lo renueva mi competidor, tengo yo también que renovar y decretarles a mis equipos la obsolescencia, así me valga un montón de plata, porque es la única manera de subsistir en el mercado. Este problema del progreso técnico es entonces de una gravedad inaudita, y todavía más en el sector de las telecomunicaciones, que se mueve a velocidades impresionantes.
Entonces, como también lo explicaba el senador Laserna, nadie consigue en la literatura económica alguien que le defienda el monopolio privado. Nadie, porque sería demasiada ignorancia. Lo que sucede entonces es que contra el monopolio se suelen aplicar dos grandes políticas. Una, la regulación. Rompamos el monopolio a punta de regulaciones, dicen los funcionarios, prohibámosle una y otra cosa, forcémoslo a esto, y a punta de regulación obliguémoslo a que el daño a la sociedad sea menor. No ocurre solo en Colombia, sino en todos los países del mundo. Pero cuál es el problema con las regulaciones. Que es bien difícil que los reguladores puedan vencer a los monopolistas. No en vano el señor Carlos Slim, dueño de Comcel, es el ser humano más rico del mundo, cosa que parece antinatural, pues que lo sea un alemán, un francés o un norteamericano, pase, pero ¿un mexicano? Solo se explica de una manera. Que Slim se consiguió el monopolio de las telecomunicaciones en una jugada de esas típicas de la privatización y a partir del proceso extorsivo a los mexicanos, se volvió el ser humano más rico del mundo. Un tipo como Slim se limpia entonces los dientes con los reguladores. El del monopolio es un poder absolutamente descomunal.
En Colombia se declaró a Comcel en posición dominante desde el 2009 y toda la estadística muestra que desde entonces no han perdido un milímetro del control del mercado. Y que si la subasta del 4G se hace mal hecha, como me lo estoy temiendo, Claro-Comcel se va a tomar el resto y vamos a quedar los colombianos en una posición peor que la de México, porque se va a apropiar también la televisión. Para no mencionar otro asunto y es que aquí no es solo el problema de los consumidores. Hay un patrimonio público bien grande, representado en UNE, ETB y Emcali, que puede terminar desapareciendo en este proceso con pérdidas no solo para una u otra persona, sino para toda la sociedad.
Ya está inventado: lo mejor contra el monopolio es que no haya monopolio, que no se deje constituir o que se disuelva, y eso solo se hace estimulando la competencia. Y por eso algunos países hacen ingentes esfuerzos en este sentido, aun cuando con enormes dificultades. Miremos dos ejemplos para probar que cuando el monopolio se rompe, caen los precios a la sociedad. En Canadá, en una subasta de espacio radioeléctrico, lograron que entrara un nuevo operador, apenas con el 5% del mercado, y cayeron los precios 17%. En Colombia, cuando entró Tigo, así fuera parcialmente, hubo una caída de los precios. Es lo mismo que ocurre en el sector de los medicamentos, y por eso se oponen tanto al monopolio las farmacéuticas nacionales. Cada vez que un competidor nuevo entra al mercado, es decir, cuando termina la patente, de por sí un monopolio, los precios de los medicamentos caen entre 22 y 80 por ciento, como lo han demostrado los especialistas. Hay estudios que muestran que con cada competidor que entra el precio cae, y el precio cae, y el precio cae.
¿Debilitar el monopolio o fortalecerlo?
El punto central al que quiero llegar entra ya en los detalles de la subasta. ¿Se va a delimitar o a fortalecer el monopolio? Para entender la disyuntiva hay que precisar un par de hechos técnicos de suma importancia. Las señales del espacio radioeléctrico viajan por dos tipos de avenidas, las bandas de alta velocidad y las de baja velocidad. Cumplen funciones un poco diferentes. ¿Cuál es la situación? Resulta bastante más costoso montar la infraestructura de las bandas de alta velocidad, muy eficaces porque mueven mucho tráfico permiten pasar mucha señal. Digamos entonces que si usted quiere competir en el sector, senador Sánchez, está mejor si tiene al mismo tiempo bandas altas y banda bajas, porque con las altas cubre ciertas zonas de las ciudades, por ejemplo, Bogotá en zonas de empresas, y con las bajas cubre una zona del sur de Bogotá o un área rural o un pueblo. ¿Cuál es el lío que tenemos? Que tanto Comcel como la segunda empresa que le sigue en importancia, aun cuando está lejísimos de Comcel, tienen bandas altas y bajas, mientras que las demás, aún más lejos, solo tienen altas. Por eso es que hay aquí funcionando un cuasimonopolio.
El punto, repito, es si la subasta les va a poner el cascabel a estos gatos. Y entonces aquí surge un primer problema. La subasta, senadores, está diseñada para sacar al concurso tan solo bandas altas. En bandas altas y en un concurso abierto, Comcel sigue por supuesto aumentado su capacidad tecnológica y haciéndose cada vez más fuerte en el mercado. Y si de pronto de chiripa entrara algún menor, algún nuevo operador, pues hay nuevos operadores interesados, o si uno de los viejos quisiera comprar más, definitivamente, estarían metidos en una gran dificultad por carecer de bandas bajas.
Por eso es que con muy buen criterio, la Superintendencia de Industria y Comercio, encargada de vigilar el sector, emitió un documento sobre el cual quiero llamar la atención, porque revisa lo que estaba haciendo el gobierno. El gobierno entonces vacila. Inicialmente dijo que iban a sacar la subasta solo con bandas altas y después que iba a reservar unos pedazos para que no pudieran entrar Comcel ni los operadores viejos y para ver si entraban unos nuevos, intentando propiciar muy tímidamente la competencia. Ahora los estoy viendo como corridos, porque parece que ya no estuvieran avanzando en esa dirección. Pero aun si avanzaran, no se resolvería el problema estructural, porque aquí hay un problema estructural. Con meter un nuevo operador en bandas altas no se nos va a resolver el problema. Y lo que va a suceder por el camino es que Comcel lo acabará reventando. En más, mi tesis es que si el doctor Archila, de Comcel, no ha liquidado a los competidores es porque sería destaparse al ciento por ciento. Porque si resulta que Comcel, en vez de detentar el 80 por ciento del negocio, se quedara con el ciento por ciento, se desataría una protesta general, porque eso no se lo aguanta nadie. Digamos que les está dando pasto, como se dice en el argot de los equipos de futbol.
¿Qué conceptúa la Superintendencia de Industria y Comercio con respecto a los cuatro escenarios que sacó el Ministerio de las TIC? Leo textualmente: “El proceso de asignación de espectro no redunda en un cambio estructural del statu quo, sino que por el contrario podría generar riesgos de mayor concentración en materia de participación de los operadores móviles en el país. Esto resulta preocupante, no solo desde el punto de vista de la competencia, sino que constituye un riego de generar en largo plazo un efecto decreciente en materia de innovación y desarrollo de la adopción de nuevas tecnologías en el sector afectando estructuralmente el objetivo decidido del gobierno nacional de una mayor penetración de estos servicio”. Y finaliza diciendo el doctor De la Calle: “En conclusión (…) el presente estudio señala que los mecanismos propuestos resultan insuficientes para generar un cambio estructural en el mercado y que en los escenarios propuestos podría incluso agudizarse el nivel de concentración del sector”. Él está analizando escenarios en donde ya hay incluso un espacio reservado, de señal radioeléctrica, para que entren nuevos operadores, decisión con la que estoy de acuerdo. Es mejor que haya más operadores que menos. Es bueno que además estén otros. No es lo que está en discusión, sino si la mayor apertura va a ser suficiente o lo único que va a crear es un pequeño oleaje en el sector y al final el tsunami se termina imponiendo.
Conclusiones
En unos de los escenarios probables planteados por el Ministerio de las TIC, el sexto, se excluye a Claro de la subasta. Me inclino por la idea de que se debería excluir a Claro de la subasta. Con lo que han conquistado ya tienen de sobra para competir, lo han dicho ellos mismos, no necesitan más para estar en 4G. ¿Para qué entonces darles más? Simplemente para impedir que otros entren. Simplemente para aumentarles la competitividad y permitirles arrinconar del todo a quienes se arriesguen a entrar en la competencia.
Primera medida: que no esté Claro en la subasta. Que opere con lo que tiene y está demostrado que puede hacerlo y competir de sobra. Es más, el Estado colombiano tendría que seguir dictando medidas para controlarlo o si no, acaba al resto.
Segunda medida: que se subasten bandas bajas. Es decir, a los nuevos operadores o a los operadores viejos, los llamados incumbentes, no sé de dónde sacaron esa palabreja, les tienen que dar bandas bajas. Porque si no, no pueden competir. Nadie puede competir con una mano entre el bolsillo y no es posible competir sin bandas bajas, por un fenómeno de costos fácil de entender. La operación es muy costosa solo con bandas altas y se cubren a pérdida mercados relativamente pequeños.
Surge entonces la pregunta: ¿se puede excluir a Claro? Es una discusión jurídica. El presidente de Claro, una persona fiel a su empresa, ha dicho que no se puede. Dice: “No es viable. La libre competencia es el precepto sobre el cual se desarrolló la industria”. Lamento tener que contradecirlo. No es cierto. Nunca ha habido libre competencia en el sector. No la ha habido porque el espectro es del Estado y porque es limitado. Es uno de esos sectores que en economía se conocen como mercados administrados, donde el gobierno administra a punta de regulación para lograr el propósito que persigue, sea uno u otro.
No los voy a leer en detalle, pero creo que los artículos 333 y 75 de la Constitución Política permiten intervenir el sector con toda la fuerza hasta el punto de establecer que Claro no vaya a la subasta. Y creo que de la ley 1341 se puede concluir lo mismo.
A quienes no son muy cercanos a los detalles de los asuntos económicos les podrá parecer que en el mundo del libre comercio y el capitalismo no son posibles los controles antimonopólicos. Pero se equivocan. La historia del capitalismo es la historia de la intervención del Estado en la economía. Sin Estado no habría economía capitalista, ni ahora ni hace doscientos años. Y la historia es la de la corrección del monopolio. Que las normas hayan fracasado y se haya impuesto el monopolio es otra discusión, pero están presentes. En Estados Unidos, la Ley Sherman, que citó el senador Laserna, es de 1890. La norma disolvió un monopolio en los ferrocarriles. Otras leyes disolvieron la Standard Oil Company y después las Bell. No son cosas del otro mundo. Han estado presentes en la economía, aun en Colombia, donde nadie puede detentar más del 25% de la generación eléctrica. Lo dice la norma y punto. Nadie puede comprar el 40, solo el 25. En Venezuela ocurre lo mismo. En Cataluña, lo encontraron mis asistentes, hay cuotas máximas hasta para hipermercados. A los empresarios no se les permite tener más de un determinado porcentaje de las ventas y del área de superficie comercial.
Algunos casos recientes de intervenciones en el negocio de las comunicaciones. Chile, 2009, le puso un tope al espectro que excluyó de la subasta a los incumbentes, o sea, a los viejos, y entraron dos nuevos mediante una norma. Alemania, Irlanda, España, Reino Unido, fijaron topes y pisos para que los operadores balanceen la tenencia del espectro. Perú y Francia, topes para bloquear a operadores que ya tienen bandas bajas para que otros accedan. En Argentina, cuando una empresa grande estaba haciendo una fusión con otra también grande, el gobierno le permitió hacerla, pero devolviendo antes el espectro de unas determinadas bandas, que les fueron adjudicadas a otros para promover la competencia. En fin, no es que estemos inventando la bicicleta. Simplemente estamos tomando una información que existe y trabajando con ella.
Ahora bien, ya dije que excluir a Claro-Comcel de la subasta no la saca del negocio. Seguirá siendo un formidable competidor y si no se toman nuevas medidas, es capaz ella sola de liquidar a todos los demás operadores, porque su chequera es demasiado poderosa, su poder de mercado muy grande, el número de usuarios inmenso, etc. Y esto lo enfatizo porque voy a insistir en una propuesta que estamos haciendo.
Me uno a quienes se quejan porque el Ministerio está sacando la subasta sin tener un estudio macro, estratégico. Y es que lo primero que el Estado debe aclarar es si va a promover el monopolio o, por el contrario, está resuelto a promover la competencia. Y tiene que mirarlo en un periodo largo. Es decir, una vez esté entregado el ciento por ciento del espectro, qué va a suceder. Y las subastas y los movimientos que se hagan deberán acompasarse con esa política. Como no hay estudio macro, esta subasta es la de la veleta, porque dependiendo del ruido y las presiones que se hagan, el Ministerio se mueve en uno u otro sentido. El estudio debiera ser un prerrequisito de la subasta.
Entonces, segundo, sacar a Claro-Comcel de la subasta y no permitirle estar. Tercero, hacer las reservas que sean necesarias para que puedan entrar nuevos operadores. Cuarto, la subasta debe ser con bandas altas y, particularmente, con bandas bajas para que los viejos que no tengan bandas bajas puedan operar. Técnicamente, es posible.
Lo último es que así hagamos la subasta de la mejor manera, el monopolio va a seguir vivito y coleando. Porque además, digámoslo con claridad, el monopolio de Slim presenta una faceta tremendamente agresiva. Eso de que se hayan atrevido a amenazar con una acusación penal a los reguladores es inaudito. ¿En qué país estamos? ¿Aquí va a determinar Claro-Comcel que son delincuentes quienes tienen el deber de controlarlo? ¿Y un extranjero puede venir a hacer eso a Colombia? ¿Van a meter a la cárcel a nuestros funcionarios porque se atreven a ponerle un cascabelito al gatote? Inaudito.
Les formulamos entonces una invitación a todas las bancadas para que nos sentemos a pensar con toda seriedad una ley que resuelva este problema, ley que debe empezar por señalar un tope, por ejemplo, nadie puede detentar más de 20 ó 25 por ciento del negocio, lo que nos va a asegurar que haya cuatro o cinco con fuerza y moviéndose allí, como nos interesa a todos. Es perfectamente factible, cabe dentro de la Constitución Nacional, es un problema de voluntad política. En estos días en que el Congreso de la República ha sufrido tanto desgaste, sería un bonito logro para presentarles a los colombianos, mis estimados colegas, que saliéramos las bancadas unidas resueltas a redactar una ley antimonopolio para este caso específico de las comunicaciones inalámbricas. Colombia necesita una ley en la que se impongan ciertas normas para que las telecomunicaciones no sigan siendo un pleito imposible entre un señor todopoderoso, con todo su peso, contra unos reguladores absolutamente enclenques, y lo digo con respeto por esos reguladores, sino que va a ser la nación como un todo la que en una ley va a fijar las reglas del juego.
Creo que esto sería, primero, de gran beneficio económico y social para el país. Pero, además, pienso que políticamente mandaría una señal y es que sí sería posible coincidir sobre asuntos importantes. Que es lo que al final explica por qué con el senador Juan Mario Laserna y con el representante Barguil podemos estar coincidiendo en este tipo de cosas, el doctor Eugenio Prieto también, aun cuando en otros temas podamos mantener las diferencias.
Video (27:45): http://bit.ly/RD5P2U
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