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Las protestas se desatan en Estados Unidos

Juan Pablo Arango P., Bogotá, octubre 15 de 2011

Después de las manifestaciones en el Medio Oriente y en Argelia, Túnez, Egipto, las cuales derrocaron a los sátrapas que durante décadas esquilmaron a sus poblaciones, negándoles la democracia y sometiéndolas al dominio estadounidense y de otras potencias; después del M-15 en España y de los movimientos masivos emprendidos por los griegos, ingleses, irlandeses, etc., contra las medidas neoliberales impuestas por sus gobiernos y las agencias financieras internacionales en el vano esfuerzo por escapar de un recrudecimiento de la crisis financiera internacional a costa de agravar los padecimientos de sus gentes; después de las gigantescas manifestaciones que los estudiantes chilenos y colombianos han realizado para defender la educación como un derecho y oponerse a la comercialización que el neoliberalismo quiere imponer a las instituciones educativas, ahora los estadounidenses empiezan a engrosar la protesta mundial contra los desafueros del sector financiero y de los gobiernos que lo privilegian.

Un movimiento contra los abusos del sector financiero

Las protestas englobadas en el movimiento “Ocupa Wall Street” comenzaron el 17 de septiembre de 2011 y han mantenido ocupado el neoyorkino Parque Zuccotti de Manhattan, rebautizado Plaza de la Libertad en honor de la ocupación de la Plaza Tahrir (Liberación) en Egipto.

El primer día se concentraron aproximadamente mil personas e inmediatamente la policía procedió a azuzarlas, prohibiéndoles desplegar tiendas de campaña. Ello motivó a los participantes a concentrarse en el Parque Zuccotti, en pleno corazón del distrito financiero de Manhattan, donde pronto alcanzó magnitudes multitudinarias. Paralelamente y con el mismo acicate de manifestar su rechazo a la voracidad financiera y las políticas gubernamentales causantes de la crisis económica que –entre otras desgracias– tiene sumida a la población en un desempleo cercano al 10% y ha llevado a una pérdida masiva de viviendas, se convocaron mítines en otras ciudades. El 27 de septiembre hubo protestas en 52 urbes, entre ellas Boston, San Francisco, Los Ángeles, Portland y Chicago, y desde entonces han seguido extendiéndose en diversas ciudades.

Aunque el movimiento carece de líderes, inicialmente fue organizado por la revista Adbusters. Después de la debacle económica de 2008-2011, la Adbusters Media Foundation, más conocida por sus anuncios anticonsumistas en la revista Adbusters, propuso ocupar pacíficamente Wall Street para protestar contra la crisis financiera global. Micah White, editor de la revista, declaró que “básicamente lanzamos la idea a mediados de julio en nuestro correo electrónico y luego fue asumida espontáneamente por todos los pueblos del mundo. A partir de allí ha crecido como una bola de nieve.”

El sindicalismo se involucra

El sindicalismo venía alicaído desde las protestas de 1999 en Seattle contra la Organización Mundial del Comercio (OMC), las cuales reunieron a decenas de miles de sindicalistas. Pero en febrero de 2003, antes de que la Casa Blanca iniciase su invasión, comenzó a reactivarse con la campaña antiguerra de Irak lanzada por la USLAW (US Labor Against the War), coalición de sindicatos que representan a varios millones de afiliados. Asimismo, desde que en abril de 2008 George W. Bush radicó en el Parlamento el TLC entre Colombia y EEUU, los sindicatos estadounidenses emprendieron una fuerte cruzada para respaldar el rechazo de sus congéneres colombianos al tratado, siendo de esperarse que actualmente cobre más ímpetu con su aprobación por el Congreso norteamericano. Y a finales de 2010 estalló la sublevación en Wisconsin contra la ley antisindical del gobernador republicano Scott Walker, y las de Ohio e Indiana motivadas por leyes similares.

Ahora, entre los múltiples y heterogéneos sectores participantes en el movimiento nacional acicateado por “Ocupa Wall Street”, descuellan los principales sindicatos estadounidenses. Se han hecho presentes las gigantes filiales neoyorquinas del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU, por sus siglas en inglés) y los sindicatos nacionales Acereros Unidos y Unión Nacional de Enfermeras, siendo el primero en engrosar la protesta el Local 100 de los Trabajadores del Transporte de Nueva York, que representa a unos 30.000 trabajadores de los buses y el metro.

No obstante, la participación del movimiento laboral no se limita a la ciudad de Nueva York. También incluye, por ejemplo, en Los Ángeles a los integrantes de base de los Maestros Unidos, en San Francisco a los miembros del SEIU Local 1021, en Boston a la Asociación de Enfermeros y en Chicago al Sindicato de Maestros, los maestros y la SEIU.

Wall Street: epicentro histórico de rechazo estadounidense

Karl Marx ya había descrito a la cúpula financiera como el “Vaticano del capitalismo”. Después de escabullirse por más de medio siglo de dicha descripción condenatoria, Wall Street vuelve a ser uno de los íconos preferidos de repudio estadounidense, cual lo fue durante buena parte de la historia norteamericana.

Durante los años que siguieron a la independencia, los demócratas jeffersonianos se mostraron preocupados por la instalación del capitalismo mercantilista británico que se interpondría a la promesa democrática e igualitaria de la revolución. En 1802 Thomas Jefferson expresaba así este temor: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron.”

Cuando Andrew Jackson arremetió contra renovarle el poder de emisión monetaria y banco central al Segundo Banco de EEUU, conocido como el “Banco Monstruo”, en las elecciones presidenciales que ganó en 1832, se oponía a lo que consideraba la monopolización sistemática de los recursos financieros por parte de una privilegiada élite política.

Recién transcurrida la Guerra Civil, los partidos políticos Farmer-Labor y Greenback se alejaron del bipartidismo, determinados a movilizarse independientemente contra el dominio ejercido sobre el crédito por los grandes bancos del este.

En el siglo XIX los populistas denunciaron el arrogante poder del “escualo diabólico” de Wall Street, refiriéndose a la metáfora de Matt Taibbi sobre un “calamar vampiro gigante”. Sus tentáculos, insistían, no sólo abrazaban a toda la economía, sino que también corrompían a las iglesias, la prensa y las instituciones educativas, destruían la familia y sobornaban a los funcionarios públicos desde el presidente hacia abajo. Cuando, durante su campaña presidencial de 1896, el candidato demócrata de inspiración populista William Jennings Bryan juró que la humanidad no sería “crucificada en una cruz dorada”, se refería a Wall Street y todo el mundo lo sabía.

En el entrecruce de siglos, el movimiento anticorporativo cautivó la imaginación de pequeños empresarios, consumidores y trabajadores a través de Norteamérica. El conglomerado que más atacaron fue el “del Dinero”. Encabezado por J.P. Morgan, la “Gorgona financiera”, el Conglomerado del Dinero fue denunciado ante la justicia por el futuro magistrado de la Corte Suprema Louis Brandeis, sometido a investigaciones parlamentarias y dibujado por los periodistas y caricaturistas como una cábala de visigodos con múltiples cabezas de muerte.

A comienzos del siglo XX, los reformadores progresistas de las legislaturas regionales, los socialistas en las ciudades y en el campo, los huelguistas de costa a costa, las feministas, los activistas antibélicos y muchos más todavía condenaban vigorosamente al mismo Conglomerado del Dinero por convertir todo el país en un sistema controlado férreamente por el pillaje financiero, la explotación laboral y las aventuras imperialistas allende fronteras. Como estos movimientos aclaraban, todos estaban sufriendo las consecuencias de un sistema de abusos proliferantes perpetrados por Wall Street.

Desde décadas antes a la Edad de Oro de finales del siglo XIX y hasta la Gran Depresión, Wall Street fue recurrentemente el blanco de una ciudadanía indignada que se oponía a los monopolios, integrada por una mezcla políglota de personas de clase media, pequeños empresarios arruinados, campesinos, arrendatarios y apareceros desposeídos, trabajadores desempleados y muchos otros. A ellos se aunó Eugene V. Debs, quien lideró la formación del Sindicato Ferroviario Americano y en 1901 del Partido Socialista de EEUU, siendo conocido como el socialista que ha obtenido la mayor votación en las elecciones presidenciales norteamericanas, alcanzando 915.000 votos en 1920, el 6% de los sufragios.

Los eslóganes de la protesta

La Declaración de principios de la ocupación de la ciudad de Nueva York, publicada al inicio del movimiento, es un documento que a pesar de haber sido criticado por diversas razones –entre ellas su falta de propuestas concretas para solucionar la crisis– contiene valerosas denuncias, del siguiente tenor:

“En estos momentos en los que nos reunimos solidariamente para expresar un sentimiento de injusticia generalizada, no debemos perder de vista lo que nos ha unido. Escribimos estas palabras para que todos aquellos que se sientan agraviados por los poderes corporativos del mundo sepan que nosotros también estamos a su lado.

(…) No es posible una democracia real, cuando el proceso depende de los poderes económicos. Apelamos a ustedes en un momento en el que las corporaciones, que ponen por encima del beneficio a las personas sus propios intereses y la opresión a la igualdad, son las que manejan nuestros gobiernos.

Las corporaciones… han perpetuado el colonialismo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Han participado en actos de tortura y en el asesinato de civiles inocentes en el extranjero. [Este punto aparece al final de la relación de denuncias, pero lo subimos dada su importancia internacional.]

Han tratado constantemente de despojar a sus empleados de sus derechos a la hora de negociar un aumento de sueldo o unas condiciones laborales más seguras…

Han esclavizado a los estudiantes con decenas de miles de dólares en deudas para recibir una educación que es, en sí misma, un derecho fundamental de los seres humanos…

Son las que establecen las políticas económicas, a pesar de los fracasos catastróficos que dichas políticas han producido y continúan produciendo…”

Que estas palabras del famoso cineasta Michael Moore nos sirvan de epílogo: “De los ocho millones de habitantes que Nueva York tiene, un millón vive en la pobreza. Es una vergüenza… Que en vez que las 400 personas más ricas de este país tengan más riqueza, seamos todos juntos los que estemos mejor... ¡Las 400 personas más ricas de este país, son más ricas que todos juntos! Eso no puede llamarse democracia… Nosotros somos muchos más que ellos. Sólo depende de nosotros.”

O cual dice uno de los principales eslóganes del movimiento Ocupa Wall Street: “Somos el 99%”.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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