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Los caminos de Colombia para acercarse al universo

Juan Carlos Martínez*, Bogotá, El Tiempo, septiembre 15 de 2015

Nanosatélites y radioastronomía, alternativas a la creación de telescopio para estudiar el espacio.

Desde que nacemos aprendemos que la percepción del mundo que nos rodea viene por nuestros sentidos: vista, olfato, gusto, tacto y audición. Reconocer el olor de un quásar -cuerpo celeste con apariencia estelar que en un telescopio se aprecia como una pequeña estrella débil- o el sabor de un cometa sería un sueño. Pero nuestro conocimiento astronómico está limitado a la respuesta de nuestros detectores ópticos, es decir al tipo de luz que nuestros ojos pueden ver.

En los pasados dos siglos descubrimos que existe una gran variedad de tipos de luz, diferentes al visible, a través de las cuales también es posible observar el cosmos. Esto ha llevado a cambiar radicalmente la forma en que percibimos nuestro Universo.

Desde la superficie de nuestro planeta, no todas las longitudes de onda (tipos de luz) son observables, lo que se debe a la presencia de la atmósfera terrestre. Un ejemplo es el bloqueo permanente de rayos X y rayos gamma que ha permitido el desarrollo de la vida en la Tierra. La atmósfera tiene ventanas espectrales de observación que dependen de las características del lugar que habitemos.

Colombia, si bien es un país privilegiado en muchos aspectos, no lo es en la astronomía visible. La gran nubosidad y la humedad que reinan en nuestro territorio impiden que tengamos lugares astronómicos profesionales por sus cualidades ópticas y número de noches despejadas al año. Por eso, proponer la puesta en marcha de un telescopio óptico profesional en territorio colombiano plantea preguntas: ¿Vale la pena? Sabiendo que hay otras longitudes de onda y otras tecnologías, por qué no pensar en el desarrollo de la astronomía en otras longitudes de onda.

En el país hoy se hacen esfuerzos en este campo con el desarrollo de equipos para el estudio del universo en el radio, la detección de partículas exóticas como los neutrinos e incluso con el uso de pequeños satélites. Todo esto requiere del apoyo casi inexistente del estado y de todos los colombianos, que deberían hacer parte de la discusión.

Como muchas cosas en la vida, con este tipo de proyectos se espera algo a cambio. Un beneficio tecnológico para el país y la sociedad. No importa si se trata de una carretera o de un acelerador de partículas. En el caso astronómico, estas iniciativas deben capacitar personas y crear la infraestructura necesaria para que futuras generaciones de astrónomos tengan trabajo como astrónomos.

Eso, sin dejar de lado el desarrollo tecnológico que crean. Suponiendo que el Estado acepta crear un observatorio. La opción más simple y económica a corto plazo sería entonces comprar el telescopio: los espejos, el armazón, la cúpula, el software. En otras palabras, todo. Solo quedaría en manos nacionales levantar el lugar (edificio) según algunas especificaciones.

La otra opción es hacerlo todo en Colombia, lo que crearía empleos y crea centros de investigación y desarrollo tecnológico. El plan A permitiría traer un telescopio de 3 a 4 metros que no estaría el país en capacidad de hacerlo, hasta que nuestros expertos sean expertos. Pero apostarle al país, si bien implicaría un inicio modesto, pondría las bases de proyectos competitivos en astronomía y otras ciencias, y abriría el camino de la independencia tecnológica.

Si lo visible no es la mejor opción, la comunidad astronómica nacional debe encontrar un medio para que el país sea útil al mundo en esta materia. Pensar en nanosatélites y radioastronomía no sería descabellado. En el caso de la radioastronomía, los escépticos argumentan que no hay personal preparado para crear estos instrumentos y mucho menos para operarlos. Si bien es cierto que no hay muchos radioastrónomos colombianos, el país cuenta con una gran historia de radiotelecomunicaciones, por lo que la experiencia y el conocimiento para construir estos instrumentos existe.

La posibilidad de construir un monumento tecnológico nacional está ahí. No sería un proyecto de Bogotá o de Antioquia, sino del país. La astronomía y las ciencias en general no pueden evolucionar en un medio lleno de mezquindades sin colaboraciones interdisciplinarias e interinstitucionales.

Pensar en radioastronomía y desarrollo satelital requiere de un trabajo conjunto, de discusión, creación e investigación. Un desarrollo que necesita a científicos e ingenieros con espíritu científico, sin temor a fallar y con la convicción de que su papel en la sociedad no es solo investigar sino masificar y divulgar sus conocimientos para que otros sigan sus pasos.

* Investigador colombiano del Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California, en Berkeley.

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