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Rememorando un grande

Eudoro Alvarez Cohecha, Villavicencio, agosto 10 de 2014

Hace veinte años terminó su ciclo vital Francisco Mosquera Sánchez, fundador e ideólogo del MOIR. Para nuestra generación, levantada en un medio universitario que se debatía en un atiborrado ambiente de discusión política admiradores del Che Guevara, Fidel castro, Mao Tsetung, Ho chi min y el padre Camilo y que en 1971 participaba en el que sería el más amplio movimiento estudiantil que terminó embanderando la propuesta de una educación nacional, científica y de masas, semillero de revolucionarios influyentes en la izquierda durante los siguientes 40 años, Mosquera sigue vigente.

Mi recuerdo más antiguo de este brillante dirigente, se remonta al comienzo de mi actividad laboral, recién egresado de la Nacional, cuando producto de la influencia predominante, anhelaba concretar el compromiso con el Pueblo, empuñando las armas. Tras varias peripecias encaminadas a tal propósito, conocí a Mosquera quien abiertamente señaló de lo erróneo de dicha postura y orientó a buscar la ligazón al movimiento campesino, por ese entonces protagonista de tomas de tierras en forma masiva, cuyo escenario se desarrollaba, principalmente, en la costa atlántica colombiana, Precisamente en donde por entonces me encontraba. A la concepción del “foco”, avivada desde la “Revolución en la revolución” de Debray, como táctica de la lucha popular opuso la necesidad de construir un partido obrero que la dirigiera, empeño al cual dedicó buena parte de su quehacer político.

Tempranamente orientó sobre la discrepancia y el deslinde de los transformadores sociales con el secuestro, la extorsión y “demás disparates terroristas” invocados como instrumentos de la disputa política; denunció la inconveniencia de la “combinación de todas las formas de lucha”, como error táctico que atrasaría los avances de las transformaciones de nuestra inequitativa sociedad.

Convencidos de que la abstención electoral, era asunto de principios, promovida con devoción, seguramente por aquello que pregonara Camilo Torres, de “quien escruta, elige” y luego del fraude electoral de que fuera víctima la ANAPO, Mosquera orienta el que sería el viraje más radical en contra del “infantilismo de izquierda”, como fue la decisión de vincularse a la lucha electoral, dado el análisis de la realidad nacional, postura que propugnó desde la posición del marxismo, previniendo de manera clara a las huestes de izquierda de la dañina práctica del “cretinismo parlamentario”, posición tan equivocada como el “abstencionismo como principio”.

Cuando primaba la convicción de construir el socialismo de manera inmediata, señaló el carácter democrático de los cambios revolucionarios, apegado a la concepción de la Nueva Democracia, consecuente con lo cual para derrotar el poder del imperio que nos azota, el norteamericano, la burguesía nacional está dentro del frente a constituir y movilizar en pos del cambio de la nación.

Producto de la convicción de que la clase obrera es el sector fundamental en el futuro de los cambios de la nación, promovió la vinculación de quienes se consideraran amigos de la revolución a las organizaciones y masas de obreros por entonces bajo la influencia de los partidos tradicionales, resultado de lo cual es la creación de formaciones obreras en donde las ideas de izquierda influyen notablemente, luego de décadas de dominio de las mismas por los partidos e ideas tradicionales.

Denunció con valentía la injerencia del social imperialismo soviético y sostuvo frontal batalla con su ala legal el P.C. y desafió su aleta armada cuando alevosamente asesinaran destacados dirigentes del moirismo.

Cuando César Gaviria proclamó el “Bienvenidos al futuro”, con el que aupó la introducción del neoliberalismo como eje central para el manejo económico de la nación, Mosquera alertó tempranamente sobre la inconveniencia de ese modelo aperturista; trascurridas más de dos décadas de estar siendo aplicado juiciosamente por las diferentes denominaciones que han tomado las banderías tradicionales, los beneficios han sido esquivos para las mayorías de trabajadores de la ciudad y el campo y los empresarios que ligando su actividad a la suerte de la nación porfían por desarrollar diferentes sistemas de producción. Aquello de que “vienen por la lana, el telar y la que teje”, ha tenido cabal cumplimiento y armó a la dirigencia consecuente para la batalla de los TLC con que finalmente se afinó la mal llamada “apertura económica”.

Las nuevas acometidas, con los nuevos escenarios y desarrollos, fueron vislumbrados con ese olfato fino de los verdaderos dirigentes, a quienes las cortinas de humo, incluidas las recurrentes olas pacifistas, no los enceguecen y a pesar de la nubosidad saben esclarecer lo por venir y orientar los caminos que permitan concretar las verdaderas transformaciones para las grandes mayorías nacionales.

Imperecedero aporte el de Mosquera a las batallas por la auténtica independencia nacional y el progreso de Colombia, que como él lo señalara pueden ser la obra de varias generaciones.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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