Engrasado, con unas gotas de sudor corriendo por su rostro, Jairo domina el metal transformándolo en una herramienta al servicio del hombre. Los molinos de arroz, los procesadores de grano, la agroindustria encuentran soluciones en él. Aprendió empíricamente el oficio de la metalmecánica, no hubo para la universidad y las lecciones las recibió de informales maestros en los talleres desde muy temprana edad. El torno y el soplete de soldadura en sus manos son casi instrumentos quirúrgicos con los que moldea el latón de mil formas. Decidió que no sería empleado de nadie y por eso montó su propio negocio, los ingresos resultan cuando hay contratos, aunque no abundan sin contactos y por el contrario se han vuelto escasos. La apertura económica en los últimos años facilitó la sustitución de trabajo nacional con importaciones lo que condujo al cierre forzoso de muchas empresas y las que sobreviven aprovechan para bajar los salarios y el valor de los trabajos. Esta es una forma de hacer empresa.
Otro modelo es el de Mauricio, un glamoroso corredor de bolsa, hace pocos años le apostó a las acciones punto.com y arrastró a muchos de sus clientes a la quiebra, perdieron los ahorros de su vida atraídos por el sueño de grandes dividendos, al final todo terminó en pesadilla. Para este agente bursátil sus héroes son como Gerónimo - por supuesto que no se trata del legendario aborigen norteamericano que resistió largamente los atropellos al pueblo Apache- nos referimos a un muchacho medio perezoso, el típico gocetas. Su papá tiene un cargo muy alto en el gobierno lo que le permite disponer de información privilegiada la cual no duda en aprovechar en su beneficio. Recientemente supo del proyecto de una vía que iba a valorizar los terrenos de una zona por los que pasaría, contactó al Alcalde del lugar y le propuso el negocio, comprar ahora después viabilizar en el POT la declaración de zona especial para que la valorización fuera mayor y luego vender lotes para embolsillarse una jugosa utilidad sin mayor esfuerzo. El con sus contactos garantizaba la vía y la declaración de zona Franca, el otro solo tendría que facilitar el proceso y esperar su parte.
Como diría un docente, son dos realidades empresariales diferentes con obvios resultados: el primero contribuye y el segundo depreda. No se requiere un titulo en ciencias económicas para comprender que la verdadera riqueza proviene de agregar valor, es decir, de resolver necesidades reales de la sociedad, la especulación es como el maquillaje, una vez se quita se queda en los cueros, el especulador termina Madofficado para hablar en términos contemporáneos. Sin embargo la sociedad moderna se ha empeñado en exaltar al especulador y en denigrar del trabajador, es la consecuencia lógica de un mundo en el que predomina el capital financiero, inmensas masas de dinero que buscan donde realizar grandes utilidades las cuales, en el mundo de hoy, solo son posibles con el favor de quienes definen las reglas de los negocios. La libertad del comercio es una ficción hábilmente presentada por quienes gozan de todas las ventajas para ganar la competencia, o si no pregúntenle a los pioneros de la venta al por menor en Colombia- almacenes Ley, Carulla y Éxito- que terminaron entregando sus negocios al capital transnacional, tal como ocurrió con el transporte aéreo (Avianca), la explotación del carbón, el oro, el níquel, las cementeras, las telecomunicaciones (Telecom), los servicios públicos (EEBB, Acueductos) y próximamente la empresa petrolera Ecopetrol si continúa el empeño por privatizarla. El trabajo nacional es un patrimonio que la sociedad colombiana debería proponerse recuperar si en verdad aspira a salir del atraso y erradicar la miseria. Las astucias en los negocios son solo flor de un día.
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