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Los impactos del salario mínimo en Bogotá

Manuel Sarmiento, Concejal Polo Bogotá, enero 8 de 2016

Amparados en la errada tesis de que los bajos salarios protegen el empleo formal, Juan Manuel Santos y Luis Eduardo Garzón incrementaron el salario mínimo en apenas un 7%, un aumento exiguo de tan solo $1.500 diarios. En Bogotá, la medida se traduce en un empobrecimiento de los trabajadores, lo que también lesiona a las empresas de la Capital cuyas ventas dependen del mercado interno y, por ende, de la capacidad de compra de los trabajadores.

Para el 60% de los asalariados capitalinos que, según Fasecolda, ganan entre 1 y 1,6 salarios mínimos, el aumento no compensará el encarecimiento del costo de vida. El alza del dólar significa productos más costosos en una ciudad que, como Bogotá, importa cerca de $30.000 millones de dólares anuales, la mitad de todo el país. Con la devaluación del peso, los precios de las importaciones de alimentos e insumos para la industria seguirán disparados, como el caso del fríjol, cuyo precio en 2015 se incrementó en un 81%.

La vida en Bogotá también se encarecerá por cuenta de las decisiones gubernamentales. La factura de energía subirá un 3% debido al aumento tarifario decretado por Juan Manuel Santos y se esperan alzas del agua por la reducción del consumo básico que pretende hacer el gobierno nacional. Transmilenio propuso subir el pasaje a $2.000, lo que significaría un aumento del 11%, a lo que se suman los anuncios del alcalde Peñalosa de crear un nuevo impuesto para las motos, cercar la ciudad con peajes urbanos y establecer cargos por congestión.

El empobrecimiento de los asalariados también lesiona a las empresas de la Capital. Como lo señala la Secretaría de Desarrollo Económico, “el principal mercado de las empresas bogotanas es el interno”, pues las exportaciones de Bogotá apenas representan el 7% de las del país. Por esta razón el aumento salarial por debajo del encarecimiento del costo de vida deteriorará la capacidad de consumo de los trabajadores, perjudicando las ventas de las industrias bogotanas.

Este y los anteriores gobiernos han afirmado que los salarios deben ser bajos para proteger el empleo formal. Sin embargo, los hechos los contradicen. Después de 15 años de recortar derechos laborales y de abaratar la mano de obra, siete de cada diez trabajadores están desempleados o en la informalidad. En Bogotá, cerca de la mitad de los trabajadores son informales y entre 2012 y 2015 el subempleo pasó del 33% al 41%.

Entre mejores salarios y más poder adquisitivo tengan los trabajadores, más podrían ser las ventas de muchos sectores, lo que impulsaría un círculo virtuoso de mayor dinámica económica que debería incidir en más empleo. Sin embargo, Juan Manuel Santos ha optado por implementar políticas que no permiten a la gran mayoría de trabajadores de la Capital y del país compensar sus presupuestos familiares. Es de esperar que, como ya pasó en noviembre, haya un rebote del desempleo bogotano.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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