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Los riesgos del agro

Juan Pablo Fernández M., Bogotá, abril 30 de 2014

Producir en el agro es riesgoso. Y no por las violencias que desde hace décadas afectan varias zonas del país. Lo es por razones económicas, tecnológicas y ambientales. Todas asociadas a la condición de productor agropecuario. Los productores se enfrentan, entre otras cosas, a que la oferta de sus productos es de cosecha (concentrada en el tiempo) y dispersa territorialmente (los productores producen donde pueden), mientras la demanda es permanente y concentrada geográficamente. Y el comercializador (acopiador) juega un papel dominante en el mercado y en el precio que se paga a los productores.

Las calidades de la tierra son distintas y determinan la renta que se puede extraer. La loma no es igual a la planicie. Invertir en el agro es tener plata al sol y al agua. No da lo mismo que llueva mucho o poco o que el sol le dé al cultivo con mayor o menor intensidad. Las lógicas económicas, además, son diversas. El campesino busca reponer los costos de producción y obtener un ingreso que le permita a él y su familia reproducirse. El empresario persigue obtener la mayor rentabilidad posible. Y el terrateniente especular con la tierra. Compren tierra que de esa ya no hacen, decía Mark Twain.

La agricultura es un sector diferente al del resto de la economía. Por eso merece un tratamiento especial. No olvidemos que en ella se produce la comida. Y con la comida no se juega, dicen las mamás. La agricultura colombiana, tanto en las vísperas de la apertura económica como hoy, explica Aurelio Suárez en su libro sobre la historia agrícola colombiana, es semifeudal. La apertura y los TLC prometieron modernización. Y al contrario están arruinando al campesinado y al empresariado no conectado con el sistema financiero y los especuladores. Según el PNUD, a 2008 los cultivos campesinos ocupaban 76% del área y 66% de la producción agraria. El camino impuesto hace dos décadas en términos relativos tiene el país cada vez esté más rezagado.

Medido en dólares reales de 2005, según datos del Banco Mundial, el PIB o valor agregado por trabajador agropecuario, que mide la capacidad de generación de riqueza promedio, para 1990 en Colombia era $3.653. En ese momento cada trabajador agrario en Estados Unidos generaba un valor agregado 5,5 veces mayor al nuestro, uno brasilero dos veces menor, uno francés siete veces mayor, y el sudafricano y el chino 1,5 veces y once veces menor, respectivamente. A 2011 la estadística en Colombia se ubicó en 3.485 dólares. Las diferencias se redujeron o ampliaron en contra nuestra. Con Estados Unidos la diferencia creció a 14 veces, Brasil nos sobrepasó y ahora es 1,4 veces más, con Francia se amplió a 22 veces, Sudáfrica ya nos supera en 1,6 veces y China redujo a cinco veces la distancia. En el mundo el indicador, entre 1990-2011, creció 45%. En Colombia cayó en 5%. Mientras otros agros crecen en su capacidad de generar riqueza, en el nuestro decrece.

En relación con el índice de producción de alimentos, donde se recogen todos los géneros agrícolas comestibles y con contenidos de nutrientes, entre 1990-2011 en Colombia creció 56%. Para China lo hizo en 153%, Brasil 151%, los países de ingreso medio 109% y el mundo 75%.

El libre comercio contribuyó a agravar el mal uso de la tierra y su pésima distribución. De las 22 millones de hectáreas con vocación agrícola, se siembran 5,3 millones (24% del potencial). Solo usamos el 8% de la tierra arable disponible. El Gini de propietarios es 0,86, uno de los más altos del mundo. Y 70% de los predios, que ocupan menos de 5 hectáreas, poseen el 6% de la tierra, mientras los de más de 200 hectáreas (1% de los predios) tienen el 43% de la tierra.

La liquidación de las instituciones gubernamentales que como el Idema incidían en la formación de los precios pagados al agricultor, pasó toda la tarea a los comercializadores privados, quienes, como se quejan los productores, les transfieren todos los riesgos del mercado y reducen su participación en el precio al consumidor. Esto, combinado con la concentración del retail (comercio de grandes superficies) en pocas manos, desprotege en mayor medida a quienes viven del campo. El grupo Éxito, propiedad de la multinacional Casino, controla la mitad de las ventas de las grandes superficies y supermercados. Junto con Carulla, tienen el 75% del mercado. 95% de los proveedores de los hipermercados son Pymes.

Al respecto dice la SIC: “Esta situación les permite, por lo menos potencialmente, modificar las condiciones del mercado específicamente en el mercado de la provisión (…). Dichas empresas poseen posición dominante en el mercado.” (http://bit.ly/1iIsUiC) El retail representa el 40% del total de las ventas del comercio. Y 35% de los productos que comercializan son alimentos y bebidas no alcohólicas.

La competencia por los mercados no tiene cuartel. Los países desarrollados quieren poner sus excedentes agropecuarios en nuestro mercado. Colombia tiene 47,7 millones de habitantes, tomarse una porción o la totalidad de sus consumos per cápita de alimentos y en especial de los estratégicos, es un negocio doblemente redondo. Se abre y se toma posesión de un mercado importante y a los proveedores se les despeja el camino para determinar o influir el funcionamiento del mercado de la comida, un as que llegado el momento puede ser empleado como arma política. Los TLC les proveen abundante munición a quienes aspiran a ser los propietarios eternos y únicos de esa arma.

El presupuesto de 2014, en pesos reales, es el más alto desde 1996. Comparado con 2013 es mayor en 92%, vale $2.700 millones de dólares. Cifra jugosa, pero aun así, ella sola no contrarrestará el gasto público de las potencias en apoyos a la agricultura. Que en el caso de Estados Unidos son 97 mil millones de dólares y para la Unión Europea alrededor de 120 mil millones. Cifras que afectan los precios pagados a los productores del campo de casi todos los rincones del mundo. En las negociaciones de los TLC Colombia entregó los otros medios de apoyo a la agricultura (aranceles, cuotas de importación, licencias previas, requisitos de desempeño, etc.) distintos al erario y que tienen, entre otras funciones, contrarrestar el dumping de las economías desarrolladas. En la guerra de las chequeras, por mucho ánimo que se ponga, Colombia poco tiene por hacer.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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