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Las vacas sagradas

Libardo Gómez Sánchez, Diario del Huila, Neiva, agosto 16 de 2010

Oporapa y Saladoblanco son dos municipios del sur del Huila enclavados en la cordillera oriental, viven la crisis de los cafeteros, buen precio del grano pero sin cosecha para lograrlo. Sus lomas únicamente han facilitado el establecimiento de la economía cafetera, algunos frutales y por supuesto lo que denominan la ganadería de doble propósito: leche y terneros mientras la vaca envejece para llevarla al matadero. Ruperto Bermeo es un Huilense sureño lo que lo convierte en mitad Caucano, mitad opita, como su padre vive de cumplir la labor de matarife hace años sin que haya tenido queja de sus clientes por la calidad de su menudo, además es un carnívoro por costumbre y buen celio, pero próximamente podrá declararse indú gentilicio con que se conoce a los nacidos en la India, una enorme nación asiática en la que, por razones que no se explicar, las vacas son sagradas. Ruperto no las adorará por convicción sino por coerción, entre el Ministerio de la Protección y el de Agricultura diseñaron los decretos 1500 y 616 que van a revolucionar las costumbres gastronómicas de los Colombianos y sin formula de inventario los introducirá en un curso acelerado de faquir, esto es según el diccionario de la lengua española: “asceta de la India y otros países de oriente que vive de limosna y practica actos de singular austeridad: los faquires se pasan días sin comer”. La primera norma se refiere a las condiciones en que debe adelantarse la producción de carne desde el predio, su sacrificio en planta, transporte y disposición para el consumo final y la segunda trata del mismo proceso pero en relación con el manejo de la producción de leche y derivados lácteos. Ambas se caracterizan por exigir unas condiciones imposibles de cumplir dadas las altísimas inversiones que requieren y que no contemplan la realidad en la que se desenvuelven las actividades económicas de nuestros productores. La Cámara de Comercio de Neiva estima en tres mil millones de pesos la inversión mínima para adecuar un matadero con el lleno de los requisitos, cifra que ningún particular puede disponer en el departamento y en muchos casos los entes territoriales, de tal manera que los políticos regionales en lugar de confrontar las normas por absurdas y lesivas, andan de lobby para lograr que la Nación o el Departamento apoyen la financiación de mataderos en los dos o tres municipios que acumulan su potencial electoral. Por ahora el único matadero que mas o menos cumple las especificaciones del INVIMA es el del municipio de Rivera a 15 kms de Neiva, de tal suerte que cuando los plazos se venzan si una res criada en Bajo Caparrosa municipio de Oporapa aspira a degolladero deberá viajar más de 200 kms hasta llegar al matadero reseñado y sus carnes finamente cortadas en furgón con termo King deberán emprender el camino de regreso otros 200 kms para exhibirse en las vitrinas de los expendios de carne en la cabecera municipal con un precio que refleje los costos de transporte y digno sacrificio.

Los Oporapences y los Saladeños en estas condiciones no tendrán más remedio que terminar de vegetarianos como ya empieza a ocurrir en otras regiones del país donde las autoridades iniciaron el proceso de cierre de mataderos sin importar la suerte de los matarifes de años, ni la de los consumidores. Ruperto tendrá que dejar el negocio y como sus conciudadanos tendrá que afrontar la disyuntiva de pagar carne a costo de supermercado o resignarse a ver pasear los animales por la trocha intocables para no infringir las normas modernizantes de los tecnócratas neoliberales acomodados en la silla del poder y terminar en la cárcel por atreverse a desafiar el negocio de los monopolios.

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