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¿Por qué no marchamos?

José Arlex Arias Arias, La Verdad, Cartagena, diciembre 12 de 2011

Para el pasado 6 de diciembre, el gobierno presidido por Juan Manuel Santos y algunas organizaciones sociales, convocaron al pueblo colombiano a una gran marcha en contra del secuestro, particularmente exigiendo la liberación inmediata de quienes están en poder de las FARC. Buscaban obtener la misma respuesta de las grandes manifestaciones que se hicieron con ese mismo objetivo cuando se pedía la liberación de la colombo-francesa Ingrid Betancourt y de los norteamericanos que este grupo al margen de la ley trataba de utilizar para un canje. La respuesta de la población no tuvo la contundencia de entonces, lo que ha puesto a los analistas e investigadores a estudiar las razones por las cuales disminuyó tanto la concurrencia.

En parte del mundo soplan vientos frescos de cambios y los pueblos han emprendido luchas por conseguir grandes transformaciones. El personaje del año 2011, para muchos entendidos, son las enormes manifestaciones en el norte del continente africano, que en algunos casos sirvió para cambiar la correlación de fuerzas políticas y obligó a los países imperialistas como Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania -entre otros-, a desempeñarse a profundidad, recurriendo a todas las formas de lucha de la derecha para someter a la población, derrocar gobiernos e instalar sus títeres con el fin de consolidar o conseguir nuevas propiedades y recursos naturales. Estos imperios no se detienen ante nada, propician el terror, torturan, secuestran y matan por montones –digo, por millones- con tal de conseguir su objetivo.

Pero estos países también comienzan a vivir su propio calvario cuando miles de personas que se denominaron “Los Indignados” se toman las plazas en España, Inglaterra, Francia, Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, etc., equiparando su lucha con la del movimiento “99%” de los Estados Unidos, y utilizando como objetivo un denominador común: el combate al modelo neoliberal, al cual caracterizaron -con todo acierto- como el responsable de la especulación mundial, a través de los circuitos del sistema financiero, que los manifestantes norteamericanos identificaron con Wall Street, hecho por el cual instalaron su centro de operaciones en una plaza aledaña a dicha calle, enalteciendo el significado de la lucha. Cabe recordar que estos levantamientos han sido duramente reprimidos, utilizando la fuerza bruta de los militares y encarcelando a miles de manifestantes.

Los colombianos debemos preguntarnos: ¿por qué, existiendo tantas razones para pronunciarnos, no lo hacemos al unísono?; ¿cuál será el hilo conductor que unifique a todos los descontentos e indignados que en forma aislada libran sus propias batallas?; ¿serán los estudiantes, quienes con valor y dignidad, nucleados por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil –MANE-, se han levantado exigiendo una educación superior universal, gratuita y de alta calidad, los llamados a jugar ese papel en el país?; ¿cuál va a ser la actitud del movimiento social el próximo año?; ¿seguirá la política de concertación que ha servido para la implementación del modelo neoliberal?

Tal vez algunas respuestas a las interrogantes anteriores nos podrían conducir a saber el por qué no marchamos. Al paso que los colombianos tengamos comprensión de que, se pueden cambiar a los gobernantes pero si no adoptamos un nuevo modelo de desarrollo, nuestras penurias cada año serán peores, encontraremos el camino. Fruto del capitalismo en su estado más salvaje, Colombia se convirtió en el tercer país más desigual del mundo y el primero en Sudamérica, nuestros derechos fundamentales se volvieron vulgares negocios empresariales y se han vendido –por lo general a menor precio- a casi todas las empresas; de la misma forma se llevan los recursos naturales, dejando unas pírricas regalías y nos explotan, tratándonos como mano de obra barata -63 de cada 100 trabajadores devengan menos de un salario mínimo mensual-. Pero para que no protestemos, nos dan pan –los subsidios- y circo –a través de la alienación de los grandes medios-, y si nos ponemos guapos, entonces recurren a la fuerza bruta de los Escuadrones Antidisturbios –Esmad-. En esto último está la clave de la respuesta al interrogante ¿por qué no marchamos?, la cual se resolverá con el valor y la educación que llevarán a cambiar la actitud del pueblo.

¡Los colombianos tenemos razones más que suficientes para marchar, lo que se logrará en la medida que se unifiquen todos sus indignados!

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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