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Los verdaderos intereses nacionales no se deben cambiar por espejitos

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate a los ministros de Comercio y Agricultura sobre el TLC con la Unión Europea, plenaria del Senado, 18 de mayo de 2010.

Los TLC, alianza de mula y jinete. Veinte años de sombrías experiencias con el libre comercio. El país se especializó en minería, como en los tiempos de la Colonia. “Los TLC no se negocian, se imponen”, dice Stiglitz. La masacre lechera se veía venir. Los TLC rompen la integración andina. Como hace quinientos años, los europeos nos van a cambiar por espejitos el oro y la plata. El TLC con la UE, igual al suscrito con Estados Unidos o peor. Están destruyendo el agro colombiano. El Minagricultura no hizo estudios para la negociación. Lo que conseguimos con este TLC es lo que ya teníamos. Los propios ganaderos rechazan el Tratado. Amenazados 400 mil ganaderos. Ya hay crisis lechera. Unidad nacional en defensa de la leche.

Antes de entrar en materia, quiero hacer una denuncia de un hecho grave ocurrido en esta campaña electoral. Se le acaba de iniciar un proceso disciplinario al señor Freddy Lozano, directivo de Sintracarbon, el sindicato de El Cerrejón, acusado de haber invitado a los trabajadores a respaldar la candidatura presidencial del doctor Gustavo Petro, no en horario de trabajo sino por fuera de la jornada laboral. Y quiero repudiar, y espero contar con la solidaridad de todo el Congreso, que una trasnacional se atreva a perseguir a un dirigente sindical por ejercer el derecho constitucional de opinar como a bien lo tenga, y en este caso, invitando a los trabajadores a respaldar la candidatura del doctor Gustavo Petro.

Entiendo que a esa trasnacional le irriten las propuestas del Polo Democrático Alternativo porque, entre otras cosas, estamos planteando que se regrese a una jornada laboral en la que el día termine a las seis de la tarde, lo que les sacaría del bolsillo a esos extranjeros una suma grande de dinero. Pero les exijo respetar las decisiones que los colombianos tomamos y no insistir más en convertir El Cerrejón en una especie de enclave colonial, donde ellos puedan atropellar los derechos democráticos de los colombianos.

Entrando ya en materia, señor presidente, el debate se va a dividir en tres partes. En la primera voy a hacer una explicación de tipo general sobre qué es este asunto del libre comercio y lo que ha sucedido en Colombia con esta política. Alguna experiencia tenemos ya los colombianos en torno a estas medidas. En segundo término voy a hacer algunos comentarios sobre el contenido del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, justo el tema que nos ocupa. Y en tercer término voy mirar con algún grado de detenimiento el impacto del Tratado en el sector agropecuario y particularmente en el sector de la ganadería de carne y leche. Y empiezo por solicitarles a los que están interesados en el sector lechero que me tengan un poco de paciencia, porque bien valen la pena estudiar los antecedentes.

Los TLC, alianza de mula y jinete

Empiezo señalando que quienes rechazamos los tratados de libre comercio no estamos opuestos a la relaciones económicas internacionales. No es ese el debate que estamos haciendo. Suele decirse que nosotros estamos por el aislamiento económico de Colombia. No, eso nunca lo hemos planteado en ninguna parte. Nosotros creemos que debe haber acuerdos comerciales y relaciones económicas internacionales. Lo que pasa es que estas del libre comercio son un tipo específico de relaciones internacionales. El TLC es un nombre propio. No es cualquier relación económica internacional. Si no nos gustan, es entonces porque estas del libre comercio constituyen alianzas de mula y jinete, en las que Colombia queda en la incómoda posición de la mula. Sigamos en esto al señor Stiglitz, Premio Nobel de Economía, quien ha insistido en señalar que este tipo de acuerdos es mejor no hacerlos, porque “es mejor no tener tratado, que tener un mal tratado”.

Mis puntos de vista no expresan la menor animadversión hacia el pueblo norteamericano o hacia los pueblos europeos, pueblos a los que admiramos como a todos los demás de la Tierra. Este es un pleito con quienes dirigen a esos países.

Tampoco es verdad que la única manera como se puede tener relaciones comerciales y económicas es a través de tratados de libre comercio. Lo que predomina en el mundo, entre los países que más se exportan entre sí, es la no existencia de tratados de libre comercio. Entre Europa, Estados Unidos y Japón no hay tratados de libre comercio. China no tiene tratado de libre comercio ni con Estados Unidos ni con la Unión Europea. Brasil y Argentina tampoco. Luego constituye una falacia afirmar que sin tratados de libre comercio no es posible desarrollar relaciones económicas internacionales.

En tercer término, se ha regado la especie de que el país que más se desarrolla es el que más exporta, otra afirmación que no resiste análisis. No me opongo a que Colombia exporte ni a que importe, en la medida en que ello le convenga a su economía. Pero decir que el país que más se desarrolla es el que más exporta constituye una falacia. Les doy unas cifras. Con respecto al PIB, que es como se mide qué tanto exporta un país, nos encontramos con que Estados Unidos exporta menos del diez por ciento de su PIB. Japón, el 12 por ciento de su PIB. Colombia, el 20 por ciento, el doble de Estados Unidos, y a nadie se le ocurriría decir que Colombia es más desarrollada que Estados Unidos o Japón. Y encontramos países africanos como Angola, por ejemplo, que exporta el 70 por ciento de su PIB, o como el Congo, que exporta el 84 por ciento, mucho más que Estados Unidos, mucho más que Colombia, y sin duda son países menos desarrollados que nosotros y que Estados Unidos o Japón. Luego, repito, la estadística prueba que es una afirmación mentirosa decir que el país que más exporta es el país que más se desarrolla.

El cuarto elemento que quiero dejar sentado en esta introducción es un asunto a mi juicio crucial. ¿Cómo le ha ido a Colombia en estos años en los que el libre comercio se ha venido aplicando? Ustedes deben saber, senadores y colombianos, que el libre comercio no va a empezar en Colombia con los tratados de libre comercio. Lo que hoy llamamos libre comercio antes se llamaba apertura, neoliberalismo, privatizaciones, Consenso de Washington. Se le han dado muchos nombres. Y uno puede establecer sin lugar a dudas que estas políticas se empiezan a aplicar en Colombia por lo menos desde 1990. Luego tenemos ya veinte años de experiencia, veinte años no de teorías, no de suposiciones, no de especulaciones, sino de hechos, y hechos que nos dicen qué le ha pasado al país. Lo que van a hacer los TLC no es empezar el libre comercio, sino hacer irreversibles las reformas del libre comercio y poner en marchar otras nuevas.

Como en la Colonia española

¿Qué nos ha pasado en los últimos veinte años? Ahí están las cifras, no las voy a dar en detalle para no aburrirlos. Pero lo primero que ha pasado es que el crecimiento del aparato productivo colombiano ha sido especialmente mediocre. Colombia ha crecido por debajo de los promedios históricos. Registramos en estos veinte años peores crecimientos que los obtenidos en las décadas posteriores a 1950. Y ha sido además un crecimiento concentrado en unos pocos sectores de gran concentración de la riqueza como la minería y el sector financiero. No ha sido un crecimiento de tipo democrático. En esta etapa el país se desindustrializó. Hoy tenemos mucho menos desarrollo industrial que hace veinte años y también menor desarrollo agropecuario. Las pérdidas en el agro han sido inmensas. Han sido arrasados sectores completos en la economía agropecuaria. Pasamos de importar un millón de toneladas a cerca de diez millones de toneladas de productos del agro. El país se ha terminado especializando en minería –con unas exportaciones de bienes procesados absolutamente mediocres–, especialización en minería que nos recuerda los tiempos de la Corona española.

La economía nacional se ha desnacionalizado. Pesan más a la hora de las decisiones políticas las opiniones de los extranjeros que las opiniones de los propios nacionales. Las privatizaciones, que convirtieron la salud y la educación en vulgares negocios, son también de la estirpe del neoliberalismo y el libre comercio, y de una u otra manera están normatizadas en los TLC. Tenemos hoy a Colombia convertido en el séptimo país del mundo con la peor desigualdad social. Luego solo hay seis países en el mundo que nos superan en esa condición. El índice de concentración de la tierra rural probablemente sea el peor del mundo o tal vez estemos entre los dos primeros, también como secuela de las políticas de libre comercio aplicadas en los últimos veinte años.

Y lo que acabo de mencionar tiene repercusiones sociales. Setenta de cada cien colombianos están o en el desempleo o en la informalidad. No sucedía así en los períodos anteriores. En pobreza se discute si tenemos o veinte o treinta millones de pobres, dependiendo de la estadística. Los indigentes pueden estar entre ocho y diez millones de compatriotas. En el agro, que nos interesa tanto en este debate, las cifras oficiales reconocen que uno de cada tres habitantes de las zonas rurales está, no en la pobreza, sino en la indigencia.

Luego podemos deducir que a Colombia le va a ir muy mal con los tratados de libre comercio. Es probable que como no pueden mostrar estadísticas nacionales, los ministros nos muestren aquí cuadros de cómo les ha ido a otros países con el libre comercio, y yo, en gracia de discusión, puedo aceptarles que de pronto a algún país no le haya ido tan mal como a Colombia. Pero lo que señalo es que a Colombia no le ha ido bien. Una de las cosas más perniciosas de estas políticas es imponernos desde afuera el mismo tipo de medidas a países tan desemejantes como Haití, Colombia y Brasil, para poner un solo ejemplo.

Hay otro hecho de especial gravedad, senadores y colombianos. Con los tratados de libre comercio, Estados Unidos y Europa les imponen a los países pobres como Colombia lo que no pudieron imponer en la Organización Mundial del Comercio, OMC. La Ronda de Uruguay del GATT, que termina creando la OMC, llevó el libre comercio hasta unos ciertos niveles, pero las potencias no pudieron ir más allá porque la resistencia unificada de los países pobres les negó esa posibilidad. Entonces ¿qué es lo que hacen Estados Unidos y Europa con los tratados de libre comercio? Lograr acuerdos que los especialistas llaman OMC plus, OMC más, y conseguir con ellos lo que no lograron en la OMC. Y entonces nos cogen a país por país por separado y, como se dice coloquialmente, nos van fritando con las peores relaciones económicas.

“Los TLC no se negocian, se imponen”

Dijo Stiglitz, el Premio Nobel de Economía, hace unas semanas en el Gimnasio Moderno de Bogotá: “Los tratados de libre comercio no se negocian. Los imponen”. Y esa es una realidad que algunos hemos venido advirtiendo desde hace más de un lustro. ¿En qué consisten los tratados de libre comercio? Se reúnen las trasnacionales de Estados Unidos y de Europa y deciden cuál es el mundo que quieren. Les trasmiten a sus gobiernos las normas que ellos desean. Los gobiernos las redactan en forma de tratado, es decir, en forma de contrato internacional, y después salen y los imponen en todas partes, escenificando una especie de pantomima en la que parece que cada país negociara en serio, cuando todo se halla establecido de antemano. La negociación se limita a unos cuantos asuntos de menor cuantía, normalmente los períodos de desgravación o algún producto que se excluye o cosas absolutamente menores. Todo lo demás viene impuesto de antemano.

Por eso es que algunos advertimos lo que iba a pasar, como lo advertí yo en la Comisión Quinta frente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea, y fue lo que terminó pasando. No porque seamos magos ni porque adivinemos el futuro, sino porque conocemos la forma minerva que nos imponen, una forma en la que solo cambia el nombre del país. Entonces uno sabe de antemano qué es lo que va a terminar sucediendo. Recuerden los miembros de la Comisión Quinta del Senado lo que dije hace un año, y ahora me voy a detener sobre el punto: que ni en banano ni en azúcar iba a haber libre comercio, lo dije hace un año, porque no les convenía a los intereses europeos. Y advertí hace un año la masacre lechera que se avecinaba, porque es obvio que quien entiende la lógica de estos asuntos sabe básicamente qué es lo que va a suceder.

Los TLC, senadores y colombianos, adolecen además de un problema de extrema gravedad. Y es que una vez se aprueban, cumpliendo todos los trámites, adquieren una especie de rango que podría llamarse constitucional. Empiezan a operar como algo parecido a la Constitución de Colombia. ¿En qué sentido? Ninguna ley en Colombia, ni ordenanza, ni decreto ni resolución, podrá estipular nada que contradiga el texto del Tratado. Lo que hace el Tratado es ampliar la Constitución Nacional. Entonces mientras que en la Constitución, senadora Cecilia López, hay unos cincuenta artículos que orientan la economía del país y que suelen interpretarse de acuerdo con los distintos análisis, aquí nos meten unas 1.300 páginas de artículos con tanto detalle, que acaban con cualquier posibilidad de interpretación. La Constitución colombiana queda sujeta al texto que nos han impuesto, en este caso, los europeos. Y si mañana se aprobara en Colombia un artículo constitucional o legal distinto a lo que ordena el texto del TLC, o habría que echar atrás el artículo legal o constitucional o pedir la denuncia del TLC.

En este sentido, mis queridos ganaderos, no se dejen echar cuentos. El presidente Uribe anunció en estos días un decreto, el 1073, para prohibir importaciones de leche en polvo que esté a un año de vencerse. Pues bien, ese decreto es contrario al texto del Tratado. Ustedes lo saben, ministros. En ninguna parte del Tratado se dice que este tipo de decretos pueda aceptarse. Y si la Unión Europea lo demanda, mediante el mecanismo de solución de controversias, el decreto tendrá que hundirse, porque es la manera como está organizado el asunto. Y lo que viene con estos tratados, acuérdense de mí una vez entren en vigencia, es la derogatoria de cuanta medida haya en este país que sea contraria a lo establecido en la normativa de los TLC.

Tanto el TLC con Europa como el suscrito con Estados Unidos cometen un crimen contra el progreso de Colombia: destruyen la posibilidad de la integración andina. Destruyen la posibilidad de la integración latinoamericana. En la práctica esos tratados son gemelos. Son contrarios en ese sentido a la Constitución Política, que ordena privilegiar la integración latinoamericana. Al abrirnos frente a estadounidenses y europeos e integrarnos con ellos como se pretende, quedamos perfectamente perforados por las mercancías, los servicios y las inversiones que vendrán de Estados Unidos y Europa y se rompe en la práctica la integración andina. Este es uno de los asuntos más perniciosos. No me opongo a que los países se integren, ¿pero no les parece un absurdo, senadores y colombianos, que para tener procesos de integración con Estados Unidos y Europa, que están bien lejos y son bien distintos a nosotros, haya que destruir los procesos de integración que podríamos adelantar con los países vecinos, con quienes naturalmente más deberíamos integrarnos y con quienes a Colombia, por las condiciones específicas, podría irle bastante mejor?

Restricción a las migraciones

Hagámonos la pregunta que se hacen los latinoamericanos y los africanos. ¿Por qué el libre comercio consiste en que se puedan mover con absoluta libertad los capitales y no las personas? El capital se puede mover por el mundo del libre comercio como se le dé la gana, sin ninguna cortapisa o con muy pocas. Lo mismo, las mercancías. Pero en cambio la gente, el factor trabajo, la mano de obra, los seres humanos, esos ya no se pueden mover libremente. Y aquí les hago un llamado de atención a los europeos. ¿Por qué allá en la Unión Europea la integración sí incluye el libre movimiento de las personas por todo el continente, mientras que a nosotros se nos restringe? Los españoles, los alemanes, todos, se pueden mover como quieran de un país a otro. ¿Por qué entonces Estados Unidos y la Unión Europea nos imponen un modelo de integración que nos impide viajar hacia allá como queramos, mientras que ellos sí pueden venir a Colombia cuando se les dé la gana?

La explicación es bien simple y dolorosa. Porque los tratados de libre comercio apuntan a concentrar la riqueza allá y la pobreza aquí, y solo dejan que les entren unos cuantos pobres, exactamente los que necesiten para sus negocios. Que los demás se ahoguen en el Mediterráneo, como les sucede a los africanos y a las gentes del Medio Oriente. Que a los colombianos los friten en la frontera mexicana y los “espaldas mojadas” terminen abaleados, como podría suceder con las nuevas normas del estado de Arizona. Porque lo que se abre es para que salga la riqueza de estos países mientras nos dejan la pobreza aquí.

Estamos conmemorando los doscientos años del Grito de Independencia y, precisamente ahora, lo que está sucediendo con los TLC es que estamos perdiendo la soberanía nacional, el derecho a autodeterminarnos, el derecho a pensar y a decidir como queramos y de acuerdo con nuestras conveniencias. Aquí nos dirán ahora que no, que el presidente Uribe fue elegido soberanamente por los colombianos. Ese es un hecho cierto. Pero es un gobierno que apela a esgrimir la soberanía para sacrificarla. Las supuestas ganancias que nos ofrecen los tratados es el mismo y viejo conocido trato que padecieron nuestros antepasados hace quinientos años, cuando los españoles les cambiaron por espejitos el oro y la plata de América. Lo van a hacer ahora otra vez con espejitos, con cuentos, con retórica, y aquí la oiremos dentro de un rato, cuentos contrarios a los hechos y a la experiencia. Y nos van a quitar la riqueza natural, incluida la leche de los más pobres campesinos. Hasta por eso vienen, por una botella de leche de una señora que tiene una vaca o media vaca, porque aquí hay gente que tiene, en sociedad, media vaca o un cuarto de vaca. Nos van a cambiar por espejitos, por medallitas, nuestras posibilidades de desarrollo, que se pierden con el libre comercio. Por medallitas de esas que mañana le van a imponer al presidente Uribe en Madrid.

La demagogia de los derechos humanos

¿Cómo es el tratado en el caso específico de la Unión Europea? El presidente Uribe y varios voceros de gobiernos europeos, particularmente del español, han salido a predicar que el TLC cubre el problema de los derechos humanos en Colombia. Debo decir que eso no es cierto. Es una afirmación no sustentada en el texto. La mención que hay a derechos humanos es absolutamente subalterna y en nada obliga, porque carece de dientes. Buena para hacer demagogia ante despistados, pero no para confundir a los que nos tomamos el trabajo de leer el articulado frase por frase. En este sentido, invito a las universidades colombianas, porque aquí no hay tiempo para desmenuzar estos detalles, a que vayamos a un foro con el doctor Plata, el ministro de Comercio, y analicemos específicamente el tema de los derechos humanos a ver si es verdad que hay algo ahí que valga la pena. Y verán que es puro humo de pajas.

También faltan a la verdad el presidente Uribe y los funcionarios del gobierno español cuando arguyen que quedan bien garantizados los derechos laborales y los derechos ambientales. No es cierto. Se sigue el mismo modelo del Tratado con Estados Unidos. Les voy leer una sola frase que muestra cómo la Unión Europea no puede hacerle exigencias a Colombia en el caso de que el gobierno desmejore los derechos laborales y ambientales para efecto de atraer inversionistas extranjeros. Dice el texto: “Nada en este capítulo se entenderá en el sentido de facultar a las autoridades de una parte (en este caso la Unión Europea o Colombia) para realizar actividades de aplicación y cumplimiento de la legislación laboral y ambiental en el territorio de la otra parte”. Traducida a lenguaje simple, la frase quiere decir que Colombia podría disminuir sus estándares ambientales y laborales para ganar negocios. No solo es que pueda hacerlo, es que le toca. Si Colombia no disminuye sus estándares laborales y ambientales, ¿cómo hace para atraer el capital extranjero, que se supone que es el que nos va a salvar? Además, la competencia de la globalización incluye el deterioro de los estándares laborales y ambientales como una manera de atraer los capitales de las grandes potencias y de enfrentar las mercancías más baratas que vienen del exterior.

¿Qué es lo que anda haciendo el presidente Uribe por Madrid? Aclararlo casi que sobraría en este debate, pero tanto enredan a la gente que acaban engañándola. No es verdad que el presidente Uribe esté en Madrid firmando el Tratado de Libre Comercio. No es cierto, porque el Tratado todavía no ha sido traducido a todos los idiomas oficiales y no hay un texto oficial, que solo se podría firmar en seis u ocho meses. Y después el Tratado tendrá que tramitarse en el Congreso de Colombia, y en el Parlamento Europeo, y llevarse a los parlamentos de cada país de la Unión Europea, y aquí tendrá que revisarlo la Corte Constitucional. ¿A qué se fue entonces el doctor Uribe para allá? A que le dieran una absolución política en derechos humanos para poder presentarse ante el mundo como absuelto por la Corona española y por la Comunidad Europea en el tema de derechos humanos. Todos sabemos que el TLC con Estados Unidos y con Canadá están varados, no por negocios, sino por derechos humanos.

Y nos resultó que los cacaos europeos, empezando por los mismos españoles que se atrevieron a proponer hace un año en Madrid la reelección del presidente Uribe, están permutando una absolución en derechos humanos por un tratado tan leonino como este. Es un asunto fácil de entender entre negociantes, pero es especialmente grave que un jefe de Estado se atreva a rebajarse hasta allá. Porque aun cuando lo que se va a firmar no es legal, sí compromete políticamente. En momentos en que está en rebeldía un sector fundamental de la economía colombiana en contra de este Tratado, el presidente Uribe, para conseguirse una absolución en derechos humanos, se va a precipitar un acto de simple estirpe política, acomodado a sus conveniencias pero contrario al desarrollo del país.

No se hagan ilusiones, señores del gobierno, porque falta ver qué va a pasar con el resto del trámite en Europa. El sindicalismo europeo, empezando por la CES, ya ha dicho que el Tratado no se debe tramitar, por las mismas razones por las que están parados en Estados Unidos y en Canadá. Y falta ver qué va a opinar el Parlamente Europeo cuando le llegue el Tratado y se conozcan los horrores de lo que pasa aquí, por ejemplo, el último escándalo de la actividad criminal en el DAS.

EL TLC con la UE, igual al de Estados Unidos o peor

El Tratado con la Unión Europea, es bueno dejarlo claro, es igual de malo o incluso peor que el firmado con Estados Unidos. Pero dejémoslo como igual. Ya lo advirtió el doctor Plata que así iba a ser. Cuando empezó la negociación, él dijo que ya había unas líneas rojas en la negociación. Y no eran otras, añadió, que las que estaban en el TLC con Estados Unidos. Desde el día en que empezó la negociación, el doctor Plata les dejó claro a los europeos que por lo menos les iba a dar a ellos lo mismo que les dio Colombia a los gringos, que si había alguna arandela más que conseguir, pues eso ya lo podrían mirar. A mi juicio, ¿cuál fue el mensaje que les envió? Que el Tratado sería tan malo como el que se firmó con Estados Unidos. Y el que Colombia firmó con Estados Unidos, recordémoslo, es peor que el firmado por México y por Centroamérica y por Chile con ese país, como lo expliqué aquí en su debida oportunidad.

Se aduce que Colombia va a competir con Europa y a exportar mucho. Así nos lo dijeron en 1990, que Colombia iba a invadir el mundo con sus productos, que temblaran europeos y norteamericanos porque Colombia con su industria y con su agro los iba a invadir con todo tipo de productos. Miremos un poco qué es Europa. El Producto Interno Bruto europeo es 71 veces mayor que el colombiano. Estamos hablando de una potencia formidable. Ahora está en una crisis grave, pero eso no le quita que sea una gran potencia. Los subsidios a su sector agropecuario, los de la Política Agrícola Común, PAC, más los nacionales, valen 146 mil millones de dólares. ¡146 mil millones de dólares los subsidios del PAC! ¡Y los subsidios a la industria, los reconocidos, sin contar los subsidios escondidos, valen 48 mil millones de dólares! En pesos, son todos los pesos del mundo. Decirle a uno entonces que Colombia va a competir con la Unión Europea en las circunstancias que estoy mencionando realmente no es serio.

Los propios estudios que hizo el gobierno –bien mediocres y bien escasos por lo demás, porque los gobiernos de Colombia, lo demuestra la historia, suelen meterse en estos negocios sin siquiera hacer estudios previos–, entre ellos uno del Departamento Nacional de Planeación, dicen que las exportaciones reales van a crecer en 0,71 por ciento y las importaciones en 1,73 por ciento, es decir, 2,44 veces más. Otro estudio, de Ricardo Arguello, dice que las exportaciones crecerán al 2,96 por ciento y las importaciones al 3,34 por ciento, luego confirma el hecho obvio de que van a crecer más las importaciones que las exportaciones. Es casi irrespetuoso que a uno le digan que pueda ser distinto después de las cifras que ya he dado. Les voy a mostrar otra manera de entender de qué es de lo que se trata este asunto. El arancel promedio en la Unión Europea es 5,6 por ciento. El nuestro es 12,5 por ciento. Si los aranceles se reducen a cero, un objetivo básico en el libre comercio, nosotros nos vamos a desproteger porcentualmente el doble que ellos, lo que va a afectar negativamente los intercambios comerciales.

La Unión Europea importa muchos bienes como potencia exportadora e importadora. Pero el problema es que es muy poco lo que importa de Colombia, exceptuando productos mineros, que no necesitarían de un tratado de libre comercio. Lo que importa la Unión Europea en un 91 por ciento son bienes industriales. Y todos sabemos que si de algo carece Colombia para exportar son bienes industriales. Es la realidad, yo lo lamento y quisiera que no fuera así. Luego Colombia lo que tiene para exportarle a la Unión Europea son fundamentalmente materias primas agrícolas y mineras, particularmente mineras, que no necesitan de tratados de libre comercio. Nadie necesita un TLC para exportar petróleo o carbón o níquel, quién ha dicho. No es necesario y esta es la parte fundamental de nuestras exportaciones no solo a la Unión Europea sino a todas partes.

Tampoco somos competitivos en industria

¿Cuál es caso de la industria? Aquí ha salido quien funge como vocero de los industriales colombianos a señalar que el tratado es una maravilla. Iba decir que me sorprende, pero a mí en Colombia ya no me sorprende nada. Aduce él que el Tratado está muy bien para la industria. Pues les doy un dato que ya mencioné. Los subsidios a la industria europea valen 48 mil millones de dólares al año. Las exportaciones de automóviles europeos suman 106 mil millones de dólares al año. Producen el 25 por ciento del total de los químicos del mundo por valor de 675 mil millones de dólares. Son los primeros exportadores de alta tecnología del mundo y exportan 277 mil millones de dólares. No somos competitivos con ellos ni siquiera en textiles y confecciones. La balanza comercial es negativa en 38 millones de dólares. ¿Qué industria es la que vamos a exportarle a Europa?

Esto tiene más aristas. El capítulo de propiedad intelectual es igual al de Estados Unidos. Y quien entienda de estas cosas y junte desprotección en fronteras con propiedad intelectual, aumentando los tiempos de las patentes, que es lo inherente al libre comercio, sabe que Colombia queda condenada para siempre al subdesarrollo científico y tecnológico. Así de simple. Quedamos sometidos para siempre por estos tratados al subdesarrollo científico y tecnológico. Y todavía hay quien arguya que son tratados que conducen al progreso de Colombia. En medicamentos prácticamente copiaron la fórmula de Estados Unidos. Aunque las luchas que se dieron después del primer acuerdo con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en algo mejoraron lo malo que hay en la fórmula, lo cierto es que quedó abierta una tronera inmensa para aumentar por la vía de los datos de prueba los tiempos de patente, es decir, de monopolio, que conspiran contra la salud de los colombianos. Y como si fuera poco, quedamos peor que Perú en lo que tiene que ver con protección de datos de prueba de productos biotecnológicos y biológicos. Ese fue un plus a costa nuestra que los europeos le sacaron de ventaja a Estados Unidos.

Se está entregando gratis el mercado interno

El Tratado contiene un aspecto del que se habla poco. Uno de los líos que afrontamos en este debate es que son 1.300 páginas y uno dispone aquí de 60 minutos para explicarlo todo, cuando hay aspectos tan tremendamente negativos. Por ejemplo, en el Capítulo de Inversiones, Colombia les abre las puertas a Estados Unidos y Europa para que inviertan aquí como se les dé la gana. No me opongo a que haya inversión extranjera, pero sí creo que esa inversión debe reglamentarse de acuerdo con los intereses nacionales. Pero como estos acuerdos les dan trato nacional a los inversionistas norteamericanos y europeos, no podemos diferenciarlos de los inversionistas colombianos ni puede haber requisitos de desempeño. No puede decírsele a un europeo que viene a poner una empresa, usted me tiene que integrar la producción nacional de esta manera. No se les pueden poner impuestos especiales como ocurría antes de los TLC. No se les puede decir que se asocien con Ecopetrol a la hora de sacar petróleo, como sí podía hacerse anteriormente. En resumen, Colombia les entrega gratis a los inversionistas extranjeros nada menos que el mercado interno del país, el principal bien de una nación. Si a mí me preguntan cuál es el principal bien de una nación, les digo que no es el petróleo, ni el carbón, ni la ganadería, ni la agricultura. El principal bien de una nación es la capacidad de compra del pueblo, lo que conocen los técnicos con el nombre de mercado interno. Y esa que es nuestra principal riqueza la regalamos gratis, absolutamente gratis. Me dirá alguien, sí, senador Robledo, pero es que los inversionistas colombianos también podrán ir a invertir a París y a Berlín y a Madrid. ¡Como para Sábados Felices! Por supuesto que sí, pero es que resulta que aquí no hay inversionistas de verdad, fuera de algunos rentistas que compran tres o cuatro acciones en la Bolsa, que puedan aprovecharse de esa circunstancia. Porque si algo tienen detestable los tratados de libre comercio es que les confieren derechos iguales a todos los países, cuando las desigualdades son tremendas. Qué dirían ustedes si a un hijo de doce años lo pusieran a competir en tenis con un profesional de las ligas mayores y en las mismas condiciones. Ese es el tipo de manipulaciones que se dan en estos acuerdos para esquilmarnos y arruinar nuestro aparato productivo.

Y entonces la gente me pregunta, senador Robledo, y si el TLC es tan malo, por qué lo aprueban. Lo que pasa, respondo yo, es que es malo para unos y bueno para otros. La mitad de las trasnacionales que operan en Colombia son europeas, y les ha ido de maravillas. Ya incluso nos dictan a los colombianos cómo tenemos que pensar. Y por supuesto que aplauden todo los criollos que están conectados a ellas, porque si no, los echan del puesto. No se puede ser gerente de una trasnacional y oponerse al libre comercio. Y por supuesto que se enchapan en oro los mismos que van a importar la leche que acabará arruinando a los ganaderos colombianos.

Les voy a dar un dato que puede ser un detalle menor pero es muy ilustrativo. La Andi siempre fue en Colombia, y con ese nombre se creó, la Asociación Nacional de Industriales. El país hizo sacrificios grandes para hacer que la Andi promoviera el desarrollo de la industria. Pues bien, si usted entra a internet y marca Andi, aparece Asociación Nacional de Empresarios. Ya no es de industriales, es de empresarios. Y si ustedes observan con detenimiento el caso de la industria farmacéutica, verán que a la Andi están afiliadas Asinfar, los productores de medicamentos, y Afidro, las trasnacionales importadoras de medicamentos, que antes eran ensamblados en Colombia. Estas son las contradicciones que se viven. Y entonces no sorprende que alguien de la Andi, arrogándose el nombre de la industria nacional, nos diga que el TLC es un acuerdo de maravilla porque les va bien a las trasnacionales que operan en el país.

Agro y TLC

Miremos por último el tema del agro. Destaquemos primero la importancia del agro, porque uno oye aquí a estos señoritos de la tecnocracia neoliberal despreciando el agro como si fuera una especie de basurero. No, es la vida de millones de compatriotas. Es pieza constitutiva del mercado interno, porque ni la industria ni las zonas urbanas se pueden desarrollar sin un agro fuerte en el que haya una capacidad de compra importante para jalonar el desarrollo industrial. Es también la seguridad alimentaria del país. La comida, senadores y colombianos, no se parece a ningún bien. Uno puede vivir sin micrófonos, sin bolígrafo, incluso sin medicamentos, y algún tiempo sobrevive, pero no sin comida. Y el agro es el sitio donde se produce la comida. Esa es la definición más simple y más profunda que hay del agro. Y resulta que la línea del neoliberalismo, tal como la expresó en varios debates Jorge Humberto Botero, el ministro de Comercio que negoció el TLC con Estados Unidos, es la siguiente: primero, no importa no producir la comida, porque si se produce petróleo y carbón, hay con qué importar la comida. Y segundo, dijo él, “gracias, mil gracias por los subsidios agrícolas extranjeros porque nos permiten darle comida barata al pueblo colombiano”. ¿A la mano y barata? ¿Qué pasó en el 2008? Hubo una crisis alimentaria, se cerraron las exportaciones en buena parte del mundo y se dispararon los precios de los alimentos. Luego es mentira afirmar que en el mundo hay comida de sobra y que el que tenga petróleo o carbón u oro puede salir a comprarla, porque podría suceder que no la pueda conseguir o que la tenga que pagar a precios tan altos que se genere una hambruna en el país que ha renunciado a su producción agropecuaria.

No puede ser peor la experiencia agraria de Colombia en estos 20 años. Pasamos de importar un millón de toneladas al año a alrededor de 10 millones de toneladas. Están destruyendo el agro colombiano, la cebada, el trigo, el maíz, los granos de todos los tipos, las frutas, y eso que no han entrado en vigencia los TLC. El Tratado con Estados Unidos acabará con el arroz, acabará de borrar del mapa el maíz y la carne de cerdo. En leche nos golpea durísimo, lo dije hace cuatro años, y también en carne de res, en oleaginosas, en frutas, en verduras y hortalizas. En pollo: el que quiera ver un pollo que se afane.

¿Qué va a pasar en el agro con el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea? Les voy a leer una cita que en otro país les costaría la cabeza a los negociadores y al ministro. Me responde el Ministerio de Agricultura a una pregunta que le envié: “El Minagricultura no realizó ni contrató estudios académicos en el marco de la negociación con la Unión Europea”. Hasta una persona que va a poner una venta de chontaduro se consigue un cuaderno cuadriculado y un lápiz y dura dos meses haciéndole cuentas al negocio. Y aquí nos enfrentamos contra semejantes contendores sin hacer cuentas. No se puede gobernar un país de esta manera. El dogma neoliberal no puede ser tan dogmático y sobre todo en batallas tan difíciles.

El gobierno ha dado a entender, jugando con una imprecisión, que en el Tratado se acuerda desmontar subsidios a las exportaciones. Pero la plata grande de los subsidios agrícolas europeos no son los subsidios a las exportaciones sino las ayudas internas, como lo sabe cualquier estudiante de economía, y aquí el ministro sale a decir que los desmontaron. No, hay que ser serios. En el caso del PAC representa menos del 3% del total de los subsidios y nos dicen que los desmontaron. No, no los desmontaron. Nos vamos a estrellar con subsidios de más de cien mil millones de dólares al año. Demos una cifra que ilustre al asunto. Una vaca suiza recibe en respaldos del Estado 10 dólares al día, 3.650 dólares al año, o sea, 7.280.000 pesos. Por eso es que mucha gente suele hacer el chiste de que recibe más plata del Estado una vaca europea o norteamericana que un campesino de la India o colombiano. Es mejor ser vaca en esos países que campesino en Colombia. Esa es la realidad.

Conseguimos lo que ya teníamos

Aquí nos van a hacer creer que Colombia ganó muchas cosas y que el único problema es la leche. Digamos que quedamos con libre acceso en cebada, trigo y avena, bienes que compiten con la producción interna. ¿Qué fue lo que se logró? En muy buena medida se logró convertir en TLC el Sistema General de Preferencias, el SGP, un sistema descuentos arancelarios a una parte importante de los productos de exportación de Colombia a la Unión Europea. Lo que conseguimos es en resumen lo que ya teníamos. Es clave que quede claro este concepto. Lo que conseguimos es lo que ya hoy tenemos, que es el SGP. Un SGP que, además, ha venido perdiendo importancia con el paso de los años, pues la Unión Europea lo ha ido pasando a fórmulas de OMC y se han ido quedando desprotegidos de manera total. En las cuentas que tenemos nos dicen que en 2008 apenas el 13,8% de las exportaciones colombianas estaban en el SGP, porque en las demás ya habían desaparecido los aranceles. Estamos hablando de una suma de 33 millones de euros, suma que reviste cierta importancia, pero que es una bicoca frente a lo que estoy mencionando. Propondría que empezáramos a hacer desde ya una colecta para reemplazar la plata que se perdería si se acaba el SGP. Lo que no va a suceder. No se atreven en la Unión Europea a desmontar el SGP. Luego no nos saquen ese coco para hacernos creer que eso se lo ganaron.

Hay algo, doctor Plata, que espero que usted me explique, porque no lo tengo claro. Excluyeron de la negociación carne de cerdo, avicultura, maíz y arroz, y me llama particularmente la atención lo del arroz y lo del maíz, porque Europa es importadora de arroz y de maíz. ¿Por qué se excluyen de la negociación? Esos son sectores en los que hubiéramos podido entrar a competir.

Se nos dice que hubo grandes ganancias en una serie de productos y les replico: ya hoy están en arancel cero las flores, el aceite de palma, el café, el biodiesel y el tabaco. Mostrar entonces como la gran conquista lo que estaba en cero por ciento de arancel es una presentación efectista que no resiste análisis.

Los avances principales, reconozcamos, son dos. Primero, en banano se logra una rebaja en aranceles, de cierta importancia, digo yo, porque 13 millones de euros al año tampoco son tanto. Una parte se la van a dar también al resto del mundo porque ya estaba incluida en las normas de la OMC. Pero ojo, senadores, es que Colombia habría podido barrer a la Unión Europea en banano. Lo que está claro en la negociación es que en banano nunca habrá libre comercio, nunca llegaremos al cero por ciento, siempre se mantendrán unos aranceles. Y la gran gracia, nos dicen los negociadores, es que logramos rebajar un poco esos aranceles arbitrarios que nos están imponiendo. En lo que a los europeos les podría ir mal de verdad, que es banano, no habrá libre comercio. Y en lo que otro en lo que les podría ir mal de verdad a los europeos con Colombia se llama azúcar, pues los europeos producen el azúcar a unos precios escandalosos. Pues bien, en azúcar tampoco habrá nunca libre comercio. Nos dieron una cuotica, pero no libre comercio. Nos pasó aquí lo mismo que con Estados Unidos. La única posición del arancel con Estados Unidos que nunca se desgravará se llama azúcar. Y nos presentan como un triunfo muy grande haberse sometido a una posición arbitraria de la Unión Europea, que escogió y excluyó a dedo los productos que se les dio la gana del negocio porque no les convenían y eso nos lo quieren presentar como la gran ganancia para justificar que se arruine a 400 mil lecheros.

También nos van a decir ahora que en carnes conseguimos una cuotica. Pues bien, esa cuotica no existe en la realidad, porque Colombia no pasa las normas sanitarias y fitosanitarias europeas ni norteamericanas. Lo han dicho los ganaderos toda la vida en Colombia y en este campo no hay avances. Lo que se negoció en este TLC fue lo mismo que con Estados Unidos y se mantienen las normas de OMC en asuntos sanitarios, normas que hacen imposible entrar a esos mercados, salvo que ellos nos lo permitan.

En café fueron capaces de aceptar que se revise dentro de diez años el tema de la contribución cafetera y el de las calidades y quedamos incluso expuestos a las importaciones de cafés africanos a través de Europa. Les cuento, senadores, el tercer exportador de café del mundo ya no se llama Colombia. ¿Saben cómo se llama? Alemania, porque tiene como negocio comprar cafés baratos para reexportarlos a distintos países.

Luego si se mira con detenimiento lo que el gobierno llama ganancias, vemos que no son tan ganancias, porque en buena parte de los productos ya estamos en cero por ciento y aun así, no entramos a Europa. En etanol Colombia no entra porque no puede derrotar a los brasileños ni a los malayos ni a los indonesios. Esa es otra verdad que hay que explicarles a los colombianos. Si yo quiero vender un par de zapatos en Nueva York o en París, no basta con mejorar las relaciones comerciales con Estados Unidos y con Francia, sino que tengo que vencer a los competidores del resto del mundo. Cabe entonces una pregunta obvia: si aquí, en el propio país, Colombia no es competitiva en calzado frente a brasileños y asiáticos, ¿por qué si va a ser capaz de serlo en el mercado norteamericano o en el europeo?

Lo que opinan los propios ganaderos

¿Qué opinan los ganaderos, no el Polo ni el senador Robledo, de lo que pasó? Voy a leer textualmente algunas citas. El doctor Fernández, ministro de Agricultura, Caracol Radio, 3 de mayo: “El sector lácteo sí queda expuesto, no le podemos mentir al país, pero tampoco hay que dejar de firmar acuerdos comerciales con otros países porque un sector se afectará gravemente”. El doctor Fernández confiesa que el sector lácteo se “afectará gravemente”. Rafael Mejía, el presidente de SAC, fue el primero que protestó: “El agro salió perdiendo en el TLC con la Unión Europea. Estarían en riesgo 450 mil familias que viven de la leche”. Lo dicho, dicho está. José Félix Lafaurie, presidente de Fedegan, ha insistido muchas veces en el desastre que se avecina. Voy a leer una sola de sus declaraciones: “400 mil lecheros serán literalmente borrados del mapa cuando entre en vigor el TLC, que, como este ponen en grave riesgo a los productores su supervivencia a eso lecheros”. Analac: “No podemos competir con productos subsidiados, perdiendo las protecciones que teníamos”. Comité de Ganaderos de Caldas: “La avalancha de leches en polvo, quesos y lactosueros importados de economías basadas en ayudas internas a los productores y en subsidios a las importaciones y otros distorsionadores llegarán pronto a nuestros mercados inundando este sector y liquidando el hato lechero nacional”. El doctor Genaro Pérez, de Colanta: “El TLC es fatal, es otra estocada para el sector lácteo”. El doctor Genaro Pérez ha llamado la atención sobre un hecho: que Colombia ya está inundada de importaciones lácteas, que en parte explican la enlechada en la que estamos y los problemas de la ganadería. Él ha sido especialmente sensible en señalar la importación de lactosueros. Y nos van a llegar más, desde Estados Unidos desde el primer día y desde Europa en tres años, lactosueros con arancel cero que causarán un desastre.

Cuando particularmente yo hablo de este tema, no faltan algunos cómicos de la tecnocracia neoliberal que me echan en cara: senador, usted por qué defiende a los empresarios o a los ricos. Yo respondo, y cuál es el problema. No puedo estar de acuerdo con que se quiebre ningún productor. No veo cuál sea el chiste de que una empresa se cierre, ¿para quién es bueno? Cuando algún empresario se arruina, los que más sufren son los obreros que trabajan con él. Sin duda, es mejor ser un obrero explotado en cualquier empresa que una persona vendiendo mamoncillos en un semáforo, la alternativa que aquí se les deja a los arruinados del libre comercio.

En segundo término hay algo que los colombianos debemos saber. En la ganadería están algunos de los mayores propietarios de tierra del país, aunque también en azúcar los hay muy grandes. Hay una porción grande del latifundio en el negocio ganadero, es verdad. Pero hay otra verdad muy desconocida. El sector de la ganadería, tanto de leche como de carne, y particularmente de leche, está lleno de pobres. Nariño, todo el Altiplano cundiboyacense y en general las tierras frías, los Llanos Orientales, están llenos de pobres. Las cifras son elocuentes: 236 mil de 473 mil predios cuentan con menos de diez reses y con un promedio de cinco, sí, casi que para pedir limosna. El negocio está lleno de gente de una vaca, de media vaca, de un tercio. Muchos tienen la vaca en compañía con un primo o con el de la tienda. 387 mil poseen menos de 50 reses. ¿Cuánto vale una res? El promedio son 36 reses por predio, claro, no se está muriendo de hambre una persona con 30 reses, pero no me van a decir que es un magnate digno de ser acribillado por un Tratado como este, como si fuera un indeseable. Y a esos neoliberales que echan pullas porque en el Polo defendemos la producción empresarial colombiana, les he respondido con una réplica fácil de entender: pues sí, nosotros defendemos a los empresarios colombianos que generan prosperidad y que generan desarrollo en Colombia, y en cambio ustedes a los que están defendiendo es a los empresarios extranjeros. ¿O es que lo que nos viene importado no lo están produciendo los empresarios de esos países? Y si se trata de escoger entre empresarios nacionales y empresarios extranjeros, sin duda que escojo a los empresarios nacionales, porque soy colombiano y pienso que tenemos que hacer esfuerzos porque este país nos funcione de la mejor manera.

Hay riesgos grandes en la ganadería de carne, señores ganaderos del país y colombianos que me escuchan, de esto se ha hablado poco, porque Estados Unidos es una potencia ganadera en carne y Europa también. En Europa, después de las exportaciones de leche, la segunda exportación porcentualmente en importancia son los cárnicos. Ellos exportan muchas vísceras a precios muy bajos y exportan además cortes finos y cortes estándar que le pueden hacer daño a una ganadería como la colombiana, que está sobreofrecida. Luego a este tema de la carne hay que echarle ojo con detenimiento.

Los contentillos del gobierno

¿Cómo es el caso de la leche? Los amigos del gobierno han salido a decir que no va a pasar nada con la leche, aun cuando ya oímos al ministro haciendo una afirmación contraria. Y han insistido en que se va a importar inicialmente muy poco, que el plazo de desgravación va a ser muy largo y que en diecisiete años se reconvertirán los ganaderos y no pasará nada y los europeos se quedarán viendo un chispero como unos bobos y no van a poder inundar a Colombia de leche y de quesos. Es una teoría que he estado oyendo con mucha frecuencia: que aquí no se quiebra nadie. Les quiero recordar a las gentes del agro que aquí sí se ha quebrado mucha gente en el libre comercio. La quiebra del algodón en los noventa fue miedosa, el trigo y la cebada desaparecieron, está desapareciendo el maíz, va a desaparecer el arroz. Es decir, la quiebra es una posibilidad real. Estos TLC se hacen para que año por año vaya facilitándose la importación eliminando aranceles hasta que en un plazo desaparezcan por completo. Es como estableciendo un orden de quién se quiebra de primero, quién de segundo, quién de quinto, y los últimos que se quiebran son los que salen del mercado con arancel cero. De eso se trata, esa es la mentalidad del asunto.

En el primer año de vigencia del TLC van a entrar al país cinco mil toneladas de leche en polvo y dos mil toneladas de quesos, estoy redondeando las cifras, en total siete mil toneladas. Traducidas a leche líquida, para entender el impacto, son unos 68 millones de litros. Si se compara este volumen con el total de la producción nacional, parece una cantidad menor y aquí, estén seguros, lo va a enfatizar el doctor Plata. Va a decir que es por ahí el uno por ciento o el medio por ciento del negocio lechero nacional, aun cuando en mis cuentas da más o menos el dos por ciento del canal formal del negocio de la leche en Colombia, de lo que tramitan las pasteurizadoras. Pero ojo con esta cifra: representa el 86% de lo que conocen los ganaderos con el nombre de enlechada. ¿Qué es la enlechada? En Colombia, cuando hay invierno, se produce más leche, no hay quien la compre y ante el exceso de la oferta se caen los precios. Es un asunto que hay que grabarse en economía. Cuando hay mucho de un bien, los precios se caen, además porque en la pobreza nacional la gente no toma más leche, sino que sigue básicamente tomando lo mismo. El primer año del TLC, y la cuota sube todos los años y sube y sube, esa importación de que hablamos reemplaza una cantidad de leche igual al 86% de la enlechada. A lo anterior hay que sumar lo que Fedegan ha explicado, y es que no es solo el TLC con la Unión Europea, sino también el negociado con Estados Unidos, y hay acuerdos con Mercosur y hay acuerdo con México y hay acuerdo con Chile. Ya hoy a Colombia están entrando leche en polvo importada y lactosueros. Parte de la crisis del negocio lechero obedece precisamente a esas importaciones. Cuando se suman entonces todos estos contingentes, ¿a qué se llega? A 16.600 toneladas de leche en polvo y 8.000 toneladas de queso, es decir, 24.682 toneladas, equivalentes a 280 millones de litros de leche. Estamos hablando ya aquí de una cantidad que puede ser algo así como el 10 por ciento de toda la leche que se comercializa a través del sector formal de la economía, un volumen bien grande que debe, a mi juicio y al de los especialistas, desquiciar la economía de los productores de leche. Porque este es un negocio lleno de déficit, un negocio que difícilmente pueden resistir los lecheros antioqueños o los de Boyacá o los de Nariño y que puede también terminar quebrando el sector empresarial, sobre el que pesan otras cargas económicas que no tenemos tiempo de desarrollar aquí.

Para ilustrarlo de una manera sencilla, esa importación de leche, aun cuando no sea igual al total de la leche producida en Colombia en un año, funciona un poco como la gota que rebosa la copa de un vaso lleno de agua. Cuando un vaso está lleno y se le echa una gota, se riega mucho más que la gota que rebosó el vaso. Aquí pasa lo mismo. Es un sector que se encuentra sobreofrecido, que padece graves problemas de comercialización, sobre el que caen todos los problemas que afectan nuestra economía. Ya el fenómeno se ha visto en el arroz. El año pasado los precios se hundieron porque el gobierno, de manera irresponsable, facilitó una importación y hubo contrabando. Entre paréntesis, doctor Fernández, me dijo una persona a quien le reconozco su seriedad que el compromiso del gobierno es abrir las importaciones de arroz de Ecuador una vez pase la campaña electoral. Le pido el favor de que se refiera en su intervención particularmente a este tema.

Ya hay crisis lechera y la manipulación del Conpes lechero

Concluyo entonces afirmando que ya aquí hay una grave crisis lechera y ganadera. El doctor Genaro Pérez lo ha señalado y lo ha señalado el doctor José Félix Lafaurie y en general todos los dirigentes del sector. Lo que el gobierno va a hacer terminará agravando el problema. Se ha dicho que todo va a resolverse con un Conpes lechero que dizque va a planificar la reconversión del sector. Me da pena con el gobierno, pero no le creo ese cuento. Fue la misma historia de Agro Ingreso Seguro. Este es un sector al que le echan todos los cuentos. Esos Conpes, esos centavos que da el gobierno nacional podrán alcanzar para aceitar la maquinaria gremial y política, y para eso alcanza, seguro, pero no resuelve el problema de la reconversión. Por lo demás, hay una cosa obvia. Si se trata de reconvertir el sector, no firmen el TLC. Primero lo reconvertimos y después lo firman. Pero es absurdo que se quiera reconvertir un sector en medio de una avalancha de leche y de quesos importados.

Ahora, hasta donde se ha filtrado en los medios de comunicación, el Conpes lechero apunta a algo que desde ya quiero rechazar, y es a perseguir el comercio informal de leche. La mitad de la leche en Colombia se comercializa por la vía de la informalidad, por la vía de la leche cruda. Este es un sector que aun cuando pueda ser discutible en términos sanitarios, y no es el momento de hacer esa discusión, lo cierto es que en algo protege a los ganaderos. Si estos no le vendieran a la informalidad, no tendrían a quien venderle, porque las grandes pasteurizadoras no llegan hasta los sitios más remotos de las cordilleras colombianas. La demanda del sector informal también presiona un poco al alza los precios internos de la leche. Si a ese sector lo sacan del negocio, los precios de la leche se caerían por esa vía, no solo por la de las importaciones. Desde ya quiero rechazar enfáticamente que se quiera sacar del mercado a este sector informal. Porque preguntémonos ¿quiénes son los que van a hacer la importación de leche? Principalmente las pasteurizadoras, buena parte de ellas de trasnacionales europeas, que van a hacer el negocio de su vida comprando allá seguramente a precios muy buenos para entrar en conteiner a Colombia, revolver con agua y quitarse todo ese lío de encima de estar recogiendo una por una las cantinas regadas por las montañas de Colombia. Y si además no hay comercio informal de leche, pues eso sí es ganarse el baloto en proporciones de miles de millones de dólares de ganancia.

Estos tratados de libre comercio, entonces, nos arrebatan la potencialidad de crear riqueza. Dejan inútiles nuestros campos. En Colombia hay nueve millones de hectáreas de tierra que no se sabe qué hacer con ellas. Tenemos millones de compatriotas en el desempleo, un desperdicio descomunal de un factor productivo. Nos arrebatan la posibilidad de crear industria y hacer desarrollo científico y tecnológico. Desnacionalizan la economía, porque quedan mandando en la economía nacional los extranjeros y si mandan en la economía, van a mandar también en la política. El tema hay que debatirlo con seriedad, no me lo despachen como si fuera un asunto de menor cuantía. No es lo mismo que el que manda en Colombia sea un Rodríguez a que sea un Carlos Slim o algún otro personaje extranjero que ni siquiera sabe dónde queda Colombia y mucho menos cómo viven los lecheros de Antioquia o Boyacá. Nos quitan la seguridad alimentaria, es decir, nos quitan la soberanía nacional, en un mundo convulso y en medio de una crisis que puede terminar en guerras mundiales. Eso es lo que nos anuncian aquí las crisis norteamericana y europea, problemas extremadamente graves para salir al mundo desnudos.

Esta es mi propuesta: aquí tenemos los congresistas de Colombia desacuerdos en muchas cosas, pero pienso que en este tema deberíamos ensayar un acuerdo nacional aquí en el Congreso para que ese TLC no se apruebe, porque vamos a proteger este sector de la ganadería y de la leche, productores que son muy pobres y tal vez atrasados, pues sí, pero son los nuestros. Y es inaceptable que ese sector se quiera destruir con el cuento de que es que va a durar cinco o diez años más. No. Aquí necesitamos leche y ganadería por todos los tiempos que esta nación perdure. Entonces, mi invitación a los ganaderos colombianos es a que no se vea el TLC como un hecho ya inobjetable. Esta política se puede derrotar en la medida en que los colombianos, de manera democrática por supuesto, nos movilicemos, demos razones y demos argumentos para que el Tratado no pase, porque es contrario al interés nacional.

RÉPLICA A LAS INTERVENCIONES DEL MINISTRO DE COMERCIO Y DEL MINISTRO DE AGRICULTURA

La política de libre comercio ha sido un desastre para Colombia, quiero enfatizarlo, señor presidente, con retroceso industrial, con retroceso agropecuario, con la peor tasa de crecimiento desde 1950, con aumento del desempleo y la informalidad, ademas de concentración de la riqueza y especialización en productos mineros a la hora de exportar. Por donde se mire es horrible. Ahí están las cifras. Los ministros siempre negarán esta realidad, porque si la llegan a aceptar, se les hunde toda la teoría. Pero los hechos nos dicen que ha sido así. Las exportaciones que han aumentado en proporciones importantes son las de productos mineros. En exportaciones agrícolas estamos básicamente en lo mismo, café, banano, flores, la misma cosa. El balance de los 20 años es malísimo.

Nada concreto: solo quimeras

Quien haya oído con atención la intervención del doctor Plata notará que se la pasó ofreciendo quimeras, sueños, anhelos, esperanzas. Él no dice: vamos a exportar tal cosa, en esto vamos a avanzar, dentro de cinco años tendremos tal posición ganada. Él dice: seguramente, es posible, de pronto, es de esperarse. Hoy nos vendió incluso la cifra de que en treinta años los chinos tomarán mucha leche y que, de pronto, los lecheros colombianos, los que sobrevivan al TLC, les venderán algún tetero de leche. Todo son sueños, quimeras. Llevo veinte años oyendo hablar de posibilidades, que de pronto, que productos de talla mundial, que antes la gente se echaba un solo perfume y ahora se echa varios, que miren el nicho que allí se abre. Pero no pasa de ser esperanzas, porque la realidad, que yo lamento, nos dice que en las condiciones productivas de Colombia no es posible avanzar en los mercados internacionales.

Nos dice que los subsidios europeos a su agro van a desaparecer porque en la Ronda de Doha sucederá algo, y resulta que la Ronda de Doha está varada hace no sé cuántos años. Pero, por supuesto, calla que los europeos no van a desmontar sus subsidios ni los gringos tampoco, porque no van a renunciar a su seguridad alimentaria, a su soberanía alimentaria, en lo que tiene que ver con los productos estratégicos de la alimentación de sus pueblos.

El ministro entonces nos cita a Corea y Japón. He estudiado los casos de Corea y Japón y cualquier cosa puede usted decir, ministro, menos que la experiencia de Corea del Sur o de Japón sea la prueba del “libre comercio”. No. Lo es de la protección. La próxima vez que vaya a Japón pregunte por qué hay tan pocos Mercedes Benz en las calles japonesas, en términos relativos. Porque están fuertemente protegidos contra ellos, por distintos mecanismos de la economía japonesa, que protege su industria automotriz. Son países que se construyeron en medio de la protección y siguen protegiendo sus economías. ¿Por qué se produce arroz en Japón? Es el arroz más caro del mundo. Lo producen porque es el de ellos y se están protegiendo.

Dos cosas más en la intervención del doctor Plata. Es cierto que el contingente de azúcar crecerá indefinidamente, pero usted no mencionó que crecerá 1.680 toneladas netas al año. No es un crecimiento compuesto, sino simple, lo que quiere decir que para doblar el contingente pasarán 32 años. Esto es una burla en la negociación. Es una burla en la negociación que a un contingente de solo 60.000 toneladas se le dé un crecimiento de 1.680 cada año. Con otro agravante, y usted debe saberlo, que es un contingente que va a ser administrado por negociantes de la Unión Europea. Los importadores son los que van a administrar el contingente. Entonces, quién se va a ganar la plata de esa importación, ¿los colombianos o los europeos? Es la misma pregunta que hay que hacerse en el caso del banano. En algo bajan los aranceles, no hasta la desgravación total, pero en algo bajan. ¿Quién va a terminar apropiándose la utilidad de esos aranceles que disminuyen? ¿Los agricultores colombianos o las trasnacionales que a escala mundial controlan el negocio?

El doctor Fernández, ministro de Agricultura, dice que es que no hay que mirar la producción sino los precios (para analizar los resultados del agro en relación con la balanza comercial). Creo, ministro, que hay que mirar las dos cosas, la producción y los precios, y los precios hay que mirarlos con beneficio de inventario, porque los precios internacionales de los productos que exporta Colombia cuando suben, no suben por culpa de Colombia, por decirlo así, sino de factores externos que no controlamos. O suben como han subido los del café colombiano, porque no hay café. Luego el alza de los precios del café que le cuadran su balanza comercial, en términos de precios, se vuelven una prueba contra el Ministerio de Agricultura. Los precios del café han subido en el mercado mundial porque tuvimos el año pasado la peor cosecha cafetera en cuarenta años, desastre en el que por supuesto tiene una responsabilidad muy grande este gobierno.

Muy negativo que estemos importando 10 millones de toneladas

Es inaudito que el ministro de Agricultura aduzca que no debe mirarse como un fenómeno negativo las importaciones de productos agrícolas, que hoy se acercan a los diez millones de toneladas. ¿Por qué, según él? Porque con esas importaciones de maíz les dan comida a los pollos y a los camarones. Bueno, pues sí, algo tendrán que hacer con lo que importan. Y la leche que van a traer de Europa no la van a botar por las alcantarillas, se la darán a los niños y a las viudas y a los huérfanos, pero es que la discusión aquí no es esa. La discusión que estamos haciendo es si Colombia produce o no la dieta de su nación teniendo tierras, productores y aguas suficientes y si esa producción se está haciendo en el territorio nacional.

Con respecto a la leche, tres o cuatro comentarios. Los ministros evadieron algo que aquí señalé con toda precisión. No es solo la importación de leche que va a llegar de la Unión Europea. También es la que va a llegar de Estados Unidos, Mercosur y de otros sitios. Y di la cifra y ustedes la evadieron: 280 millones de litros de leche equivalentes, el 10 por ciento de la producción formal o de las pasteurizadoras colombianas, un volumen inmenso. Y ojo, esto es sin lactosueros y aquí voy a detenerme. El señor ministro de Agricultura se lució diciendo que él había controlado en parte la importación de lactosueros a Colombia, cosa que me alegra que se haya logrado en parte, no lo suficiente, porque ya hemos oído a los productores denunciando que las importaciones de lactosueros les han hecho unos daños enormes. Pero el problema, ministro, es que la argumentación suya se vuelve en su contra, porque el TLC con Estados Unidos tiene libre importación de lactosueros desde el primer día y el TLC con la Unión Europea tiene libre importación de lactosueros desde el tercer año. Resulta entonces que los lactosueros no aparecen en los periodos de desgravación de los que ustedes se ufanan y los solos lactosueros son capaces de desquiciar, como lo han hecho, los precios internos del sector lácteo colombiano. Si hay un punto que quedó extremadamente mal negociado fue este, pese a las advertencias del sector productivo, porque el sector productivo les insistió, particularmente en la negociación con Estados Unidos, que no fueran a aprobar así lo de los lactosueros.

Nos dicen entonces que hay un problema que no se puede negar, pero que viene el Conpes lácteo. Son afirmaciones para confundir a los ganaderos y a los colombianos. Yo recuerdo, y lo comentábamos con algunos aquí, que en los días en que se acercaba el TLC con Estados Unidos ustedes nos echaron el cuento de “la agenda interna” que supuestamente iba a mejorar la competitividad colombiana y a solucionar las debilidades. Les pregunto a los colombianos que nos escuchan y a los senadores: ¿alguien de ustedes volvió a escuchar, después de aprobado el TLC con Estados Unidos, la frase agenda interna? ¿Alguien volvió a hablar del tema de alguna manera? Nadie. Entonces a mí me da mucha pena, pero la realidad me confirma que esas teorías de que el Conpes lácteo nos va a salvar no son aceptables. Además por esto, colombianos: decir que con un Conpes lácteo, que tenga plata, dice el ministro Fernández, vamos a enfrentar la competencia europea y norteamericana, una competencia de subsidios astronómicos, carece de sentido. Hablar de enfrentar las tesorerías norteamericana y europea con la tesorería colombiana es una desproporción que no resiste análisis. Es echarle cuentos a la gente, meterle en la cabeza que con unos cuantos pesos del Conpes lácteo se va a resolver el problema cuando, repito, estamos desafiando las tesorerías más poderosas de la Tierra. 140 mil millones de dólares valen los subsidios agrícolas de la Unión Europea, los norteamericanos ya deben andar por encima de 80 mil millones de dólares al año, y vamos a enfrentar semejante desafío con la escuálida tesorería colombiana.

Se ha mencionado también que la Unión Europea dizque nos va a dar la mano para resolvernos el problema de la menor competitividad del sector lácteo nacional. Ya alguien lo mencionó aquí. Curioso. La Unión Europea firma un TLC con el que nos saca los ojos en el sector lácteo, y ahora nos va a salvar de ese Tratado. Nos van a salvar los mismos que nos hacen la emboscada. No. La Unión Europea puede que nos tire unos euros, seguramente lo va a hacer, pero ahí sí que cabe la frase: espejitos, espejitos como los de hace quinientos años que nos trajeron los españoles para cambiarlos por el oro en América. Espejitos. Porque es obvio que esos espejitos no alcanzarán para revertir lo aprobado.

Tomé nota sobre la carta adjunta. La carta adjunta es un sofisma de distracción, porque aun cuando sea vinculante como usted dice, doctor Plata, lo que aclaró el doctor Fernández es que en esa carta se lee que la Comisión “podrá examinar los impactos”. Podrá examinar los impactos quiere decir que podrá no examinarlos y que si los examina, en nada la obliga a tomar determinaciones. Los europeos harán lo que se les dé la gana, porque por supuesto que cualquier modificación a lo acordado solo podrá hacerse por consenso, no de manera unilateral. Entonces, me excusan, ministros, pero no intenten meternos los dedos a la boca porque ya somos harto veteranos en estos debates.

Se quiere sacar del mercado a los informales

Y no me gustó para nada lo que alcance a oírle, ministro Fernández: que el Conpes lácteo debería servir entre otras cosas para formalizar a los informales del comercio de leche. Porque lo que le he visto hacer a este gobierno durante tantos años cuando habla de formalizar a los informales del comercio de la leche es sacarlos del mercado y arruinarlos. Sería un error gravísimo, contrario a los intereses de los ganaderos colombianos, anticiparles la ruina para abrirles camino a las importaciones de leche en polvo y de lactosueros. Y llamo a todos los colombianos a que nos mantengamos vigilantes. Que con el cuento de la tecnificación, que con el cuento de la salud pública, se tome una determinación que apunte a abrirles camino a las importaciones de leche y a fortalecer el monopolio de la pasterización.

¿Qué hacer? Si yo fuera ganadero, que no lo soy, ¿qué haría? De paso les cuento a los ganaderos que ni soy ganadero ni arrocero ni nada, no tengo finca ni mi señora ni mis hijos ni mis hermanos ni mis padres. Aquí se ha creado una especie de fábula con respecto a la supuesta riqueza del senador Robledo, de la cual carezco. Pero si yo fuera ganadero, tomaría varias determinaciones. La primera, aceptaría, tomando la verdad de los hechos, que esta política apunta a quebrarlos, que la política del gobierno nacional es que se salve el que pueda y que por eso firmó el Tratado así. Ya expliqué que la concepción neoliberal parte de la idea de la división internacional del trabajo y se caracteriza porque el que se quiebre que se quiebre y se acabó el cuento. Esa es la concepción de fondo, doctor Plata y doctor Fernández, y ustedes lo saben. Luego nada de ilusiones, aquí no se puede pensar con las ganas. Esa es la realidad. Y frente a esa realidad no caben sino dos posibilidades. Una, que los ganaderos digan, bueno, qué le vamos a hacer, este es el mundo, nos sacan del negocio y ya veremos qué sembramos en las tierras frías de Colombia o qué hacemos con las producciones de leche en las tierras cálidas.

La otra idea es adoptar la decisión de resistir, de derrotar ese punto, de levantar la bandera de que la leche debe ser excluida del TLC con la Unión Europea, como se excluyó el arroz, y no me han explicado por qué se excluyó, como se excluyó el pollo, y no me han explicado por qué, como se excluyeron otros dos productos, carne de cerdo y maíz. Y entonces me pregunto: si esos productos se excluyeron, por qué no se puede excluir la leche.

Y qué hacer para ganar esa lucha tan complicada. Si yo fuera ganadero, promovería la unidad de todos los sectores de la ganadería. Sé que en el mundo del agro y en el mundo del ganado hay contradicciones, unas organizaciones y otras, hay puntos de vista, hay discusiones de 20 años, seguramente ha habido roces, heridas, como es natural que existan en las controversias. Pero diría que es el momento de promover la unidad del sector. En parte pienso que se los ponen de ruana porque el sector está desunido. Con un sector unido, medio millón de ganaderos unidos, y con el respaldo de este Congreso, uribistas y no uribistas, partidarios de un candidato o de otro, espero que logremos hacer un acuerdo político en Colombia que apunte a proteger ese sector del agro nacional. Vamos a defender la idea de que aquí hay sectores que deben existir. Pienso que el arroz debe existir y el maíz y otra serie de productos que están siendo arruinados por esta política. Los colombianos tenemos derecho a utilizar nuestras tierras, nuestras aguas, nuestras gentes. Vamos a relacionarnos con el mundo, sí, doctor Plata, y no me tergiverse lo que dije. Yo estoy por relacionarnos con el mundo, pero no con tratados de libre comercio, porque además es una falacia insinuar que la única manera de relacionarse con el mundo es a través de tratados de libre comercio. Estados Unidos no tiene tratados de libre comercio con Europa, Japón no tiene TLC ni con Europa ni con Estados Unidos, Brasil tampoco y así muchísimos países de la Tierra, y mantienen relaciones económicas entre sí mucho más grandes que las nuestras. Luchemos entonces por un mundo interconectado. No estoy por la autarquía, por el aislamiento, sino por un mundo interconectado.

Cuando estos neoliberales se me paran delante diciendo que el senador Robledo está por el aislamiento, yo respondo: no me sorprendería que en algunas de sus vidas anteriores, por allá en 1810 ó 1819, también ellos se hubieran opuesto a la Independencia de Colombia con la tesis de que Bolívar y Santander estaban por la autarquía, por aislar al país del mundo. No, no estaban por el aislamiento. Lo que ellos le estaban diciendo hace doscientos años al mundo era que la Nueva Granada, lo que hoy es Colombia, sí quería relacionarse con el resto de las naciones, pero no a través del yugo de la Corona española. Y hoy diríamos, no a través del yugo de Washington ni del de los comisionados europeos, sino en una relación fraterna, democrática, en la que los unos ganen pero los otros también, en la que se protejan los intereses y los derechos de los nacionales de Colombia para hacer de nuestra nación, no una nueva forma de colonia, como finalmente está sucediendo, sino un país libre, democrático, próspero, donde la gente no se muera de hambre.

luispuyana - 2010-05-22 11:34:39

ROBLEDO COMO SIEMPRE CON HECHOS Y ESTADÍSTICAS SIGUE APORREANDO A ESTE MAL GOBIERno a Álvaro Uribe que nos quitó con la Ley 50 la retroactividad de las cesantías y con la Ley 789 las horas extras, dominicales y festivos, para favorecer al capital especulativo internacional al que le prohibió no pagar impuestos con esas zonas francas y contratos de seguridad jurídica, mientras a los trabajadores y clase media los rellena con los impuestos más caros de América Latina como es ese regresivo 16%IVA, 4XMIL, y peajes por doquier, que prefiere más los alimentos extranjeros que los nacionales.

SI EL URIBE NEOLIBERAL FUERA PRESIDENTE EN EE.UU, Y PROPUSIERA COMPRARLE EL AZÚCAR A COLOMBIA, AL DÍA SIGUIENTE SERÍA TUMBADO POR LOS PRODUCTORES NORTEAMERICANOS, es que allí saben respetar su soberanía alimentaria. Y LE IRÍA PEOR SI CONVIRTIERA LA DEA como convirtió el DAS, en un nido de asesinos paramilitares, sus 300 millones de habitantes se le rebelarían y le aplicarían no pena perpetua sino la pena de muerte. Otro tanto le sucedería a Santos Positivos y al Mockus, que eligieron el destino de arruinar el sector agrícola de nuestro país.

EL URIBE Y SUS MINISTROS NOS SALEN QUE EN TODO TLC HAY GANADORES Y PERDEDORES, PERO PORQUE SERÁ QUE NI EN EE.UU. NI EN EUROPA NO HAY NINGUNO, siempre con la ley del embudo, lo ancho para los extranjeros y lo bien angosto para Colombia.

CONTRA LOS VENDEPATRIAS NEOLIBERALES DE SANTOS-URIBE-MOCKUS VOTE POR GUSTAVO PETRO Y SU PROGRAMA DEMOCRÁTICO DEL POLO

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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