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¿Quiénes ganan polarizando frente al plebiscito?

Sergio Fernández, las2orillas.co, Bogotá, septiembre 21 de 21016

En el libro La violencia en Colombia, Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña, describieron el nacimiento de la violencia liberal-conservadora, que data de los años treinta cuando la dirigencia de estos partidos tomó la decisión política de azuzar a sus bases mediante discursos incendiarios, acusaciones y señalamientos sistemáticos que derivaron en un círculo de odio y violencia imparable entre liberales y conservadores de a pie.

Paradójicamente, esta violencia inusitada contrasta con el compadrazgo que entre esa misma dirigencia política se impuso desde entonces. En la calle 9 con carrera 4, en el centro histórico de Bogotá, se encuentra el teatro Camarín del Carmen. Su frente está adornado por un soneto de 1936 que exalta la historia de esta construcción, al final aparece el nombre de su autora, el cual permite resumir buena parte de la trágica historia nacional: Isabel Lleras Restrepo de Ospina, hermana del expresidente y líder del partido Liberal, Carlos Lleras Restrepo y esposa de Luis Ospina, hijo del también expresidente, Pedro Nel Ospina, este último, líder conservador y comandante del ejército conservador durante la guerra de los mil días. El hecho a resaltar: mientras la dirigencia de estos partidos dormía en el mismo lecho, en público incitaban a sus bases a la violencia.

Hoy, décadas después, esas mismas castas protagonizan una historia similar en torno al plebiscito que decidirá el futuro de los acuerdos de paz de La Habana. El deplorable show mediático consiste en calificar a quienes son partidarios del SÍ como “castrochavistas” y a quienes son partidarios del No, como “guerreristas”, esto por citar solo dos epítetos, pues cada vez escalan a mayores y peores.

El show es show y nada más que eso, pues quienes lideran esta polarización comparten el mismo proyecto de país y representan los mismos intereses. Los partidos de la bancada santista en el Congreso y el Centro Democrático, han aprobado y defendido juntos los Tratados de Libre Comercio que tienen en jaque a la industria y el agro; ambos votaron a favor las leyes recientemente aprobadas para que el ejército colombiano vaya a librar guerras bajo el mando de Estados Unidos y la Otán; juntos cierran filas en defensa de la ley 100 y del robo de 1,4 billones de pesos de recursos de la salud por parte de Saludcoop; han sido ellos los responsables de la quiebra y desmantelamiento de las universidades públicas, el saqueo de nuestros recursos naturales, el endeudamiento externo impagable y juntos han construido las mayorías con las que cuenta Peñalosa en el Concejo de Bogotá para barrer el patrimonio público, la reserva Van Der Hammen y los hospitales de la ciudad. Las coincidencias entre ellos son infinitamente mayores que sus diferencias, pero nos venden lo contrario, he allí el engaño.

El momento actual exige de los colombianos grandeza para ponerse por encima de quienes malgobiernan el país, y esto parte por emprender dos tareas. La primera, no caer en la conveniente polarización de quienes nos venden la idea de que solo existen dos opciones: Santos o Uribe. Diferenciar las ideas de las personas, comprender que nadie es mejor o peor persona por votar Sí o No. Respetar. Entender que ambas posiciones son legítimas y que independientemente del veredicto de las urnas, los problemas del país continuarán y que al otro día del plebiscito será labor de todos construir la más grande convergencia para sacar este país adelante.

La segunda tarea es impedir a toda costa que esa polarización calculada a la que se está sometiendo al país cumpla el propósito de imponer un nuevo frente nacional, en el que esa elite política se turne el gobierno cerrando las puertas a nuevas opciones. El país no puede morder el anzuelo que se esconde tras la carnada de escoger entre “la paz o la guerra”. Nuestra polarización es la victoria de Santos y Uribe.

Por fortuna el mundo no termina en Santos y Uribe. Existen más opciones. Una tercera –la que escogí-, la ha encabezado el senador Jorge Robledo y se resume en la frase “Acuerdos de paz Sí, gobierno de Santos No”. Se trata de votar SÍ en el plebiscito, pues pese a que existen aspectos del acuerdo susceptibles de crítica, el hecho que más pesa en éstos es el desarme total y definitivo de las Farc y su desaparición como guerrilla. Pero votar Sí al plebiscito no implica dar cheques en blanco a Santos, al contrario, el fin de la guerra traerá mejores condiciones para resolver los problemas del país, empezando por cambiar estos malos gobiernos. Por ejemplo, ningún presidente ha sido elegido por sus propuestas sobre salud, educación o modelo de desarrollo. La guerra es una venda que le ha impedido al país ver sus problemas más apremiantes, debatirlos y decidir la mejor opción para resolverlos.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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