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Luis Gilberto Murillo se quitó la máscara

Jorge Salgado, Chocó 7 días, Quibdó, agosto 29 de 2016

Dijimos en este mismo espacio, hace poco más de tres meses, que el nombramiento de Luis Gilberto Murillo Urrutia en el Ministerio del Medio Ambiente representaría para él un inmenso dilema ético.

En ese entonces señalamos como paradójico que el nuevo ministro, ingeniero de minas con maestría en minería de cielo abierto, tuviera a su cargo la defensa de los colombianos frente a los ingentes daños ambientales de la gran minería. Nos declaramos a la expectativa de conocer la decisión del ministro ante la disyuntiva que plantea defender los derechos ambientales o los voraces intereses de las multinacionales.

De otro lado, no quedaba claro cuál sería la postura del ministro cuando estallara el conflicto entre las urgencias sociales del Chocó, que tarde o temprano se desbordarían, y la indiferencia crónica del Estado.

La duda consistía en saber si apoyaría las decisiones de su jefe, acomodándose a su nueva condición burocrática, o acompañaría las justas demandas del pueblo chocoano. Lo que no daba lugar a dudas era el papel de subordinación y complacencia de Murillo Urrutia en relación con las impopulares políticas del presidente Juan Manuel Santos.

Con todo y eso, conservábamos la esperanza de una vocería franca y altiva del territorio. Pues bien, llegó el día en que esas dudas se despejaron. Con ocasión del Paro Cívico Departamental que acaba de levantarse, en el cual salieron a relucir elementales exigencias en materia de vías, hospitales y saneamiento básico principalmente, la postura de Murillo Urrutia reflejó meridianamente su talante de embaucador y traicionero.

En el Chocó “se ha hecho una inversión de cerca de siete billones de pesos. Creeríamos nosotros no se ha avanzado más porque hay problemas institucionales internos”, ha dicho el hoy ministro. “El Contrato Plan ha tenido muy buenos avances por el lado de Antioquia y por el lado de Córdoba, pero ha tenido dificultades en el lado del Chocó, que son debilidades propias de la debilidad institucional que se registra en el Chocó”, remata, dejando entrever, con la afectación propia de su ambiguo lenguaje, que el paro era injustificado y que los malos manejos administrativos han dilapidado la supuesta inversión de este gobierno.

Lo que no dice Luis Gilberto en su dañino discurso es que los billones de marras están diluidos entre los subsidios que apalancan el asistencialismo y las obligaciones propias del Estado.

La mayoría de los proyectos adelantados durante los últimos años en el Chocó se han financiado con los recursos extraordinarios de regalías, e incluso con inversión privada, como en el caso del complejo comercial que se construye frente al aeropuerto de Quibdó.Se debe decir también que fue Santos quien liquidó el contrato que daba continuidad a la vía al mar y el de electrificación de Sipí, Medio y Bajo Baudó. En los últimos dos cuatrienios se ha agudizado la crisis social en el Chocó, con un aumento desproporcionado del desempleo, la pobreza, la desnutrición y la mortalidad. Flaco servicio le hacen las palabras de Murillo Urrutia al Chocó y su gente. Esas desatinadas declaraciones despojan de toda responsabilidad al Estado colombiano frente a nuestro drama social, asumiendo que el cuadro de postración que presenta el Chocó es culpa exclusiva de los mismos chocoanos.

Casualmente, esa misma premisa la ha utilizado el gobierno central durante décadas para negarle a este departamento las mínimas condiciones que contribuyan a su desarrollo. Y es también utilizada por la dirigencia antioqueña para apropiarse de partes del territorio chocoano.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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