DE la misma manera que no firmo cartas, declaraciones ni documentos colectivos a favor o en contra de alguien, tampoco pertenezco a ningún partido político porque soy demócrata integral y, a la hora de votar, voto por programas e ideas, nunca por políticos. Y, como buen romántico, además, prefiero apoyar las minorías, que son las que en última instancia juegan el rol estelar en la defensa de los verdaderos intereses de la comunidad. Un país sin minorías combativas, ideológicamente vertebradas y socialmente organizadas bajo postulados de justicia, libertad y democracia, es un rebaño como el que ha creado el ganadero de El Ubérrimo. Tristemente, esas mayorías son las que, a costa de su propio bienestar y futuro, permiten la irrupción y sostenimiento de personajes funestos que lo primero que hacen es violar la Constitución para beneficio propio y de sus avariciosos alabarderos.
Por todo lo anterior simpatizo con el Polo Democrático, especialmente con líderes como Carlos Gaviria y el senador Jorge Robledo. Antes también me gustaba Petro, pero tras su inexplicable y contradictorio voto por el actual Procurador me desencantó como a tantos otros, pese a seguirle reconociendo el coraje y la necesidad de sus denuncias. Ese voto afectó el prestigio del Polo y ahora, por carambola, también está afectando al senador Robledo, autor de las más graves denuncias contra los desórdenes morales y administrativos de este régimen ilegítimo y tramposo.
Su acción denunciadora, constitucionalmente válida y democráticamente terapéutica, debemos agradecerla los ciudadanos de bien que censuramos, entre otras cosas, que el mal llamado ministro de Justicia siga representando al país sin que le cause rubor el hecho de tener un hermano encarcelado bajo imputaciones tan graves como haberle entregado la Fiscalía paisa a las peores mafias del país.
El senador Robledo tiene razón cuando dice: “Me están cobrando mi frontal oposición a las políticas del gobierno, más los debates, entre otros, contra los TLC en el país y en el exterior, el tapen tapen presidencial para proteger a los parauribistas, la inmoralidad del ministro de Justicia, los negocios de los hijos del Presidente y el propósito de convertir a Colombia en una tiranía. Además, intentan silenciarme, al igual que amilanar al Polo”.
El Procurador de Petro ha resultado muy “eficiente” exonerando ministros cohechadores y abriéndole investigación a la persona menos apta para ser vinculada con las Farc.
Por lo visto, el dichoso computador de Reyes, que milagrosamente fue lo único que resultó intacto en un bombardeo implacable, seguirá sirviendo de pretexto a los “chuzadores” para enredar a cuantos no comulgan con las ruedas de molino del oficialismo. Después de tantísimos delitos impunes, resulta estúpido creer que no van a seguir manipulando ese artefacto con los protervos fines de siempre.
Broche
Desesperado, don Fabito busca revivir la figura de la inmunidad parlamentaria (o impunidad, sin eufemismos) para salvar la bancada parapolítica. Pero, ¿qué más se puede esperar de un Gobierno que irrespeta de continuo la moral?
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