En la pasada columna intenté una aproximación del balance que pudo haber dejado a Cartagena y Colombia la realización de la VI Cumbre de las Américas. Se ha esparcido mucha tinta al respecto; columnistas y generadores de opinión, de mucho respeto, han dejado sentada su posición, la mayoría con grandes interrogantes sobre la verdadera utilidad de dicha Cumbre y los derroches de dinero. Otro tanto ha defendido -tendrán sus razones particulares- la actitud del gobierno del presidente Santos.
Acerquemos un balance socio económico y la relación costo – beneficio, para saber en qué se invierten los recursos del erario, compuesto por los impuestos y los bienes públicos. Éste es el saldo que queda a Cartagena: desde el punto de vista social nos impusieron un “apartheid” en pleno siglo XXI: declararon un verdadero estado de sitio, con ley seca incluida y un tratamiento de guerra sólo destinado a los criminales de la peor calaña; el pueblo del común quedó aislado, sin posibilidades de transitar y realizar sus labores cotidianas, con graves daños para los trabajadores informales y negocios. Abusaron del patrimonio histórico, lo pisotearon y terminaron negociando y sacando utilidades de él. Como si fuera poco, por obra y gracia de la seguridad democrática del presidente Obama, ahora Cartagena es distinguida como “el paraíso de la prostitución” -apelativo que rechazo-, lo que desenmascara la decadencia de Estados Unidos y el verdadero espíritu de estas Cumbres donde se codea la más “alta élite” americana.
Para Colombia es aún peor. Es legendaria la actitud “rodillona” de nuestros presidentes frente al designio de los Estados Unidos. La historia está llena de entregas de los intereses nacionales por parte de nuestros dirigentes, desde la colonia, pasando por el despojo de Panamá, hasta nuestros días. Para esta Cumbre se preparaba algo similar pero con una ironía: todos los gastos corren por cuenta del agredido. ¡Sí que costó la “parrandita”! Por ahora el Gobierno Nacional acepta que fueron sólo ¡$55.000 millones!, y a la Canciller le parece algo racional. Lo que vimos fueron verdaderos bacanales, fiestas faraónicas y derroches de dinero, por cuenta de “los prósperos democráticos” colombianos. La teoría del presidente Santos es que salimos del Tercer Mundo. Los debates anunciados y las investigaciones -si algún órgano de control se atreve- cuantificarán los gastos o mejor los daños.
Lo absurdo es que estos gastos se hicieron para anunciarnos que el Tratado de Libre Comercio -TLC- entre Colombia y Estados Unidos entrará en vigencia el próximo 15 de mayo. Días antes de la Cumbre, Estados Unidos le exigió a Santos y éste a su Unidad Nacional, aprobar las leyes que les permita a los gringos apoderarse del mercado interno colombiano. Por eso fueron aprobadas las siguientes Tres Leyes: la Primera, sobre derechos de autor y todo tipo de disposiciones a ese respecto, como libros impresos, software, entre otros; de esta forma, se dispuso la ampliación de 50 a 70 años la protección de los derechos de autor. Esta medida es conocida como “Ley Lleras 2.0” porque en los artículos 13 y 14 se prohíbe la transmisión de señales de televisión y contenidos por internet sin permiso del autor y establece cárcel de 4 a 8 años a los infractores; es decir, garantiza el negocio privado. La Segunda Ley ratifica el convenio internacional para la protección de las obtenciones vegetales, conocida como Upov de 1991; éste protege los que podrían calificarse como ‘derechos de autor’ de los investigadores en especies vegetales, evitando y sancionando la “piratería” de semillas. Y la Tercera Ley aprobó el convenio de programas transmitidos por satélite o televisión; hasta ahora, Colombia tenía 50% de la programación nacional de la televisión, y a partir de la norma se bajaría al 30%, con lo que favorecería las producciones gringas. De este tenor son las normas que regulan dicho TLC. El gobierno nacional dice estar feliz porque vamos a inundar a Estados Unidos con el 99,9% de nuestra producción con cero arancel, pero los gringos piensan lo mismo, según palabras de Obama: “es una victoria para Estados Unidos porque incrementará nuestras exportaciones en una cifra de mil millones de dólares, para ayudar a promover la creación de empleos en Estados Unidos, y va a ayudar a llegar a la meta de duplicar las exportaciones de los Estados Unidos”. Santos acepta que “no pagan arancel desde el 15 de mayo, el 81,8% de los productos elaborados en Estados Unidos, de los cuales el 92,5% son materias primas y bienes de capital no fabricados en Colombia”.
¡Es una conspiración contra la producción y el empleo nacionales en beneficio de los de Estados Unidos y del goce de unos cuantos “mercachifles” colombianos: colonialismo y subdesarrollo puros!
POR LA SOBERANIA, EL TRABAJO Y LA PRODUCCION ¡RESISTENCIA CIVIL!
Sede Nacional : Calle 39 Nº 21-30 Bogotá Colombia - Telefono: (57 1) 245 9647.