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Palabras del diputado Jorge Gómez Gallego en el homenaje polista a Rodrigo Saldarriaga

Jorge Gómez Gallego, diputado Polo Antioquia, Medellín, junio 26 de 2014

Qué decir hoy cuando el espanto del dolor nos persigue día y noche. Aún después de saber a ciencia cierta desde hace varios días que ya había emprendido un viaje sin retorno, no nos hemos podido sacudir de esa sombra. Todos sabemos que la vida trae indefectiblemente la muerte y cuando sabemos que alguien está llegando al umbral, decimos que es fácil elaborar el duelo, pero no es así. Nos vamos a demorar un buen rato. Pero en el entretanto llenaremos de homenajes su memoria. Este es apenas el primero. Los otros serán los que día a día ejecutaremos redoblando nuestro esfuerzo para que sus dos proyectos centrales, no solo sobrevivan, asunto que no está en discusión, sino para que logren las metas que él se había trazado. Pequeño Teatro fue su hechura, el POLO y la transformación revolucionaria de Colombia su sueño. No le faltemos a Rodrigo en esto. Sería una grave traición a su memoria.

Empecemos esta noche del primer homenaje, hablando de su EJEMPLO DE VIDA:

Estuve presente en el momento que dictó su testamento a sus hermanos. Dijo, “mi música a Gabriela, mis 3 libros y el videobeam a Gregorio, el cuadro de Luciano Jaramillo a Pequeño Teatro con la condición que nunca lo vendan” Eso era todo. Su hermano le preguntó: ¿y la nevera?, “Ah, la nevera a Pequeño Teatro, a ver si no se la vuelven a robar”. Hoy nos hace más gracia la anécdota de la nevera de Pilsen que un buen día vino una persona con camisa de esa cervecera y con una carretilla a recogerla supuestamente para cambiarla por una nueva y hasta el sol de hoy.

Se fue entonces sin dejar ningún bien material, sin haber sido un consumidor compulsivo de productos de esta sociedad, excepto de buena música, buena lectura, cerveza y tabaco. Sin haber “enterado jamás a una Notaría” como solía decir. Esta característica, de desapego por la acumulación de riqueza, también se traducía en pasión e incluso en ira, cuando se encontraba con seres despreciables que representaban exactamente lo contrario. En Cienfuegos, Cuba, hace 6 años, fuimos una tarde a almorzar a lo que allá llaman un Paladar, un restaurante casero autorizado por el gobierno. Allí nos atendió su propietario, un hombre de unos 40 años que odiaba a Fidel y al gobierno cubano. Despotricó a diestra y siniestra cuando supo que éramos colombianos. Rodrigo lo oyó pacientemente y no le paró muchas bolas. Pero cuando el tipo dijo que su sueño era ahorrar para irse a Miami y comprarse un reloj Rolex, Rodrigo se puso como una fiera. Le increpó: “Tu para qué necesitas un reloj, supongo que para ver la hora. Mira yo tengo este que debe valer unos 3 dólares y allí puedo ver la hora con precisión. ¿Para ver la hora necesitas un reloj de 8 o 10 mil dólares? No seas imbécil”. Desde luego con ese “viajao”, llegó la hora de pagar y salir de allí.

“Vida sencilla y trabajo duro” recomendó Francisco Mosquera, fundador del partido en que siempre militó y a fe que Rodrigo le copió. Pero “vida sencilla y trabajo duro” no querían decir vida aburrida. Fue un sibarita, en el sentido de gozador de la vida.

Ser candidato dos veces a Gobernación por el POLO y finalmente a Cámara de Representantes, fueron tres actos de enorme desprendimiento. En las campañas a Gobernación se gastó unos centavos que le habían llegado de una herencia y al no tener derecho a reposición de los votos por no haber superado el porcentaje de votación requerido para el efecto, esa platica se perdió. Estoy seguro que nadie jamás le oyó una queja o reclamo al POLO por esos centavos. Decía que lo había hecho para plantar la bandera del POLO en Antioquia, para ayudar a construir partido, para difundir las tesis transformadoras, democráticas y patrióticas del partido y que además lo hacía con la convicción de que no era posible ganar, pero sí avanzar.

Pero tal vez la parte más inverosímil de su accionar político fue su última incursión electoral. No quería ser candidato a la Cámara, no por temor a perder sino todo lo contrario, por temor a ganar. El análisis que hacíamos era relativamente simple: si habíamos logrado la curul en la Asamblea en el 2011, en el peor momento del POLO, acabando de pasar la fractura con Petro, causada por su afán de pactar con Santos y en medio del escándalo del carrusel de la contratación de Bogotá, la obtención de la curul a la Cámara estaba de un cacho habida cuenta de la recuperación del POLO.

Era asunto de armar una buena lista y hacer un esfuerzo material y político al alcance de nuestras capacidades. Eso era justamente lo que lo espantaba: teníamos el enorme riesgo, casi la certeza de tener éxito y le daban náuseas de solo pensar que tenía que asistir a ese pantanal que es el parlamento, el de aquí y el de prácticamente todos los países.

Debo contarles, porque lo pinta de cuerpo entero, que fue difícil convencerlo. Solamente el argumento de que el voto de opinión que movía, que el mismo calculaba conservadoramente en una cifra cercana a los 5.000 sufragios, hacía falta para pasar la cifra repartidora, lo condujo a aceptar la postulación y a resignarse al triunfo.

Sigamos con sus ejecutorias: TODA SU ENERGÍA AL SERVICIO DE LA TRANSFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD

Desde el arte, construyó no solo esta bella sede, la escuela de formación de actores, sino que formó público teatral en una sociedad que solo tenía espacio para el humor popular como forma de representación teatral. Antes solo se llenaban los radio-teatros con Montecristo o con Daniel Santos. Rodrigo logró llenar teatros con Madre Coraje, con Shakespeare, con Moliere o con Carrasquilla y Buenaventura.

Ingresó con pasión a las filas del MOIR en sus albores. Nunca se apartó del que consideró su partido sin reservas, aunque su espíritu creador, su condición de artista, lo hacía, como el mismo afirmaba, “un militante especial”, que se movía con disciplina férrea al compás de las orientaciones tácticas o de los objetivos estratégicos trazados por el partido, pero se apartaba del quehacer cotidiano. Aportaba lo que tenía generosa y eficientemente y ni en el MOIR ni en el POLO le pedimos más, no por deferencia, sino porque su aporte era extremadamente valioso y efectivo.

Para ilustrar lo que comento, cuento esto. En tareas de finanzas como por ejemplo la venta de bonos o boletas de rifas, no vendía ni media, pero cada que tenía un céntimo de más lo entregaba generosamente, no solo a su partido, sino a las causas y a las luchas de los desposeídos. Y en muchas ocasiones sin que lo tuviera.

Cuando hicimos el paro cafetero en el 2001, con bloqueo total de la vía troncal de occidente en La Pintada, la situación suya personal y la de Pequeño Teatro no eran para nada boyantes. Y a pesar de que ninguna célula o comité del partido le había dado la orientación o la instrucción de hacerlo, la primera solidaridad que llegó al bloqueo fue la suya. Una cantidad de carne que nos sirvió para alimentar cerca de 1.000 personas durante 2 días, que después me enteré, y no por él, que tuvo que comprar a crédito y pagar con mucho esfuerzo durante largo tiempo. Imagínense la paradoja: un teatrero fue el primero en apoyar esa protesta campesina, sin que le estuviera sobrando dinero y además fue quien lo hizo de manera más efectiva. Una solidaridad incluso superior a la de las organizaciones sindicales.

Cuando creía que una causa era justa, la empujaba con una pasión arrolladora y con una energía en extremo eficiente. Por eso fue pilar clave en sus 2 empresas: Pequeño Teatro y POLO.

Odió la hipocresía. NUNCA HIZO FALSAS NEGACIONES CON LOS ODIOS.

Así como amó, odió. Así como fue amado, fue odiado. Nunca tuvo el gesto hipócrita de los que dicen que son todo amor y hermandad. En una sociedad dividida en clases, odió profundamente a los que venden la patria, a los que ahondan las enormes desigualdades que caracterizan a Colombia, pero mucho más a los que maquillan el Estado vasallo y con una increíble doble moral pregonan democracia, progreso y paz, mientras aplican despotismo y la desigualdad y venden la patria. Por eso alguna vez, después de resultar electo Representante a la Cámara, había dicho que el día de la instalación del Congreso se iba a aparecer allí disfrazado de Tartufo, según él, para no desentonar en ese establo parlamentario.

El odio de clase hacia quienes han sumido a Colombia en este desastre le permitió una virtud que ojalá cultiváramos todos los polistas: jamás se hizo ilusiones sobre la posibilidad de pactar reformas democráticas o cambios aunque sea mínimos en el “statu quo”. “Vaca ladrona no olvida el portillo” dice la sabiduría popular. Y Rodrigo decía “que pendejos los que creen que quienes emboscan a Colombia la van a salvar de la emboscada”.

Esa virtud, que no falta quien la considere defecto, le permitió también clasificar sus amistades y decidir con precisión de quién se podía fiar y de quien no. Su selectividad en la amistad no era prejuiciosa ni mucho menos “aristocrática”. Era amiguísimo de varios venteros ambulantes del centro, del dueño de la chaza, de la señora de las papas fritas. Fue amigo, consejero y parcero de las personas más sencillas que podamos imaginar. Al mismo tiempo se dio el gusto y el lujo de echar a patadas de Pequeño Teatro a encumbrados personajes de la gran burguesía antioqueña, quienes a cambio de unas farisaicas donaciones, pretendieron cambiarle el rumbo a Pequeño Teatro.

Se murió tranquilo. Cuando supo que ya no había nada que hacer con el “animal” como llamaba al cáncer que se le descubrió en estado muy avanzado, nos dijo: “me voy sin remordimientos, no le debo nada a nadie, hice lo que alcancé a hacer y lo que pensaba hacer en la Cámara no me dio tiempo la vida de hacerlo. Disfruté la vida al máximo, todo lo que hice lo hice con pasión y disfrute, hasta los viajes más incómodos de las giras teatrales y las campañas electorales me las gocé”.

No acumuló para sí ningún bien material, por lo que no habrá sucesión en estrados judiciales. Su herencia verdadera nos queda a todos sus familiares, a todos los polistas y a todos los de Pequeño Teatro. Su familia ya ha empezado a utilizar su herencia. María Elena y Gerardo han expresado que quieren hacer política con el POLO, incluso María Elena aspira a ser el reemplazo de Rodrigo en la actividad partidaria. Desde que me expresó eso, ya le trato de camarada y a ella no le choca ni cinco. Juan Guillermo va a poner sus conocimientos al servicio de Pequeño Teatro.

Los actores e integrantes de la Asociación Pequeño Teatro también han hecho lo suyo. Se han empeñado, no solo en mantener el proyecto, sino en colocarlo aún más arriba. En esto puede ayudar toda la ciudadanía y nosotros los polistas, no como actores, no como directores o dramaturgos, sino viniendo al teatro y dejando nuestro aporte voluntario.

Los polistas tenemos una responsabilidad aún mayor. Gracias a todos logramos recuperar la curul de la Cámara, pero indudablemente su aporte fue el mayor, casi 22.000 votos. Ahora nos toca mantenerla y aumentarla. A Víctor le queda la responsabilidad de recibir la posta, pero como este no es un proyecto individual, es responsabilidad de todos ayudar a Víctor, acompañarlo, apoyarlo. Y Víctor lo ha expresado con claridad: va a jugar un proyecto colectivo. Obtuvimos la curul en unas circunstancias, seguramente nos tocará defenderla en otras, que esperamos sean mejores. Nos espera también la batalla de las elecciones de octubre de 2015 que debemos afrontar con la seriedad y el compromiso que Rodrigo afrontó las de este año.

Pero por sobre todas las cosas, debemos afrontar el futuro con la indeclinable decisión de combatir a quienes han convertido a Colombia en un infierno para las mayorías laboriosas y un paraíso para la minoría parasitaria, lo que necesariamente pasa por convertirnos en la verdadera oposición al gobierno de Juan Manuel Santos. Rodrigo si la tenía clara: el apoyo al proceso de negociación política del conflicto armado, no puede ser una mampara para permitir la profundización del modelo impuesto por Washington. Eso sería como evitar el robo por la puerta pero permitirlo por la ventana.

Hoy en el primer homenaje público a nuestro querido y entrañable camarada y amigo, hoy a escasos 4 días de su partida, los del POLO, entre ellos desde luego los moiristas debemos reafirmar que de verdad cambiaremos el dolor que nos embarga por fuerza transformadora y revolucionaria. Yo por lo menos juro que no descansaré un solo minuto mientras viva para impulsar las transformaciones patrióticas y democráticas que requiere nuestra nación y por las que luchó Rodrigo sin vacilación durante su fructífera y ejemplarizante existencia.

Gloria eterna a Rodrigo Saldarriaga.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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