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Las consecuencias en Colombia: Las “mieles del neoliberalismo

Helena Villamizar García-Herreros, El Nuevo siglo, Bogotá, diciembre 13 de 2009

Que el neoliberalismo trajo grandes beneficios es indudable; sobretodo para los nuevos dueños de las privatizaciones, sus agentes, asesores y eminentes subvaluadores del patrimonio público, y en general para el capital financiero. Las evidencias son elocuentes: Carlos Slim convertido en el hombre más rico del mundo a partir de la explosión de su fortuna por la compra de empresas públicas; ingentes ganancias para los nuevos dueños de las electrificadoras en Colombia; exorbitante incremento de la fortuna de los compradores del Cerrejón, pues a menos de dos años de efectuada la compra, Glencore, parte del consorcio comprador vendió una quinta parte de su adquisición por tres veces el valor total que había pagado por su participación (33%) en los derechos sobre el puerto, ferrocarril y las reservas de esta mina. Estos son tan solo unos ejemplos de las mieles de la doctrina del libre mercado y el rechazo a la intervención del Estado, y por supuesto la imposición de las privatizaciones. El caso del Cerrejón no es el único donde ocurren fabulosas y repentinas valorizaciones del patrimonio público vendido a grandes multinacionales. El comportamiento del sector financiero también es emblemático bajo el paradigma neoliberal; aún en épocas de crisis continuó acumulando exorbitantes beneficios: $ 7,5 billones a octubre pasado, superando en 2 billones (36%) las de igual período del 2008. Agudo contraste con la suerte de la industria, cuya caída no es ajena a los lucrativos intereses del sector financiero.

Pero las mieles del progreso y la fortuna no se derramaron sobre la población como predicaba el credo neoliberal; contrariamente la pobreza y la indigencia aumentaron en América Latina entre 1990-2002. “Hoy, la región continúa enfrentando el desafío de la pobreza y la gran desigualdad social y económica, y la política social no ha sido capaz de hacer frente a las demandas de protección.” dice la CEPAL. Sólo entre 2002-2008, período de la expansión económica más prolongada desde los 70, gracias en buena medida a los precios de las exportaciones y el crecimiento mundial, la pobreza y la indigencia se redujeron en la región. Colombia en este contexto fue una de las naciones con peor comportamiento, subcampeona en desigualdades. En efecto, esta nación ocupó el segundo lugar en la participación del 10% más rico de la población en el ingreso total, (41,1%), superada tan solo por Brasil y lejos del promedio latinoamericano de 34%. Igual sucede con la fracción del ingreso que va al 70% mas pobre de la población; su baja participación, 33,5%, fue inferior sólo en Brasil. Pero a diferencia de este último y de casi todos los países latinoamericanos que redujeron la desigualdad, Colombia formó parte del trío de países, -con Guatemala y la República Dominicana-, que según la CEPAL, aumentaron la concentración del ingreso después del 2002. Su coeficiente de Gini pasó de 56.9 a 58,4 entre 2002-2005 frente a una reducción promedio de 5% en América Latina. Y con relación al diferencial entre el quintíl más rico y el más pobre, igualmente Colombia presenta la mayor desigualdad con excepción de Honduras. 1/ No podía ser de otra manera dada la especial predilección gubernamental de favorecer a los más poderosos. No es gratuito que la indigencia haya crecido en 2,7% entre 2005 y 2008 en Colombia, mientras la participación en el ingreso del 10% más rico aumentaba de 38,8% al 41,1% entre 2002-2005 1/.

Parte del deterioro distributivo por supuesto radica en la concentración de los activos y entre ellos de la tierra, cuya concentración y el desplazamiento por grupos armados han aumentado. La mayor desigualdad igualmente se deriva de la evolución de los salarios. La realidad desmiente la prédica de que éstos aumentaron mucho en Colombia. En realidad, entre los factores que explican la reducción de la pobreza examinados por la CEPAL, los sueldos y salarios en Colombia registran la menor variación anual en hogares pobres la mayoría entre 1990 y 2008, después de Uruguay y Paraguay en Latinoamérica .1/ Un tema para la reflexión del mísero aumento que se proyecta en el salario mínimo, y que contraría la tesis según la cual los salarios serían causantes de desempleo en Colombia. La ostensible caída de la participación de sueldos y salarios y rentas de trabajo en más de seis puntos del PIB (de 61,9% en 2002 a 55,5% en 2007), bajo el mandato Uribe, se opone igualmente a dicha argumentación. La revaluación, claro síntoma de favoritismo con el capital financiero es en cambio una de las raíces del desempleo.

Las consecuencias distributivas del neoliberalismo son inocultables para América Latina. En Colombia dichos resultados fueron exacerbados por una ética oficial que legitimó favorecer hasta límites inconcebibles a los más ricos y poderosos, mientras aplicaba políticas regresivas de reformas laborales, y mayor IVA afectando a los más pobres. La evolución de Colombia en el concierto latinoamericano es vergonzosa; respecto a la meta del milenio de reducción de la pobreza, es el país latinoamericano con menor reducción de la pobreza extrema entre 1990 y 2008; y respecto a la pobreza total tan sólo es superado en su deshonroso lugar por Honduras, Bolivia y Paraguay.1/ ¡Que agudo contraste con el rápido enriquecimiento de los hijos del presidente o de los beneficiarios de Agro Ingreso Seguro y de tantas otras políticas diseñadas bajo un mandato que al tiempo que enriquece a sus amigos y donantes se empeña en desconocer el conflicto interno y la injusticia social que lo alimenta!

Y en lugar de reformar las políticas que llevaron al fracaso rotundo del modelo como quedó demostrado en la reciente crisis, se refuerzan sus postulados planteando mezquinos aumentos salariales, como si en estos estuviese la génesis de la crisis o en su reducción el remedio. Se olvida el hecho elemental que nos tuvo que recordar recientemente el profesor Nouriel Roubini de la Universidad de New York, que la crisis es caída de la demanda, la cual se agudiza con bajos salarios y con el abandono del mercado interno.

1/ CEPAL, Panorama social de América Latina 2009.

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