Con absoluto conocimiento de causa y sin temor a equivocarme diría que el colombiano o colombiana que como usted o como yo, sean cuales fueren su situación socio-económica, ocupación y el partido político al que pertenezca o con el cual simpatice, tenga la certeza de que:
• Así como los derechos no se mendigan y la dignidad no se negocia, este país está clamando por una sociedad incluyente, pluralista, democrática, con equidad y justicia social. • Los debates y las denuncias se hacen con argumentos fundamentados en hechos y realidades (reales, no virtuales), y no con calumnias, disparates, verdades guardadas o salidas por la tangente que no reposan en nada diferente de la demagogia barata. • Independientemente de quién sea el próximo Presidente, las decisiones que inciden sobre Colombia y sobre la vida (presente y futura) de sus nacionales, deben hacerse de cara al país y no tras bambalinas o empleando el truco de las cortinas de humo. • En efecto, “acá lo que hablamos es paisa” (como dijo el ministro Valencia Cossio), pero también valluno, guambiano, chocoano, wayúu, misak, santandereano, llanero, emberá, pastuso, cundiboyacense, costeño, cachaco, patojo, opita, por mencionar sólo algunos. • El no comulgar con las ficciones de un gobierno en modo alguno justifica que, de la noche a la mañana, en un abrir y cerrar de ojos y como por arte de magia, tantos hayamos sido despojados de la nacionalidad colombiana y nos hayamos convertido en terroristas o apátridas. • La pretensión de adoptar el modelo Malayo o de convertirnos en el país de las uchuvas, las innegables irregularidades de los negocios de Tomás y Jerónimo Uribe y de programas como Agro Ingreso Seguro, la instalación de bases militares estadounidenses en un país tan golpeado por la violencia como Colombia y la regresiva estructura impositiva son pruebas fehacientes de que el interés nacional ha sido feriado y está en entredicho. • La Ley 100 hizo inviable la salud en Colombia como derecho y el ejercicio autónomo y desde la ética de los profesionales de la salud, al convertirla en el negocio lucrativo de unos cuantos y, ahora, con la declaratoria de Emergencia Social y sus tan cuestionados decretos, quedamos todos, sin excepción, condenados a muerte (independientemente de la vinculación –régimen contributivo, subsidiado- o no vinculación, con o sin medicina prepagada); en pocas palabras, en materia de salud y seguridad social nos llevan de Guatemala a Guatepior. • Lo menos que puede decirse de un país cuyo Presidente se escuda en que firma decretos de tanta trascendencia sin tener conocimiento de lo que firma es que no va por muy buen camino. • La única vía posible y sostenible de poner un freno a la violencia y la brutalidad son acciones emprendidas desde la legalidad, la constitucionalidad y el rechazo categórico a la lucha armada. Está más que demostrado que las intervenciones fundamentadas en el fomento de odios derivados de venganzas personales y amparados en la aplicación de la lógica según la cual “el fin justifica los medios” no pueden más que conducir a los falsos positivos; las chuzadas del DAS; aperturas de investigación (contra toda evidencia) a personas intachables; la manipulación grotesca y desvergonzada de la opinión pública y la buena fe; la sustitución a toda costa del Estado Social de Derecho por el estado de opinión; las condenas por cohecho que sólo recaen en parte de los implicados mientras los otros, tan campantes, siguen haciendo de las suyas; la persecución encarnizada a defensores de derechos humanos, etc. • El paso de la cabeza de la política de seguridad democrática del Ubérrimo a las trincheras, con una pernoctadita en la Casa de Nari, algo ilustra del pretendido éxito de dicha política y de la posición guerrerista que desde el comienzo la ha sustentado. • Los caballeros y los varones son una y la misma cosa y, entre unos y otros, “que entre el diablo y escoja”. • A pesar de “trabajar, trabajar y trabajar (…) ocho años es poco tiempo”, para aniquilar la democracia en Colombia, pero no para dejarla seriamente lesionada. • No obstante la importancia del fallo de inexequibilidad del referendo re-reeleccionista proferido por la Corte Constitucional, el Uribiato y sus desmanes aún no han terminado; queda camino por recorrer.
Hecho este breve recuento, ¿quién le teme a la entereza, solidez, honestidad y perseverancia de Jorge Enrique Robledo Castillo y Germán Navas Talero?
Quienes conociendo sus trayectorias y la coherencia que fundamenta sus posiciones creemos firmemente en ellos, no podemos darnos el lujo de no materializar con nuestro voto el respaldo que necesitan para ser elegidos y seguir representándonos con la altura y seriedad con que hasta ahora lo han hecho; no basta con desear que así sea, ni con suponer que así será.
Robledo Soy Yo, sí, indudablemente, pero también y además, Robledo Sos Vos.
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