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Razones del desplome textil antioqueño

Amaury Núñez, Medellín, noviembre 8 de 2015

Medellín y Antioquia han recibido durante años el calificativo de centro industrial del país, contra la evidente desindustrialización de la ciudad y el departamento.

De las quinientas empresas más grandes del departamento, un tercio son manufactureras y la décima parte de textiles y confecciones.[1] Veamos cómo las ha perjudicado el libre comercio.

En 1994 se desmontó el Acuerdo Multifibras, que restringía la importación de lanas y tejidos cuando perjudicara dicha rama productiva en el país importador. Fue desmontado por las potencias textileras porque constituía “una importante desviación de las normas básicas del GATT”, que no son otra cosa que el libre comercio.

En su lugar se promovió el Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido de la Organización Mundial del Comercio, OMC, que suprimió los contingentes en 10 años y desprotegió a las naciones importadoras en arancel y volumen.

También en el agro campearon las malas políticas. En 1993 Colombia se convirtió en importador neto de algodón, materia prima fundamental para el sector. El área cultivada pasó de 200 mil hectáreas en 1990 a 45 mil en 2004.

Las importaciones de textiles fueron de U$75 millones en 1990 y de U$947 millones en el 2006. En el mismo periodo, la población ocupada en el sector textil pasó del 11% al 8.5% en Colombia y del 24% al 18% en Antioquia.

Paradójicamente las confecciones aumentaron en Colombia de 10% al 14% y en Antioquia del 14% al 26%. ¿Qué había ocurrido? Que el sector degeneró la transformación de materia prima a la maquila.

En el agregado industrial de Antioquia, los sectores textil y de confección mostraron entre 1985 y 2005 comportamientos contrarios y comprueban la tendencia descrita. El textil pasó del 27% al 9.1%, mientras que las confecciones del 4% al 25% del valor, configurando además un esquema de empleo basado en la informalidad y cada vez menos centrado en el sector textil. Como fotografía de esa desindustrialización, el empleo manufacturero antioqueño entre 2001 y 2015 dejó de ser el 25% para pasar al 22% del total nacional.

Olvidaron los responsables de este descalabro el hecho más importante del desarrollo industrial de Inglaterra, donde Enrique VII (1485-1509) promovió las manufacturas, que convirtieron a los productores, antes exportadores de lana bruta, en fabricantes mundiales de productos laneros. O la reforma introducida por Robert Warpole[2] en 1721, que elevaba el arancel a las importaciones de manufacturas y subsidiaba las exportaciones de tejidos de seda, comprendiendo, en sus palabras, que nada contribuiría “tanto a la promoción del bienestar público”.

Ante la evidencia y el desbande industrial y textil, debe dirigirse la economía hacia la producción de bienes manufacturados y de alta tecnología, que puedan sustituir parte de las importaciones, y contribuyan al crecimiento económico, el empleo y los salarios de los trabajadores. De este modo se podrá salvaguardar la industria y el bienestar de los antioqueños, población que adeuda su infortunio a los desafueros neoliberales.

Notas:

[1] Cámara de Comercio de Medellín, 2012.

[2] Primer Ministro durante el reinado de Jorge I (1660 – 1727).

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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