El precio de venta fijado por el gobierno "tiene implícita la estrambótica tasa de descuento del 20.5 por ciento" para el inversionista, tasa que es, aún "desde el punto de vista de las mismas finanzas privadas, inaceptable"
Uno de los más importantes bienes del patrimonio nacional es ISA, (Interconexión Eléctrica S.A.), empresa estatal propietaria de las redes que permiten distribuir la energía eléctrica desde las diferentes centrales de producción, sean térmicas o hidráulicas, a casi todas las zonas de consumo del país. Son esas redes las que garantizan que si falla o es insuficiente la producción localizada en una determinada región, hasta ella se pueda llevar el fluido eléctrico desde otra, integrando así a todo el país e impidiendo apagones o permanentes déficit regionales que de otra manera no podrían subsanarse. El carácter nacional de la economía colombiana está directamente vinculado con el carácter nacional de las redes de transmisión de ISA, en una situación equiparable a la del sistema de carreteras troncales del país. De ahí su carácter estratégico y el por qué la nación ha hecho los enormes esfuerzos económicos que ha hecho para crearla, colocando torres, líneas de conducción de alto voltaje y 30 subestaciones de distribución a lo largo de siete mil kilómetros de la difícil geografía colombiana. Además, y aprovechando los corredores de sus redes, ISA posee otro activo de importancia capital: la única red nacional de microondas y de fibra óptica capaz de competirle a la que tiene Telecom y muy pronto tendrá la mayor red satelital del país. Finalmente, también controla Transelca, la principal transportadora de energía de la Costa Atlántica, y en 1998 tuvo utilidades por 164 mil millones de pesos. Literalmente hablando, quien posea a ISA posee el absoluto monopolio de la distribución de energía eléctrica de alta tensión en Colombia y la capacidad para dejar a oscuras a la región del país que desee. Y es obvio que ningún capital privado emprendería la aventura de montarle un sistema de redes que pudiera competirle, aún si el Estado le autorizara construirlo. Pero así y todo el gobierno nacional decidió venderle ISA al capital extranjero. ¿Y en cuánto valoró sus activos? ¿Siquiera en una suma que le permita "justificar" la enajenación de un bien que, como se ha visto, no debiera venderse por ningún motivo? De ninguna manera. La sacó en venta en apenas 457 millones de dólares, suma que es incluso inferior al precio en libros de la empresa y cuya escasez se ilustra con una simple división: así se saldría vendiendo a ridículos 130 millones de pesos el kilometro de línea de alta tensión y regalando el resto de los activos. De acuerdo con Carlos Guillermo Alvarez, Director del Postgrado de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, ISA tiene un valor comercial entre 3.500 y 10.000 millones de dólares (!!!), dependiendo de los supuestos con que se hagan los cálculos, pero sin negarles tasas de ganancia atractivas a los inversionistas. Y el mismo analista afirma que el precio de venta fijado por el gobierno "tiene implícita la estrambótica tasa de descuento del 20.5 por ciento" para el inversionista, tasa que es, aún "desde el punto de vista de las mismas finanzas privadas, inaceptable", porque casi triplica las tasas de ganancia con que suelen trabajar las transnacionales en los países desarrollados, dado que los intereses de los bonos del tesoro norteamericano de largo plazo no llegan al 6 por ciento anual. Claro que esta feria del patrimonio nacional no debe sorprender a nadie, porque ha sido la norma en un lustro de privatizaciones. En más de una ocasión, se ha denunciado que las empresas se venden a la tercera parte del costo de oportunidad y que se adquieren en jugadas esencialmente especulativas que se aprovechan de la bancarrota en que han sumido al país las imposiciones de las agencias internacionales de crédito. No es este el caso de que "al caído, caerle", sino el de que "ya que lo tumbamos, aprovechemos", acciones que los inversionistas extranjeros, principalmente norteamericanos, desarrollan con la evidente complicidad de quienes administran a Colombia en su beneficio y a cambio de algunas migajas para su lucro personal. Por estas realidades es que el exministro de minas, Jorge Eduardo Cock, comentó la privatización de ISA en los siguientes términos: "saldremos prácticamente regalando lo que tanto nos ha costado y hasta pagando luego por recuperar el buen servicio que hoy tenemos".
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