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Legado de Uribe

Antonio Caballero, Revista Semana, Bogotá, marzo 13 de 2010

Los candidatos uribistas se proclaman resueltos a defender y profundizar "el legado de Uribe", cuando lo que necesita el país es justamente lo contrario: desembarazarse del uribismo, que no ha hecho otra cosa que agravar los problemas existentes y crear otros nuevos. Repiten todos la jaculatoria del jefe: "Seguridad democrática, confianza inversionista, cohesión social". Es un programa mínimo, si se toma al pie de la letra: dar seguridad, mantener la confianza, garantizar la cohesión, son las obligaciones básicas de cualquier Estado. No se cumplían en Colombia antes de los gobiernos de Uribe, sin duda. Pero tampoco las ha traído él. Por el contrario: en los últimos ocho años ha disminuido la seguridad, ha aumentado la desconfianza, y ha crecido la división entre los colombianos (tanto en lo económico, la brecha entre ricos y pobres, como en lo político, el enfrentamiento entre "buenos" y "malos", o uribistas y antiuribistas).

La seguridad. Es cierto que hoy hay menos secuestros y que las carreteras son menos peligrosas que antes. Y eso es apenas natural habiendo aumentado los gastos en seguridad hasta la cifra colosal de 15 billones de pesos al año, y el pie de fuerza hasta 430.000 hombres en armas: hay policías en todos los municipios y batallones del ejército en todas las montañas del país. Han sido extraditados los principales jefes narcoparamilitares, y de veinte mil hombres que tenían, cincuenta mil entregaron las armas; pero la estructura narcoparamilitar subsiste intacta bajo el nombre eufemístico de ’Bacrim’ (bandas criminales), con nuevos jefes, y sus contactos políticos, aunque algunos estén presos, siguen siendo los dirigentes del uribismo rural. La guerrilla ha sufrido fuertes golpes, bombardeos y deserciones y bajas en combate, y ha sido de nuevo relegada a lo hondo de las selvas (o a las fronteras); pero conserva su capacidad de reclutamiento, que no viene del atractivo de sus ideas, sino del hecho desnudo de que el campo arrasado por la política agraria de los gobiernos no ofrece sino dos perspectivas de empleo: la guerrilla y el paramilitarismo. Y esos resultados se han pagado caros: en recompensas en dinero, y sobre todo en la monstruosidad moral de los "falsos positivos" provocados por el viraje de esas recompensas: cerca de dos mil inocentes asesinados por la fuerza pública. Y los desplazados: ese río de millones de hombres y mujeres expulsados del campo que va a engrosar el mar de miseria y de delincuencia de las ciudades. Eso no es seguridad.

Ni puede llegar a serlo, porque la seguridad no se obtiene con las recetas uribistas de plata y plomo, soborno y represión, ensayadas ya y fallidas (aunque en menor escala) bajo sus predecesores. La receta es otra, que no quieren probar aquí los dueños del poder y la riqueza: la justicia social.

En cuanto a la receta para combatir la violencia del narcotráfico, que además financia todas las demás, también es otra: la legalización del negocio.

La confianza: Si de verdad existiera eso que los uribistas llaman "confianza inversionista", millones de ciudadanos no hubieran invertido sus ahorros en las ’pirámides’ ilegales. Y las reformas laborales hubieran servido para crear empleo, en vez de destruirlo. Y no habrían huido, llevándose sus exenciones de impuestos, los capitales extranjeros (con excepción de los mineros) y buena parte de los nacionales. Y no tendrían que salir de Colombia en busca de trabajo millones de personas. En cuanto a la confianza en general, basta con ver el crecimiento desaforado de la corrupción para inferir que no existe: nadie cree que puede ganar si no roba. Y no puede ser de otro modo bajo un gobierno que compra y vende las notarías, que son garantes de la fe pública, como si fueran semovientes.

Sólo parecen tener confianza en Colombia, para vivir e invertir, para trabajar y educar a sus hijos, los narcotraficantes. Los cuales se van confundiendo cada día más con los integrantes de la clase política. Un país en el que eso sucede no puede ser un país que ha sido bien gobernado -en los ocho, y en los cien años anteriores.

La cohesión: ¿Se puede hablar en serio de "cohesión social" en un país que está en guerra? No. Solamente se puede, como hacen los uribistas, negar que la guerra sea guerra.

Inseguridad. Desconfianza. Polarización. Ese es el legado que dejan ocho años de tramposos, corruptos y brutales gobiernos de Álvaro Uribe. Hoy domingo, que es día de elecciones, es el momento de votar contra los beneficiarios de semejante legado, que quieren mantenerlo.

luispuyana - 2010-03-22 00:01:21

HAGAMOS CUENTAS Y LAS COSAS SON PEORES.- Tomando las cifras de Antonio Caballero, quien es uno de los columnistas que le duele el estado de postración de nuestra economía y el incremento de la miseria, pues los 15 billones de gastos de seguridad para 430 mil de hombres en armas es una corrupción. Esa cifra es igual a tres veces más del costo del total de la nómina estatal para su millón de empleados, luego la diferencia si es descomunal. Es decir, tres veces más para el pago de la mitad de un ejército respecto al gato del millón de empleados. Como si fuera poco, en dos años salieron 77 billones del presupuesto para pagar intereses de una deuda externa que le debemos a unos detestables agiotistas internacionales. Y aquí la diferencia es monumental, esos 77 billones son 19 veces más al pago de la nómina estatal: Mucha plata para la guerra que según el gobierno no hay y 77 billones para unos parásitos que jamás sudan ni trabajan ni pagan impuestos. Entonces 15 billones más 77 son 92 BILLONES PESIMAMENTE MAL GASTADOS, UN INAUDITA Y PROFUNDA CORRUPCIÓN. Fortuna que pagan en sangre y sudor de todo un pueblo vertida en impuestos. Esas cuentas no la hacen los pobres ya que viven más preocupados cuando llega la noche y no han reunido lo necesario para darle alimentos a los hijos y al otro día más preocupados porque sus hijos se levantan de hambre. Esa podrecía sólo escucha que el gobierno mató media docena de terroristas y eso le parece bien, desconociendo que la causa principal es la corrupta distribución de su presupuesto dedicado a regalar plata a los adinerados y rebajarle impuestos a éstos y otra para la guerra, mientras para el agro sólo salen 2 BILLONES INSIGNIFICANTES PARA CULTIVAR ALIMENTOS NO PARA HUMANOS SINO PARA CARROS, LO QUE SEGÚN LA ONU ES UN CRIMEN DE LESA HUMANIDAD.

Pero las cosas no paran ahí. De esos 15 billones para una tropa de casí medio millón de personas, se les ha dicho que es más importante cuidar carreteras que impedir el desplazamiento de millares de campesino que les tocó huir hacia las ciudades porque les robaron sus tierritas. A esos desplazados ni a los pequeños productores los cuida el ejército y menos el gobierno uribista que se la pasa ingresando alimentos que nosotros mismos producimos, con lo que se arruina al pequeño y mediano productor agrícola e industrial. Y para que esa letal política prosiga, no retroceda, nos traen tropas gringas que jamás irán en apoyó del campesino desplazado ni de los pequeños productores sino por el contrario, vienen a fortalecer el latifundio en pocas manos y que el libre comercio de alimentos venidos del imperios gringo no sufra ningún contratiempo en el ingreso del país.

TODA RAZÓN TIENE ANTONIO CABALLERO AL SOSTENER QUE HAY ES QUE DESEMBARAZARSE DEL URIBISMO, QUE NO HA HECHO OTRA COSA QUE AGRAVAR LOS PROBLEMAS EXISTENTES Y CREAR OTROS NUEVOS.

LO QUE SE REQUIERE ES UN MODELO OPUESTO, COMO LO ES LA DEFENSA DE NUESTRA PRODUCCIÓN NACIONAL CON ARANCELES Y LA DEFENSA DE UN SALARIO DIGNO CON PENSIÓN.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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