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Robledo tiene razón

Juan Pablo Fernández M., Bogotá, mayo 27 de 2014

Muy molestos andan unos opinadores en las redes sociales, la radio y la TV al señalar su contradicción con Jorge Enrique Robledo por afirmar que Santos y Zuluaga son conejos del mismo sombrero, harina del mismo costal y hojas del mismo árbol. La molestia radica en que el Senador del Polo no cohonesta con la posición de que hay que votar por Santos, porque hacerlo es votar por la paz y no favorecer la guerra. La guerra o la paz o, fascismo o libertad, son los falsos dilemas en los que nos quieren poner los propagandistas de Santos.

Estamos ante dos cuervos que, como dice la copla, nublan la mañana cuando se arrancan el plumaje. Su pelea es por quien se vuelve el jefe del partido del presupuesto, por quien firma los cheques, no por modificar el rumbo de Colombia. Ambos proponen continuar por el camino impuesto al país en las dos últimas décadas.

Paz sí, Santos o Zuluaga no. La Constitución de Colombia señala que la “paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” (Artículo 22) y agrega que propender por su logro y mantenimiento es un deber ciudadano (Artículo 95). Buscarla es una obligación del Presidente, sea quien sea. Los ciudadanos tenemos que exigir a los candidatos que cumplan este mandato. Poner la paz como el dilema de la campaña es una mezquindad de quienes lo hacen, sin importar el lado en el que estén. Esta es un propósito del Estado y de la sociedad. Pero no es sinónimo de votar por uno o por el otro. Entre los malos, el menos malo, no. ¡Ninguno! Eso es igual que poner al toro a escoger la espada y el tono del capote con el que el torero saldrá al ruedo.

Y eso de que Santos es menos malo que Uribe, su ex jefe, o que Zuluaga, su ex compañero de gabinete, es muy discutible. No olvido la imagen en 2010 del entonces saliente ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, “tomado” de la mano del entrante de Santos, Juan Carlos Echeverry, en el Capitolio presentando la reforma constitucional de la sostenibilidad fiscal. Medida contraria a la vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales y del uso efectivo de la tutela. También recuerdo a Uribe diciéndole al hoy santista Petro terrorista de civil. Y a Santos “demostrando” que Robledo incitaba a la violencia. ¿Distintos? En el nombre y el apellido, nada más. Pero en lo político y lo económico, que es lo que determina votar o no por una persona, estos señores se mueven en la línea de convertir a Colombia en una nación satélite de las necesidades del gran capital trasnacional y no en una que actúe con dignidad y anteponga los derechos de sus nacionales y las relaciones internacionales de beneficio mutuo, sobre los de los monopolios y las grandes corporaciones. Creer que la antidemocracia económica puede convivir con la política es un error. A más neoliberalismo, menos democracia.

En el negocio de recurrir a métodos antidemocráticos y hasta violentos contra la gente, están inmersos todos los expresidentes vivos y los partidos políticos tradicionales y sus retoños. ¡Todos! Ninguno se escapa. La violencia contra varios sectores de la sociedad ha sido una política de Estado, hasta observadores internacionales como James Robinson lo reconocen (http://bit.ly/1oT0x4M). Que esto no se olvide. Y en este juego siempre nos ponen a escoger entre el policía bueno o el malo, cuando ambos tienen el mismo propósito.

Votar por Santos es hacerlo por todo el paquete completo. ¡Todo! Es votar por Germán Vargas Lleras, por Cesar Gaviria, por los Petros, los Lizarraldes, etc. Es votar por los TLC, por el libre comercio, por la desigualdad, por acabar la tutela. Es votar en favor de las EPS, de la negación del derecho a la educación de calidad, por el mal trabajo, por los monopolios extranjeros, en fin, por un modelo económico y político que hace de Colombia el reino de la desigualdad. El que vota por Zuluaga lo hace por este mismo programa, ya no bajo el mando de la S, sino de la ZU.

Ni con Santos ni con Zuluaga. Los que creen que con Santos el país cambiará y que la paz significará reformas económicas y sociales radicales, o están equivocados o engañan. Pueden hacer lo que tengan a bien a hacer, hasta entregarse a cambio de mermelada. Cada quien verá, pero que no impongan a quienes piensan distinto en este caso, sus intereses o “creencias”. Que Santos y Zuluaga se sigan desplumando en esa pelea que nubla el paisaje. Pero como dice Robledo, con cualquiera de los dos seguirá la horrible noche.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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