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¿Por qué crece la violencia en Medellín? “es la economía, estúpido”.

Jorge Gómez Gallego*, Medellín, noviembre 17 de 2009

Autoridades municipales y nacionales, parecen no encontrar una explicación que satisfaga a la opinión pública para explicar el fenómeno del incremento inusitado de la violencia en la ciudad de Medellín. El gobierno nacional, leyendo su guión reeleccionista y defendiendo su “seguridad democrática”, unas veces sindica al narcotráfico, otras a la inoperancia de las autoridades judiciales, y hasta insinúa que el asunto es responsabilidad de las autoridades locales. El Alcalde por su parte, en desarrollo del libreto de la campaña presidencial de su “independiente” antecesor, le devuelve el balón al gobierno nacional, y le increpa la falta de policías o de inteligencia.

Y claro, todas esas explicaciones no están totalmente desprovistas de razón, pues esos son todos factores que pueden ayudar a explicar el fenómeno, pero solo de manera muy parcial, y son utilizadas para ocultar sus verdaderos orígenes.

Algunas ONG, como CORPADES, ha denunciado casi en solitario, que los pactos de “gobernabilidad” suscritos por la administración Fajardo, en asocio con el gobierno nacional, y prolongados por su sucesor con el nombre de pactos de convivencia, denominados acertadamente por esa organización como pactos de “conveniencia”, explican en gran medida esta nueva erupción del homicidio en la ciudad de Medellín.

En detalle han explicado que la desmovilización de las bandas paramilitares, fue apenas una ficción que reflejaba el control absoluto de los territorios de los barrios de Medellín, por parte de una de ellas, y que los supuestos pactos, eran apenas una protocolización de ese dominio hegemónico. Y eso desde luego provocó una caída en las cifras de homicidios, pero dejó intactas las estructuras delictivas.

Con ese palmarés, el candidato Fajardo, siendo Alcalde, inició su campaña presidencial, con una de sus frases tan mediáticas, como vacías: “Medellín pasó del miedo a la esperanza”. Las cifras que le permitían recitar esa consigna correspondían principalmente a la caída de la tasa de homicidios, entre el 2004 y 2007. Este guarismo hablaba de una disminución de 57 a 26 homicidios por cada 100.000 habitantes en esos cuatro años.

Hasta el final de octubre, según Medicina Legal, la tasa de homicidios en la ciudad, ya va por 73 por cada 100.000, lo que significa, si nos atenemos al dicho del candidato que “no es uribista ni antiuribista, sino todo lo contrario”, que nos devolvimos “al miedo y pasamos al terror”.

Desconocer que en gran medida esta escalada violenta tiene origen en los pactos popularmente denominados de “donbernabilidad”, es apenas natural en la lógica del gobierno de Uribe y de los dos últimos alcaldes de la ciudad, pues ello constituiría un reconocimiento a que esos ficticios acuerdos de paz, corresponden más a una preocupación politiquera que a un ánimo humanitario.

Pero hay un aspecto al que ni remotamente se remiten los análisis oficiales, y por supuesto, al que no le ofrecen ningún tipo de solución, y es el que tiene que ver con las alternativas de vida que este régimen económico le ofrece a los jóvenes que por física pobreza y falta de oportunidades cayeron en garras del hampa, y de los que siguen llegando a ese horror todos los días.

Con el reinado del neoliberalismo y de la política de “confianza inversionista”, Medellín ha dejado de ser la meca de la industria manufacturera nacional, y las administraciones municipales se han limitado a aceptar, sin chistar, estas políticas que son una imposición de los monopolios imperialistas, y lo que es peor, a impulsarlas de distintas formas.

Por esa razón las tasas de desempleo y de informalidad en nuestra ciudad, son superiores a las registradas para el país en su conjunto, y por esa misma razón, a los jóvenes que se inscriben en programas de reinserción, la realidad que les espera, después de recibir por un tiempo una limosna del Estado, y unos cuantos cursos de capacitación, es la del desempleo, la del empleo precarizado y tercerizado, o la del rebusque. La misma que los condujo a ser carne de cañón de las organizaciones delictivas armadas.

Sin trabajo productivo, decente, estable, que se traduzca en condiciones dignas de vida, que se corresponda al fortalecimiento de nuestro principal mercado que es el interno, con una economía especializada en especulación, servicios o comercio, el desempleo, la miseria y la informalidad crecerán, y con ellos, inevitablemente, en una sociedad como la nuestra, la violencia seguirá su ciclo ascendente.

Por eso cuando los gobernantes locales y nacionales, se empeñan en inventar justificaciones para quedar bien con la galería en asunto tan sensible, les quiero recordar hoy la popular frase que acuñó James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton en 1992, con la que explicaba la derrota que su jefe le propinó a George Bush padre, en su aspiración reeleccionista, a pesar de la popularidad resultante de sus triunfos en la política exterior, pero en medio de un creciente desempleo: “Es la economía, estúpido”.

*Diputado Asamblea Departamental de Antioquia. POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO.

Observador del Acontecer Nacional - 2009-11-19 05:53:55

"Sin trabajo productivo, decente, estable, que se traduzca en condiciones dignas de vida, que se corresponda al fortalecimiento de nuestro principal mercado que es el interno, con una economía especializada en especulación, servicios o comercio, el desempleo, la miseria y la informalidad crecerán, y con ellos, inevitablemente, en una sociedad como la nuestra, la violencia seguirá su ciclo ascendente."

Ni más ni menos!. Y las reales causas que el articulista registra para el caso de Medellín explican igualmente la violencia delincuencial o mafiosa que azola a las grandes ciudades en Colombia y de manera progresiva se extiende y replica en las ciudades intemedias, en especial despúes de la reinserción paramilitar que prohijó el gobierno, agudizando la calamitosa cuestión social agravada con los desplazamientos de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, desarraigadas del campo por terratenientes, narcotraficantes y paracos, ensanchando los cinturones de miseria en torno a las mismas.

En efecto, la reinserción no coadyuvó al mejoramiento de los índices económicos. A esa muchachada no se les ofreció alternativas decorosas de vida, por ejemplo tierras para el desarrollo de proyectos productivos. De allí el auge del mototaxismo, y con el mismo el incremento de la accidentalidad. Transitar por algunas ciudades de Colombia, en especial en la Costa Atlántica, implica alto riesgo para la seguridad física de los transeuntes: te pueden atracar, o atropellar y en el peor de los casos, "silenciar" si ofreces resistencia, o secuestrar o asesinar por sicarios al servicio de los que sabemos.

Y es la economía la que da la clave para la comprensión del incremento de la violencia en Colombia. Con el modelo malayo en auge que genera poco empleo a través de los megaproyectos de tardío rendimiento como los plantios de palam, en marcha, objeto de subsidios especiales por parte del gobierno, de multinacionales o grandes potentados con fortunas de dudosa procedencia, el campesinado se ve obligado a emigrar a las buenas o a las malas a las ciudades o a los paises vecinos sin encontrar trabajo digno alguno por el cierre de fábricas y el estancamniento de la producción que causó el neoliberalismo, condenados a una vida de parias. Y el desempleo que golpea a todos por igual, en la ciudad como en el campo, se constituye en el caldo de cultivo para que pulule la delincuencia de todos los pelambres con grave riesgo para la seguridad de nuestro pueblo. Y como marco de fondo una gran paradoja: la "seguridad democrática" que ha llevado tranquilidad a los monopolios y super ricos, o sea a la plutocracia, se traduce en la mayor inseguridad para la gente del común. Y otra paradoja, la gran tragedia nacional: las víctimas, subsumidas en la pobreza, terminan respaldando politicamente a los verdugos, postradas al gobernante de marras por un mendrugo de pan, mercer a embelecos como el de "Familias en Acción", la gran red clientelista del uribismo, financiada con dineros públicos. Ya los barones electorales no necesitan meterse la mano al bolsillo para comprar votos...

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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