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Por la defensa de los trabajadores: no a Santos … no a Zuluaga

Winston Petro, Fiscal Nacional CUT, junio 5 de 2014

El volcamiento al santismo por parte de algunos dirigentes de las Centrales CUT, CTC y CGT no es, como puede creerse, fruto exclusivo de la angustia que el presidente-candidato les transfiere a sus allegados en el sindicalismo, al verse superado en la primera fase de la contienda electoral por el uribista Óscar Iván Zuluaga. Los razonamientos con los que se justifican los sindicalistas gobiernistas se han forjado con el paso de los años e incluyen la antiquísima tesis del “mal menor”, la preservación del proceso de paz con los alzados en armas como “bien supremo de la Nación” y la esperanza en un acuerdo programático que redima a la sociedad de sus males y que, en acto notarial, les devuelva a los trabajadores lo que les ha sido arrebatado con la Apertura y los TLC.

Acoger lo menos malo no es una elaboración de los intelectuales alienados ni de los medios al servicio de Juan Manuel Santos. El “malminorismo”, como táctica política, surgió en las entrañas de la Iglesia hace 200 años -lo mismo que la “justicia social” esbozada por el sacerdote Luigi Taparelli en 1843 para aplacar la iracundia obrera frente a los horrores del naciente capitalismo- , en la idea del catolicismo liberal de no rezagarse frente a los cambios de la época. En Colombia, esta conducta privó a la clase obrera de su independencia (desde su mocedad ubicada en los comienzos del siglo XX), arrastrándola al apoyo de los gobiernos oligárquicos. Con alegría dominguera, los sectores políticos que orientaban al movimiento sindical apoyaron a López Pumarejo, alabaron el gobierno de Eduardo Santos, prestaron su apoyo a Gabriel Turbay en contra de Gaitán –al que acusaron de fascista-, depositaron su fe en Alberto Lleras como primer mandatario del Frente Nacional, encontraron motivos para congeniar con el “Mandato Claro” de López Michelsen, se colaron en la Constituyente del 91 y ahora, con singular patetismo, se juegan “la guerra o la paz” con Juan Manuel Santos, tratando de imponerles otro cepo a los trabajadores.

Los gobiernistas del movimiento sindical, para explicar su inclinación, se valen de una fullería inaceptable: ponen en el banquillo al candidato del uribismo para acusarlo de todas las innegables calamidades que padece el país, circunscribiendo el despojo a los trabajadores a un período de ocho años y olvidando cínicamente dos grandes verdades: el control imperialista expresado en la Apertura Económica y los TLC -causa incontrovertible de nuestros males- y el papel apátrida de personajes que, como el ex ministro de Hacienda Zuluaga y el ex ministro de los “falsos positivos” Santos, han estado presentes en los actos contra los trabajadores y la nación, contando con investiduras de alto rango gubernamental.

El candidato-presidente, inclusive durante el cuatrienio de Ernesto Samper, en el que participóen una conjura golpista, según afirmaciones difundidas permanentemente, ha sido protagonista de primer orden del desbarajuste nacional. La memoria, por vitalidad que le falte a los afanosos conversos, tendrá que atender el testimonio de la enorme gesta realizada por los estudiantes, los campesinos, los maestros, los trabajadores y el pueblo que, en varios casos, derrotaron los propósitos de Santos. Los movimientos de protesta contra el gobierno que intenta reelegirse suman más de 1200 en 2013, ¿cuál será el drama de los amigos del gobierno cuando los explotados y la misma nación quebrantada les exijan cuentas?

La paz con las FARC, el ELN y demás grupos insurgentes debe alcanzarse pronto, si esas conversaciones se convierten en política de Estado. Contribuye a tal resultado el clamor nacional contra tales prácticas y las evidentes manifestaciones de respaldo al proceso por voceros del gobierno de los Estados Unidos.

La barrera que encontrarán los que nos impusieron la Apertura y los TLC será la rebeldía de casi todos los colombianos contra el origen de nuestra ruina y atraso: el imperialismo. La obtención de garantías para los que ingresen a la vida civil debe respaldarse una vez abandonen sus execrables actos; es un cometido democrático elemental.

Sobredimensionar el acuerdo hasta el delirio de esperar un “nuevo país" con todas las atribuciones terrenales, es complotar contra el buen suceso del acuerdo, cuajando otro engaño para la población. Los colombianos forjarán su bienestar con su propio esfuerzo y solo en la lucha contra sus verdaderos opresores, entre los cuales se ubican los candidatos en la liza presidencial.

Los sindicalistas que apoyan a Santos abandonaron los pudores que los atormentaban e intentan acomodar todo a la medida del gobierno. Dieron muestra de ello con la firma del salario mínimo y antes se habían prosternado ante Obama y Santos para avalar los TLC, a cambio del nombramiento de inspectores de trabajo y otras chucherías incumplidas. Ahora se reunirán con el camandulero, en un conciliábulo especial para proyectar la defensa de los “bienes supremos de la nación y los trabajadores”, saldrán a realizar la agónica campaña con todas sus fuerzas; mientras tanto, a los explotados de toda Colombia les esperan la reforma de la salud, un nuevo y más regresivo régimen pensional, otra gravosa reforma tributaria y tantos males que a los colaboracionistas les tocará fingir solidaridades con sus representados, gruñir y tapar sus bocas ante el hedor de las políticas imperialistas. También son de esperar el amedrentamiento y las imprecaciones calumniosas de los contingentes del Frente Santista contra quienes nos oponemos a la nueva felonía, seguramente campeará el estilo de la descompuesta Cristina de la Torre. La historia de los trabajadores cambiará, no serán las crónicas de los gobiernistas las que se relatarán. Más temprano que tarde habrá cambios revolucionarios que pondrán en su sitio a los enemigos de la nación. Con las inagotables fuerzas del pueblo en Colombia se forjarán sus bienes supremos: la independencia de los Estados Unidos y la constitución de un Estado de obreros, campesinos, clases medias y empresarios nacionales.

Ni con Santos ni con Zuluaga, nos mantendremos en oposición.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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