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Plutón y pentaquark

Guillermo Guevara Pardo, Bogotá, julio 19 de 2015

Sin duda, son dos las más importantes noticias de ciencia y tecnología en lo que va corrido del año. La una se origina a grandes distancias en nuestro entorno solar y la otra acontece en las minúsculas escalas del orden subatómico. Ambos extremos maravillan por la diversidad que enseña la organización de la materia en tan opuestos niveles. Me estoy refiriendo, claro está, a la llegada de la sonda espacial New Horizons a Plutón, cuerpo rocoso que flota en las frías fronteras del Sistema Solar, y al anuncio desde el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) del descubrimiento de una nueva partícula atómica a la que los científicos han bautizado con el no muy estético nombre de pentaquark.

Plutón, ubicado a 5.900 millones de kilómetros del Sol, fue descubierto en 1930 por el astrónomo estadounidense Clyde Tombaugh, aunque años atrás, en 1905, el adinerado aficionado a la astronomía Percival Lowell había iniciado la búsqueda del que en su momento llamó Planeta X, que debía encontrarse más allá de la órbita de Neptuno. Fue la niña inglesa Venetia Burney de 11 años de edad, quien sugirió el nombre del dios romano del inframundo para el que sería durante muchos años el último planeta del Sistema Solar.

New Horizons, de la NASA, partió de la Tierra en enero de 2006; viajando a 50.000 Km/h acaba de acercarse a una distancia de 12.500 kilómetros de la superficie del helado Plutón, desde donde ha enviado imágenes extraordinarias nunca antes vistas. Además de todos los artilugios tecnológicos necesarios que lleva la sonda espacial, en su interior también están las cenizas del primer ser humano que observó al errante que en su momento llevó el número nueve de la selección solar.

Plutón perdió su condición de planeta en agosto de 2006 y es tan gélido que el nitrógeno, que en nuestra atmósfera es un gas, allá existe en forma de hielo, y es posible que el neón (un gas minoritario de la atmósfera terrestre) fluya sobre su superficie como un líquido. El ahora reclasificado como “planeta enano” es otro componente más del llamado cinturón de Kupier, un conjunto de cuerpos rocosos de diversos tamaños que están en los fríos límites de la familia planetaria y que son fósiles cósmicos de hace unos 5.000 millones de años, cuando desde una nebulosa primitiva se formaron el Sol y las rocas siderales que giran a su alrededor. A Plutón lo orbitan cinco satélites: Caronte, Estigia, Nix, Cerbero, e Hidra, nombres mitológicos relacionados con el imaginado mundo de sombras donde llegan los que ya no están.

La palabra quark no tiene origen, como sí la tiene ‘átomo’, en las luminosas tesis que los filósofos materialistas de la Antigüedad griega adelantaron para explicar racionalmente los fenómenos del mundo natural. La encontró el físico Murray Gell-Mann cuando leyó la frase “Three quarks for Muster Mark”, escrita en la obra “Finnegans Wake” (1939) del literato irlandés James Joyce. Después del descubrimiento del bosón de Higgs, el LHC se ha apuntado otro éxito científico. En el más poderoso acelerador de partículas oculto bajo la frontera franco-suiza, acaba de encontrarse un nuevo constituyente subatómico conformado por cinco quarks: el pentaquark. Partículas atómicas como los protones y los neutrones (bariones), están formados por tres quarks, mientras que otras, como los mesones (bosón que responde a la fuerza nuclear fuerte) contienen dos, un quark y un antiquark. En total hay seis tipos diferentes o “sabores” de quarks. El pentaquark se halla constituido por cuatro quarks y un antiquark, una organización de la materia que nunca antes había sido observada.

La existencia de este barión exótico se sospechaba desde la década de los años 1960. El estudio de sus propiedades ayudará a aclarar el origen de otras partículas atómicas y permitirá un mejor entendimiento de la estructura de la materia. Es posible que existan varias formas diferentes de pentaquarks que serán buscadas aprovechando que hoy el LHC funciona a energías superiores de cuando se descubrió, en 2012, el bosón de Higgs.

Plutón y pentaquark son ejemplos extraordinarios de los insospechados límites que pueden alcanzar la ciencia y la tecnología en la infatigable búsqueda de las explicaciones racionales acerca de los múltiples fenómenos que sin descanso suceden en el infinito cosmos. Claro está, si la inteligencia cuenta con los apoyos necesarios.

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