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¿Qué hay detrás del alarmante aumento de bebés que nacen en Brasil con cabezas pequeñas?

Diana Fine Maron, Scientific American, enero 11 de 2016

El Zika normalmente causa dolores y erupciones similares a los de la gripe, pero la rápida propagación de la enfermedad está alimentando las preocupaciones globales sobre los niños con cabezas diminutas y daño cerebral.

En 2015, miles de bebés en Brasil nacieron con cabezas anormalmente pequeñas y daño cerebral potencialmente debilitante. Durante ese año, el país reportó cerca de 3.000 casos de la enfermedad incurable llamada microcefalia, alrededor de 20 veces más que en 2014. En el noreste del país, donde se registraron la mayoría de los casos, los funcionarios del gobierno ya han declarado el estado de emergencia. Ahora, investigadores internacionales y autoridades brasileñas se apresuran a aplacar el problema.

El caso es que no están seguros exactamente qué está causando el fenómeno o cómo enfrentarlo. Sí tienen un fuerte sospechoso, una enfermedad transmitida por mosquitos llamada Zika que suele causar erupciones de corta duración y dolor en las articulaciones, y que azota las mismas áreas en Brasil. Ya hay evidencias de que el virus puede atravesar la barrera placentaria: el Zika ha sido detectado en el líquido amniótico de dos mujeres embarazadas con fetos microcefálicos en el estado de Paraiba. Es más, otros virus del mismo género tienen la capacidad de replicarse una vez que llegan al sistema nervioso central, lo que inicialmente proporciona alguna indicación sobre la forma en que podrían causar microcefalia.

Sin embargo, nunca se ha registrado que el Zika pudiera provocar microcefalia. Generalmente, la microcefalia es causada por la exposición a sustancias tóxicas durante el embarazo, anomalías genéticas o enfermedades durante el embarazo como rubéola o herpes. Asimismo, los científicos también saben muy poco acerca del Zika. De hecho, hasta 2007 solo hubo casos esporádicos de personas infectadas con el virus (al menos los que fueron confirmados en laboratorio), con pequeños brotes en África y el sudeste de Asia desde que fue descubierto en 1947 en Uganda.

Ahora, el virus Zika está avanzando rápidamente por un nuevo territorio. En mayo de 2015, Brasil reportó su primer caso y para diciembre de 2015, el virus ya había ingresado a varios países de Centro y Suramérica, como Colombia y México, e incluso apareció en la isla de Puerto Rico. La rápida propagación sugiere un cambio en el virus Zika, que pone a los científicos en una carrera a contra reloj para localizarlo. También preocupa que el Zika se haya relacionado con el futuro desarrollo del síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad autoinmune que podría conducir a la parálisis.

Los investigadores saben que un virus como el Zika pudo mutar para fortalecerse, esencialmente permitiendo que pueda transmitirse más fácilmente de un huésped a otro para sobrevivir. Pero una mutación diseñada específicamente para ayudar a que atraviese la barrera placentaria natural entre la madre y el feto no necesariamente es demasiado beneficiosa para el virus, porque se ha transmitido con éxito en formas más tradicionales, dice Scott Weaver, experto en enfermedades virales transmitidas por mosquitos de la rama de medicina de la Universidad de Texas (UTMB, por sus siglas en inglés) en Galveston. Una opción más probable de su rápido alcance, dice Weaver, es que el virus podría haberse adaptado en los últimos años para adquirir un nivel más alto de viremia, es decir, más cantidad de virus presente en una gota de sangre. Esto permitiría que el Zika sea transmitido a mayor velocidad, porque aumenta las posibilidades de que un mosquito recoja el virus y lo transmita a otra persona después de picar a un humano infectado. Un beneficio adicional de esta viremia sería que, aunque el virus no tendría ningún aumento natural en su capacidad para atravesar la barrera placentaria, su alta concentración podría incrementar sus posibilidades de hacer el salto. El equipo de Weaver en la UTMB está estudiando el virus ahora con la esperanza de obtener esas respuestas.

Pero este trabajo no determinará si definitivamente es el Zika quien está alimentando los casos de microcefalia. Para eso, otros investigadores de la UTMB, a pedido de las autoridades brasileñas, forman parte de un equipo más grande que intenta hallar la conexión entre el Zika y la microcefalia. Dos investigadores de la UTMB, Nikos Vasilakis y Shannan Rossi, estuvieron en Brasil durante Navidad ayudando a establecer capacidades de diagnóstico para analizar sangre del cordón umbilical y detectar signos del Zika al nacer.

Las señales que están buscando se encuentran en los anticuerpos de los recién nacidos. Debido a que los anticuerpos del virus Zika se parecen mucho a los del dengue o la fiebre amarilla (ambos comunes en Brasil) es difícil detectar si una mujer embarazada contrajo el Zika o tenía una de esas otras condiciones en el pasado. Pero el análisis de laboratorio de los anticuerpos en sangre del cordón umbilical que surgen en respuesta a una reciente exposición —anticuerpos llamados inmunoglobulina M, o IgM— permitiría a los científicos detectar si el feto estaba infectado con el Zika y si eso sucedió recientemente (a diferencia de pruebas que recogen anticuerpos de más largo plazo transmitidos por la madre). Teóricamente, esas pruebas también pueden recoger virus de aspecto similar al dengue y confundir los resultados, señala Weaver, pero la posibilidad de ese tipo de falso positivo es baja porque la infección al dengue fetal es muy poco común. “Al tratar de diagnosticar más de estos casos en el nacimiento a través del muestreo de sangre del cordón umbilical, se podría aprender más acerca de cómo se infectaron estos fetos”, agrega.

Incluso sin esos datos ya hay algunos indicios de que la conexión entre el Zika y la microcefalia es más que una simple coincidencia geográfica. También ha habido informes de material genético del Zika detectado en la sangre de un bebé con microcefalia en el estado norteño de Pará. (Este niño murió unos cinco minutos después de nacer). Y, de manera anecdótica, algunas de las mujeres que dieron a luz a niños con microcefalia también recordaron tener una erupción durante el embarazo, un síntoma potencial pero no definitivo del Zika. Además, más allá de Brasil, en la Polinesia francesa se ha registrado un repunte inusual en problemas del sistema nervioso central en bebés nacidos en los últimos dos años en las áreas asociadas a brotes de Zika. Pruebas de laboratorio en esas madres hallaron que al menos algunas podrían haber tenido el virus Zika de manera asintomática.

Pero esta información, por sí misma, no es todavía irrefutable. En Brasil se realizan más investigaciones al tiempo que el gobierno despliega esfuerzos de educación en salud pública y control de mosquitos. Si la nueva información surgida de la sangre del cordón y otras investigaciones pronto confirman la conexión Zika-microcefalia, tal vez eso añada un nuevo impulso para desarrollar una vacuna contra el Zika, posiblemente adaptando una que ya está en uso para un primo del Zika, el dengue.

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