Me han pedido, a nombre de muchas personalidades de la cultura que sin distingos de militancias partidistas nos sentimos bien representados por Jorge Enrique Robledo en el Senado de la República, hacer una pequeña apreciación de lo que nos suscita su figura.
Lo primero que quisiera destacar es cómo, tras los dos períodos legislativos que lleva como senador, con su aparición en un plano nacional tan relevante y sobre todo en momentos de tanto aturdimiento intelectual, ha logrado abrirle hondas fisuras a nuestro incorregible escepticismo.
Me resulta admirable su capacidad argumentativa, lo mismo que la fidelidad y defensa de sus principios, en un momento de reventa de ideales y de reacomodo político. Su andadura es muy distinta a la de quienes para justificar el travestismo político podrían decir con desparpajo: los principios dejémoslos para el final.
Mencionar que muchos de quienes lo admiramos no pertenecemos a su partido, creo que ante todo es una forma de destacar que en un país con tan escasa cultura política se empiezan a tener en cuenta más las ideas y las personas que las sectas irreconciliables. La suya resulta por lo tanto una figura aglutinante.
Jorge Enrique Robledo es el dedo acusador de muchos que no tienen un escenario político, de muchos que queremos despertar conciencias y apuntar a la llaga, a la herida abierta entre la comunidad y el Estado, esa ficción bastarda que sentimos como imposición y nunca como acompañamiento.
El carácter frontal del senador Robledo lo ha llevado a ejercer un control político en un país descontrolado, algo que no es poca cosa en un momento de vasallajes y entreguismos. Ese carácter abierto jamás se desborda en dicterios ni en injurias. La suya es, qué duda cabe, una lección política de civilidad que tiene en nuestro medio muy escasos y dignos antecedentes.
Un listado somero de sus debates, que englobe el Tratado de Libre Comercio, los negocios de la familia presidencial y lo ocurrido en torno a las aberrantes maniobras en Invercolsa o de Agro-Ingreso Seguro; su actitud refractaria y nítida frente a la instalación de las bases norteamericanas en nuestro suelo y su consecuente cipayismo, sus debates en la comisión quinta sobre vivienda, recursos energéticos y agricultura, bastaría para señalar cómo Jorge Enrique Robledo participa del estudio y reflexión de los más variados asuntos que atañen a la vida nacional, aunque muchas veces sean asuntos que la parte autista de esa misma nación ni siquiera perciba.
Su claridad y capacidad reflexiva airean el panorama mefítico de la política colombiana.
Como el poeta libertario de Martinica, Aimé Cesaire, en cada hombre perseguido o humillado se siente igualmente perseguido y humillado.
A Robledo también lo miran con respeto y gratitud los paneleros, los corteros de la caña de azúcar, los trigueros de Nariño, los algodoneros del Cesar, los indígenas del Cauca, los acosados cafeteros, todo un país que se resiste a desaparecer de sus discursos aunque ya haya desaparecido de los planes y del nuevo mapa del gobierno. Inclusive lo respetan sus opositores. Lo respetan, le temen, y de cuando en cuando lo calumnian.
Otra cosa que en lo particular le agradezco es su sopesada ironía, no la ironía que esgrime con impudicia el cinismo oficial, sino la ironía de quien sabe que el humor es también una forma de resistencia, una forma de moverle el tapiz de la seguridad al poderoso de turno.
Por todo lo anterior me siento muy honrado porque me permitan pronunciar estas palabras de gratitud a Jorge Enrique Robledo, en la extensiva y decisiva compañía del representante Germán Navas Talero, a quien también debemos, por supuesto, más de una lanza quebrada en favor de los intereses nacionales.
Quienes lo acompañamos en este merecido homenaje, y no creo estar escamoteando una vocería inconsulta, sabemos que pocas veces la palabra política y la palabra respetable dejan de ser antagónicas. En el caso del senador Robledo sí que son palabras sinónimas, escritas con una misma tinta insobornable. Muchas gracias.
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donaldjeo
- 2009-11-30 23:41:36
Juan Manuel Roca was born in Medellín in 1946. Poet, narrator, essayist and Colombian journalist. Published books: Memoria del agua, 1973; Luna de ciegos, 1975, Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus; Los ladrones nocturnos 1977; Señal de cuervos, 1979, National Poetry Prize Universidad de Antioquia; Fabulario real, 1980; País secreto, 1987; Ciudadano de la noche, 1989; Pavana con el diablo, 1990; Memoria de encuentros, 1995.cisco course Recently he was awarded with The National Poetry Prize from The Ministry of Culture of Colombia, for the work: Las hipótesis de nadie. During 10 years he directed the Magazin Dominical a weekly publication that comes out weekly with the newspaper El Espectador. ================================================= |
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Observador del Acontecer Nacional
- 2009-11-28 15:56:09
"Quienes lo acompañamos en este merecido homenaje, y no creo estar escamoteando una vocería inconsulta, sabemos que pocas veces la palabra política y la palabra respetable dejan de ser antagónicas. En el caso del senador Robledo sí que son palabras sinónimas, escritas con una misma tinta insobornable." Siempre han sido términos sinónimos, o para ser mas riguroso, la una supone a la otra necesariamente, desde cuando Aristóteles acuñó para la cultura de occidente el témino política referido al gobierno de la polis o ciudad estado imperante entonces en la Atenas de Pericles, cuya función era la consecución del bien común lograble a través de tres formas lícitas de gobierno, la monarquía, la aristocacia y la democracia, que cuando se desviaban de su función suprema se pervertían y degeneraban en tiranía, oligarquía y demagogia, respectivamente. Cualquier parecido con las aberraciones del régimen uribista, extraña mescolanza de tiranía -plutocracia y populismo- no es mera coincidencia. Uribsmo es sinónimo de clientelismo y corrupción aparejado a cualquier estado mafioso o plutocrático propia de una narcodemocracia. Y continuando con los clásicos griegos, Platón aporta otro elemento clave en la arqueología de este saber, el perfil del político, adornado de ecelsas virtudes humanas destacándose entre ellas la virtud de la prudencia propia del filósofo, del sabio, de donde dimana la autoridad moral y el respeto que suscitan quienes ostentan el talante de verdaderos estadistas, como el de nuestro senador Jorge Enrique Robledo. |
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