Inicio > Prensa > Revista de Prensa > Las relaciones Rusia-Europa: La cancelación del proyecto estratégico del gasoducto “South (...)

Las relaciones Rusia-Europa: La cancelación del proyecto estratégico del gasoducto “South Stream”

Alexander Mercouris, Information Clearing House, diciembre 3 de 2014

Traducción de José Fernando Ocampo T.

La reacción por la cancelación del proyecto “Sound Stream” ha sido una sorpresa que requiere considerarse y necesita ser clarificada con mucho cuidado.

Para entender lo que ha sucedido, hay que ir primero a la forma como se han desarrollado las relaciones de Rusia con Europa en los años noventa.

Brevemente, en ese momento se consideraba que Rusia se convertiría en el gran proveedor de energía y materias primas de Europa. Era el período de la gran “urgencia de gas”, en momentos en que los europeos suspiraban por ofertas rusas ilimitadas y sin fin. Se trataba del aumento del papel jugado por el gas ruso en la energía europea que hacía posible la sustitución de la industria carbonífera y la eliminación de las emisiones de carbón, así como de la posibilidad de que todos los demás hicieran lo mismo.

Sin embargo, los europeos no se imaginaron que empresas estatales de Rusia serían las que los iban a abastecer de energía. En cambio, siempre supusieron que esta energía sería extraída por las compañías occidentales para su beneficio. Esto es lo que sucede en la gran parte del mundo desarrollado. Es lo que la Unión Europea llama “seguridad energética”—un eufemismo para la extracción de energía por sus propias compañías en otros países, pero bajo su control.

Nunca sucedió así. Aunque la industria petrolera rusa fue privatizada, permaneció en manos de los rusos. Después de que Putin llegó al poder en 2000, se reversó la tendencia a la privatización de la industria petrolera. Una de las principales razones de la angustia occidental por la prisión de Kodorkosky y el cierre de Yukos, así como por la transferencia de sus acciones a la compañía estatal Rosneft, fue precisamente porque reversó el proceso de privatización de la industria petrolera.

En la industria del gas, el proceso de privatización nunca se inició. La exportación de gas siguió siendo controlada por Gazprom, sobre la base de mantenerse como monopolio estatal exportador de gas. Desde la llegada al poder de Putin, la posición de Gazprom como un monopolio estatal ruso ha estado completamente seguro.

En gran medida, la furia de los occidentales con Putin se puede explicar debido al resentimiento de los europeos y occidentales por el rechazo del gobierno ruso de acabar con sus monopolios energéticos y de “abrir” la industria energética rusa al beneficio de las compañías occidentales. Muchas de las argumentaciones rutinarias de corrupción contra Putin lo que intentan es insinuar que se opone a la “apertura” de la energía rusa y a la privatiización de Gazprom y Rosneft debido a que él tiene intereses personales en ellos (en el caso de Gazprom, es ahora su propietario). Si uno examina en detalle los argumentos específicos de corrupción contra Putin (como lo he hecho aquí) esto rápidamente queda claro.

Su propósito de obligar a Rusia a privatizar y desintegrar sus monopolios energéticos, nunca ha desparecido. Esta es la razón de que Gazprom, no obstante el servicio vital y serio que les presta, está siento criticado por los occidentales. Cuando los occidentales se quejan de la dependencia energética europea de Rusia, lo que expresan es su resentimiento de tener que comprar su gas a una única compañía rusa estatal (Gazprom), distinta de sus compañías occidentales que operan en Rusia.

Este resentimiento existe simultáneamente con una creencia muy arraigada en Europa, la de que Rusia es dependiente de Europa como un cliente de su gas y como un proveedor de finanzas y tecnología.

Esta combinación de resentimiento y exceso de confianza, es lo que yace detrás de los intentos repetidos de Europa de legislar en Europa sobre cuestiones energéticas, de tal manera que obliguen a Rusia a “abrir” su industria energética.

El primer intento fue la llamada Carta Energética, firmada por Rusia pero en últimas no ratificada por ella. El último intento de la Unión Europea es el denominado Tercer Paquete de Energía.

Este se presenta como un desarrollo de la ley antimonopolio. En realidad, como todo el mundo sabe, se dirige contra Gasprom, que es un monopolio, aunque obviamente, no europeo.

Este es el trasfondo del conflicto sobre el gasoducto “South Stream”. Las autoridades de la Unión Europea han insistido en que “South Stream” debe ajustarse al Tercer Paquete de Energía, aunque este hubiera existido solamente después de que se hubieran ya alcanzado acuerdos en borrador sobre “South Stream”.

El acatamiento del Tercer Paquete de Energía hubiera significado que, aunque Gazprom proporcionara el gas, no podría ni adueñarse ni controlar el gasoducto que condujera el gas.

Si Gazprom hubiera aceptado esto, hubiera reconocido la autoridad de la Unión Europea sobre sus operaciones. En tal caso hubiera tenido que encarar más solicitudes de cambios adicionales en sus métodos operativos. En últimas, le hubieran exigido cambios en la estructura de la industria energética de la misma Rusia.

Lo que realmente ha sucedido es que los rusos han dicho que no. En vez de desarrollar el proyecto aceptando las solicitudes europeas, que era lo que los europeos esperaban, los rusos, en cambio, con el asombro de todos, se han salido del proyecto.

Esta decisión fue completamente inesperada. Mientras escribo esto, el ambiente está lleno de quejas de los europeos orientales de que esta decisión no les fue consultada previamente. Algunos políticos del Este de Europa (especialmente de Bulgaria) se aferran desesperadamente a la idea de que el anuncio de los rusos es una bravuconada (que no lo es) y que el proyecto todavía puede salvarse. Puesto que los europeos se aferran a la creencia de que los rusos no tienen otra alternativa como cliente que es, no pudieron anticiparse y no pueden ahora explicar esta decisión.

Aquí resulta importante explicar por qué “South Stream” es importante para los países del sureste europeo y para la economía europea como un todo.

Todas las economías del sureste europeo se encuentran en mal estado. Para estos países, “South Stream” era una inversión y un proyecto de infraestructura vitales que aseguraba su futuro energético. Más aún, los aranceles que prometía pagar por el tránsito de gas hacia otros países hubieran significado una ganancia en moneda extranjera.

Para la Unión Europea el punto esencial es que depende del gas ruso. Se ha hablado mucho en Europa sobre la búsqueda de alternativas. Para ponerlo en términos benignos, el progreso en esta dirección ha sido mínimo. Simplemente suministros alternativos no existen en la cantidad necesaria para reemplazar el gas que Europa recibe de Rusia.

Se han adelantado conversaciones atrevidas sobre el abastecimiento de gas natural líquido desde Estados Unidos para reemplazar el gas de los gasoductos provenientes de Rusia. No solamente el gas de Estados Unidos es mucho más caro que el gas de los gasoductos rusos, lo que golpearía al consumidor europeo muy duro y heriría la competitividad europea. Es improbable que estuviera disponible en la cantidad necesaria. Al margen de los dañinos efectos de la caída reciente del precio del petróleo sobre la industria estadounidense del esquisto, como un voraz consumidor de energía, Estados Unidos consumirá más de la energía o toda ella con el esquisto que produce. Es improbable que se encuentre en la posición de exportar mucho hacia Europa. De todas maneras, la infraestructura para hacerlo no existe, y es muy poco probable que alguna vez exista.

Otras fuentes posibles de gas son problemáticas, por decir lo menos. Lo es la producción del Mar del Norte. La importación de gas del norte de África y del Golfo Pérsico es improbable, si es que es posible en la cantidad necesaria. El gas de Irán no está disponible por razones políticas. Aunque eventualmente pudiera cambiar, la probabilidad real es que los iraníes (como los rusos) decidan dirigir su flujo de energía hacia oriente, hacia India y China, en lugar de dirigirlo hacia Europa.

Por razones obvias de geografía, Rusia es la fuente lógica y económica del gas para Europa. Todas las otras alternativas surgen sobre la base de costos económicos y políticos que las hacen, en últimas, no atractivas.

Las dificultades que tiene la Unión Europea de encontrar fuentes alternativas de gas, fueron expuestas de manera cruel por la debacle del llamado oleoducto Nabucco para traer gas a Europa desde el Cáucaso y el Asia Central. Aunque se ha hablado sobre el asunto por años, nunca empezó a funcionar porque nunca tuvo sentido económico alguno.

Sin embargo, a pesar de las conversaciones europeas para diversificar su suministro, es Rusia la que realmente está impidiendo las alternativas.

Rusia ha sellado un acuerdo clave con Irán para intercambiar petróleo iraní por bienes industriales rusos. Rusia también ha acordado invertir fuertemente en la industria nuclear iraní. Si las sanciones sobre Irán se levantan y cuando eso suceda, los europeos van a encontrar que los rusos ya están allí. Rusia ya ha hecho un acuerdo para abastecer masivamente a Turquía de gas. Pero eclipsando todos estos acuerdos, están los que Rusia ha hecho este año para abastecer de gas a China.

Los recursos energéticos de Rusia son enormes pero no son infinitos. El segundo acuerdo con China y el que se acaba de hacer con Turquía, dirigen hacia estos dos países el gas que había estado reservado para Europa. Los volúmenes de gas reservados para el acuerdo con Turquía casi son exactamente los que antes estaban destinados para el “South Stream”. El acuerdo con Turquía reemplaza el de “South Stream”.

Estos tratados demuestran que Rusia ha tomado decisiones estratégicas este año para reorientar el flujo de energía lejos de Europa. Si bien tomará tiempo para que todo su efecto quede bien claro, sus consecuencias para Europa son sombrías. Europa está afrontando una escasez seria de energía, la cual solamente podrá superarse comprando energía a precios mucho más altos.

Los acuerdos de Rusia con China y Turquía han sido criticados o aún ridiculizados, porque los precios que le pagan por su gas son más bajos que los que le paga Europa.

La diferencia actual del precio no es tan grande como se plantea. En todo caso, estas críticas no tienen en cuenta que el precio es solamente una parte de una relación de negocios.

Al reorientar el gas hacia China, Rusia lo que hace es cimentar unos lazos económicos con el país que considera ahora un aliado clave estratégico y la economía más grande y de más rápido crecimiento económico. Y haciéndolo hacia Turquía, Rusia consolida una relación de rápido crecimiento con Turquía de la que es ahora el mayor socio comercial.

Turquía es un aliado potencial clave para Rusia, con la que consolida la posición en el Cáucaso y el Mar Negro. Es un país de 76 millones de habitantes con una economía de un billón y medio de dólares de crecimiento, de la que en este momento es su mayor socio comercial.

Alejando el gas de Europa, Rusia abandona un mercado para su gas económicamente estancado e irremediablemente hostil (como lo demuestran los sucesos de este año). Nadie debe sorprenderse de que Rusia haya renunciado a una relación de cuyo socio recibe una fuente sin fin de amenazas y abusos, combinada con consejos moralizantes, intromisiones políticas y ahora sanciones. Ninguna relación, ningún negocio o algo distinto, puede funcionar de esa manera y la de Rusia con Europa no es una excepción.

No he mencionado a Ucrania porque, en mi opinión, poco tiene que ver con este problema.

“South Stream” fue concebida debido al abuso continuo de Ucrania por su posición como un Estado de tránsito—algo que posiblemente continúe. Es importante señalar que este hecho era conocido tanto en Europa como en Rusia. Fue por el abuso de su posición por Ucrania como Estado de tránsito que planeó el proyecto “South Stream”, endorsado a regañadientes por la Unión Europea. Básicamente, la Unión Europea necesitaba eludir a Ucrania para asegurar su aprovisionamiento de energía mucho más cuando Rusia buscaba una ruta por fuera de Ucrania.

Los amigos de Ucrania en Washington y Bruselas nunca han estado contentos con esto, y constantemente han estado negociando contra “South Stream”.

El punto es que Rusia era la que impulsaba el proyecto “South Stream” cuando no tenía la opción de continuarlo aceptando las condiciones europeas. En otras palabras, los rusos consideraban el problema planteado por Ucrania en su condición de estado de tránsito como un mal menor, en comparación con las condiciones que la Unión Europea le estaba colocando a “South Stream”.

La construcción del proyecto “South Stream” tomaría años y su cancelación no guarda relación con la actual crisis ucraniana. Los rusos decidieron que podrían cancelarlo porque han decidido que el futuro de Rusia está en venderle su energía a China y Turquía y a otros estados en Asia (están pendientes más negociaciones con Corea y Japón sobre el gas y posiblemente con Pakistán e India) y no a Europa. Dado que esto sea así, “South Stream” ha perdido importancia para Rusia. En su característico estilo directo es por lo que, en vez de aceptar las condiciones de los europeos, los rusos deciden cerrarlo. Al cancelarlo, los rusos lo han denominado el engaño de los europeos. Hasta ahora, de que Rusia sea dependiente de Europa como su cliente de energía, del hecho de que Rusia dependa de Europa como su cliente de energía, es Europa la que ha creado hostilidad, en forma posiblemente irreparable, con su socio económico clave y su fuente de energía.

Antes de terminar, sin embargo, diría algo sobre los que han salido peor en este asunto. Son los pigmeos corruptos e incompetentes que pretenden presentarse como el gobierno de Bulgaria. Si estos personajes hubieran tenido un mínimum de dignidad y respeto propio, le hubieran avisado a la Comisión de la Unión Europea su apresuramiento, cuando se planteó el Tercer Paquete de Energía. Si Bulgaria hubiera dejado clara su intención de presionar la realización del proyecto “South Stream”, no hay duda de que se hubiera construido. Habría habido una gran lucha adentro de la Unión Europea en el momento en que Bulgaria se hubiera burlado del Tercer Paquete de Energía, pero habría estado obrando en su interés nacional y no hubiera quedado sin amigos en la Unión Europea. Al final hubiera ganado.

Al contrario, por presiones individuales como la del senador John McCain, la dirigencia búlgara actuó como los políticos provinciales que son y trataron de jugar al mismo tiempo con ambos, con la liebre Unión Europea y con los sabuesos rusos. El resultado de esta política imbécil es ofender a Rusia, la aliada histórica de Bulgaria, causando que el gas ruso, que hubiera podido fluir hacia Bulgaria y transformado el país, corra más bien hacia Turquía, el enemigo histórico de Bulgaria.

Los búlgaros no son los únicos que han actuado de esta manera cobarde. Todos los países de la Unión Europea, aún los de lazos históricos con Rusia, han apoyado el paquete de sanciones de la Unión Europea contra Rusia, no obstante las dudas que han expresado sobre esta política. El año pasado Grecia, otro país de estrechos lazos con Rusia, se retiró del acuerdo para venderle su compañía de gas natural a Gazpron, porque la Unión Europea lo desaprobaba, a pesar de que Gazprom ofrecía el mejor precio.

Esto apunta a una moral de manga ancha. Cada que los rusos actúan en la forma en que lo han hecho, los europeos responden con desconcierto y furia, de lo que hay tanto ahora por todas partes. Los políticos de la Unión Europea que toman estas decisiones, que provocan estas actuaciones de Rusia, parecen tener la presunción de que mientras está bien para la Unión Europea sancionar a Rusia tanto como lo deseen, Rusia nunca hará lo mismo con la Unión Europea. Cuando lo hace Rusia, hay asombro, acompañado siempre de un flujo de comentarios mendaces sobre como Rusia se comporta “agresivamente” o “contrario a sus intereses” o que “ha sufrido una derrota”. Nada de esto es cierto, como lo atestiguan la furia y las recriminaciones que se expanden por los corredores de la Unión Europea (de lo cual estoy bien informado).

En julio, la Unión Europea intentó lesionar la industria petrolera rusa, sancionando la exportación a Rusia de tecnología para la exploración petrolera. Ese intento fracasará porque Rusia y los países con los que comercia (incluyendo China y Corea del Sur) están en la capacidad de producir ellos mismo esta tecnología.

En contraste, gracias a los tratos que ha hecho este año con China, Turquía e Irán, Rusia ha pactado un devastador golpe al futuro energético de la Unión Europea. En unos pocos años, los europeos empezarán a descubrir que la moralización y la fanfarronería llegan con un precio. Sea como sea, con la cancelación de “South Stream”, Rusia ha impuesto a Europa la más efectiva de las sanciones que hayamos visto este año.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
Siga a Jorge Enrique Robledo en Twitter
  • Imágenes
  • Videos
  • Audios
  • Todas
  • Todos
  • Todos

  • Suscríbase a la lista del PDA-MOIR

    Comunidades del MOIR

    POR LA SOBERANIA, EL TRABAJO Y LA PRODUCCION ¡RESISTENCIA CIVIL!
    Sede Nacional : Carrera 24 No. 27-25 Bogotá Colombia - Teléfono: (57 1) 245 7126.

    Seguir la vida del sitio