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Prólogo: Breves comentarios sobre este libro

Este es un libro polémico. Un libro en el cual se plantean diversas tesis "que aun no han sido suficientemente exploradas o que estén impregnadas de partidismo político, con el cual se cubren errores evidentes. Los puntos de vista de Ocampo también se prestan a un amplio debate. Pero él ha adoptado un sistema histórico de revaluación de personajes y episodios, apoyándose en una documentación escrita con la cual fortifica sus tesis y dan margen muy amplio al debate que, sin duda alguna surgirá de éstas páginas. La historia nacional es necesario revaluarla rompiendo viejos moldes que se emplearon en el siglo pasado y que aún perviven en buena parte del presente. Copiar de lo que otros copiaron, repetir sus apreciaciones, juzgar de acuerdo con los juicios de los otros, es mantener la historia en un ambiente de estratificación lamentable. Hay que atreverse a descubrir la verdad aunque muchas veces los nuevos enfoques contrasten radicalmente con lo que nos habían enseñado en textos conocidos. Figuras intocables, en torno de las cuales se tejieron leyendas y se proclamaron excelencias muy discutibles, deberán someterse a un examen espectral, agudo y sereno, que nos permita apreciar su verdadera estatura en el mundo en que actuaron y sobre el cual proyectaron su acción y su personalidad auténticas. Hay estatuas que solo podrán conservarse como figuras de museo pero a las cuales en verdad no se las puede presentar como dignas del agradecimiento de un pueblo. Otro aspecto fundamental de la historia contemporánea debe ser el de calificar los actos de los hombres públicos situándolos dentro del marco de la vida nacional o internacional, según el caso, para poder valorar sus servicios y la utilidad de sus gestiones.

JORGE ELIÉCER GAITÁN

El mejor ensayo de los que aquí se presentan es el que tiene como centro vital a Jorge Eliécer Gaitán. Los que conocimos de cerca a éste apóstol que predicaba sus doctrinas con el vigoroso aliento de los convencidos, quienes seguimos con simpatía su trayectoria intelectual y política tenemos que dar testimonio de lo que significó su acción sobre las masas colombianas y de la sinceridad profunda que inspiraba sus campañas. Gaitán era un hijo del pueblo, se sentía muy cerca de sus conciudadanos, conocía las privaciones y limitaciones que la pobreza impone y predicaba su credo con la pasión sincera de quien ha vivido la vida de los necesitados. Su lucha, una lucha que se inspiraba en su personal experiencia. Su caso es casi único en la vida política colombiana. Cuando un día de trágicos perfiles manos oscuras lo llevaron al ara del sacrificio todos los colombianos sentimos que se había consumado un crimen abominable que habría de tener gravísimas consecuencias. El fervor del autor de este libro por esa figura de la democracia colombiana tiene plenísima justificación ya que la memoria de Gaitán se debe preservar porque es una parte del patrimonio histórico de esta república.

EL CASO DE MANIZALES

Manizales fue, como aparece en estas páginas el centro de la estrategia política aplicada por los dos partidos en el último cuarto del siglo pasado, cuando el Cauca Grande y el Departamento de Antioquia tenían sus fronteras sobre las aguas del río Chinchiná unas veces y otras sobre las ondas apacibles del río de La Vieja. Las guerras civiles de 1.860 y 1.876 terminaron sobre las vertientes de la montaña que sirve de escabel a la ciudad andina, que era de filiación conservadora, entre otras cosas, porque sus habitantes eran todos de origen de las ciudades del sur antioqueño: Sonsón, Nariño, Abejorral, La Ceja y el Oriente del mismo departamento. En 1.860 el general Tomás Cipriano de Mosquera trató de invadir ese departamento y llegó hasta la aldea de María situada al pie de Manizales. Allí se preparó para atacar a la ciudad y trató de invadirla pero fue enérgicamente rechazado por el general Posada Gutiérrez que estaba al frente de la guarnición de esa ciudad acompañada por el general Braulio Henao. En aquel choque Mosquera quedó vencido a pesar de que en sus memorias trata de eludir este tema, y Posada Gutiérrez le impuso la firma de un convenio, que se denominó la "Esponsión" de Manizales. Este suceso marcó sin embargo uno de los episodios de más largas consecuencias en la vida del país, porque el haber dejado en libertad a Mosquera con su tropa le permitió a éste rehacerse militarmente. Entonces tomó la decisión de marcharse a Bogotá y expulsar del gobierno a don Mariano Ospina Rodríguez que estaba terminando su gobierno y que era adversario natural del jefe caucano. Tal como se lo propuso Mosquera así ocurrieron las cosas y al tomarse a Bogotá en 1.861 trató primero de fusilar a Ospina y a su hermana, y después los condenó a prisión en las bóvedas de Bocachica a donde fueron a parar por el solo delito de ser el gobierno legítimo del país. La actitud del general Posada Gutiérrez en aquella ocasión fue motivo de un intenso debate porque se le acusaba de una gran ingenuidad al creerle a Mosquera sus declaraciones pacifistas que le permitieron a éste continuar la guerra que había iniciado.

En 1.876, Manizales fue el centro de otro episodio histórico con importantes consecuencias en la vida nacional. En ese año el general Julián Trujillo, jefe de los ejércitos liberales ocupó la ciudad, recibió allí la gobernación de Antioquia e inició su carrera política que habría de terminar en la presidencia de la República. Esta presidencia hizo posible el acceso de Núñez a la primera magistratura de la nación y con esto al cambio fundamental de las instituciones colombianas gracias a la aprobación de la Constitución de 1.886, que puso fin a 25 años de régimen radical. El capítulo sobre Manizales está muy bien construido. Algunos de los hechos que allí se narran podrían ser motivo de algunas polémicas, pero la tesis central sobre la importancia de la ciudad en la vida nacional es evidente.

DOS PERSONAJES

Hay dos personajes que en estos ensayos aparecen tratados con especial atención. El primero es el general Tomás Cipriano de Mosquera y el segundo Rafael Núñez. Para Ocampo la desamortización de bienes de manos muertas, o sea el arrebato hecho por el gobierno de las propiedades pertenecientes a las comunidades religiosas de todo el país, acto realizado por Mosquera con una fría tranquilidad, fue una manifestación eminente de política social, como se desprende del siguiente párrafo: "Resulta indispensable caracterizar brevemente la desamortización de bienes muertas para poder medir las repercusiones de esta reforma. En primer lugar la desamortización rompió el monopolio económico de la iglesia. En segundo lugar liberó las tierras para el mercado libre ofreciendo la posibilidad de una repartición de las tierras como condición indispensable del desarrollo económico del país. En tercer lugar, definió en la práctica las atribuciones del estado frente al problema de la propiedad privada de la tierra, estableciendo condiciones políticas para una ampliación de la reforma agraria a todo el régimen terrateniente imperante en el país. En cuarto lugar impuso la supremacía del poder civil sobre el eclesiástico, obligando a la Iglesia a someterse a las leyes del estado y eliminando de una vez por todas la supremacía del régimen eclesiástico. En quinto lugar condujo indefectiblemente a la separación de la Iglesia del Estado, considerada como una de las reivindicaciones de la revolución democrática burguesa mundial".

Históricamente aquello no tuvo las características que el autor generosamente les da, ni tal actitud puede considerarse como un hecho de alta política. En primer lugar la Iglesia colombiana no tuvo nunca el monopolio económico del país. Las propiedades incautadas pertenecían en un 80% a comunidades religiosas que las habían recibido en herencias y donaciones de gente rica que querían protegerlas. El argumento de que aquellas tierras se liberaron para el mercado libre ofreciendo la posibilidad de una repartición de la tierra no tiene ninguna base de seriedad. Todas las propiedades tanto rurales como urbanas fueron adquiridas por los comerciantes ricos de Bogotá a precios irrisorios y por sumas que unas veces fueron pagadas y otras no, en forma tal que en el presupuesto nacional no apareció una cantidad tan importante como para promover una reforma agraria. La operación realizada por Mosquera hizo más ricos a los ricos de la capital y no agregó un ápice al desarrollo económico del país.

El segundo personaje que en estas páginas aparece es Rafael Núñez que al parecer suscita en el autor del libro una vehemente reacción. Los gobiernos del hombre del Cabrero, la reforma constitucional de 1.886 le producen una especie de urticaria histórica que se repite en varios de los capítulos. Para Ocampo Trujillo Núñez es el mismo tipo nefando que aparece en las páginas acerbas de José María Vargas Vila y de Juan de Dios Uribe. Su devota admiración por los hombres del radicalismo enciende en él los fuegos del polemista para presentarnos un personaje que traicionó a sus antiguos compañeros de gobierno y a sus amigos de largos años. La crítica histórica ha enfocado con sus luces esta figura singular que en el último cuarto del siglo XIX realizó una mutación profunda en la vida política nacional y fijó las bases jurídicas para que el país viviera por más de un siglo a la sombra de la ley. Núñez no es ese pobre diablo que sus detractores nos presentaron a fines de 1.800 cuando sobre él se vertieron aluviones de diatribas y de contumelia. El pensador del Cabrero observó con honda preocupación y durante varios años, desde su retiro en Inglaterra, las condiciones imperantes en nuestra patria y lo hizo ver claramente cuántos errores y cuántas equivocaciones se habían cometido en la conducción de los negocios públicos. De allí surge la reacción intelectual que lo llevó a pensar en algo nuevo, en algo más apto para nuestra idiosincrasia y para nuestra manera de ser y de actuar que según las fórmulas imperantes entonces mantenían contenido el desarrollo del país. La confirmación de que sus ideas eran acertadas puede comprobarse con el hecho de que la constitución inspirada en sus enseñanzas ha permanecido en plena vitalidad, con algunas reformas, durante un siglo, y un siglo es un espacio de tiempo muy respetable.

LA INVERSIÓN EXTRANJERA

Ocampo Trujillo analiza desde su punto de vista lo que él llama la influencia nefanda del capital extranjero sobre éstas repúblicas indefensas. El imperialismo, la diplomacia del dólar, la dominación del dinero sobre las flacas economías del área latina en nuestro continente, suscitan en el autor una viva repulsa y lo llevan a señalar con índice vindicativo todo lo que hayan podido hacer quienes algún día participaron en operaciones relacionadas con Estados Unidos en el campo de los negocios financieros. Creo que este tema exigirá un examen más estricto, más riguroso, menos apasionado. Porque el caso es que la aceptación de la inversión extranjera en un país desde el punto de vista económico y social no es siempre reprochable. Hay en el cuadro del desarrollo mundial unos ejemplos que invitan a la reflexión tranquila y que resultan impresionantes por las consecuencias, innegablemente buenas, de la inversión extranjera en varios países. Los casos del Canadá y los Estados Unidos de América, el de Australia e Inglaterra, el de la Nueva Zelanda con Holanda hablan por sí solos. Esos tres países que recibieron el apoyo amplísimo de la inversión foránea, sin reticencias ni limitaciones, pertenecen hoy al cuadro muy restringido de los catorce países más desarrollados del mundo. Esto quiere decir que gozan de los privilegios del alto empleo, de la educación a los más estrictos niveles, de la salud atendida generosamente, del bienestar familiar, de todos los beneficios que la civilización contemporánea ha creado para elevar la vida de los pueblos. Y ello no ha implicado ni subordinación, ni entrega, ni sacrificio de sus aspiraciones y principios.

LOS "TERRATENIENTES"

Hay otro tema en el cual se insiste en casi todos estos ensayos y es el de la influencia de lo que él llama "terratenientes" sobre la vida colombiana. Quienes un día vivimos en provincia y conocimos la intimidad de la vida social sabemos muy bien que los poseedores de tierras, los dueños de fundos agrarios, los propietarios campesinos, no tuvieron la más mínima participación en la vida política de su comarca, ni se les eligió para ningún puesto público, ni fueron al Concejo, ni a la Asamblea Departamental ni al Congreso de la República. Indagamos inútilmente de donde puede surgir de la tesis de su preponderancia y mando, y no encontramos ninguna razón valedera. Los que han influido, los que han participado en la administración de las distintas ramas del gobierno, los que han determinado rumbos o han impuesto sus puntos de vista han sido profesionales del derecho, de la medicina y los ingenieros. Esos que se señalan con el remoquete de "terratenientes" han tenido una participación modestísima en la dirección del Estado y no son como parece creerse los que han hecho perder a la nación su rumbo histórico.

CONCLUSION FINAL

Para referirse a la totalidad de este libro sería necesario escribir otro de más de doscientas páginas en las cuales se detallaran los innumerables planteamientos que el autor enfila para demostrar sus tesis. Escritor ameno de muy buena prosa y gran movilidad, sus trabajos demuestran que sabe investigar los temas y buscar en las fuentes de la historiografía nacional los documentos primordiales. Uno desearía que en futuros trabajos se desprendiera de ciertas tesis machaconas, repetidas una y otra vez por comentaristas fanáticos y que acometiera la investigación propia con sus excelentes capacidades para examinar los distintos sucesos que aparecen en sus relatos. En todo caso las muestras que aparecen en este libro son muy valiosas y complementan bien los trabajos del autor.

ANTONIO ALVAREZ RESTREPO

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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