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Saludo de la Juventud Patriótica de Caldas en la conmemoración del 20 aniversario del fallecimiento de Francisco Mosquera

Darío Arenas Villegas, Secretario Juventud Patriótica Caldas, Manizales, agosto 12 de 2014

Crear un partido auténticamente obrero, independiente y revolucionario, ligado a la lucha de los sectores desfavorecidos del país y orientado por una línea de masas en contravía de las tendencias foquistas imperantes por décadas en el país, fue la desbrozadora tarea que se impuso Francisco Mosquera Sánchez hace más de 40 años. Acompañado de un puñado de jóvenes -que hoy no lo son tanto- y comprometido a ir a las masas para aprender de ellas, pelear a su lado y forjar una organización que asumiera la dirección de sus luchas, asumió como propia la tarea de realizar una revolución de nueva democracia y de liberación nacional en Colombia. La ruptura con las cadenas del revisionismo y la conformación de un contingente de fogoneros que han recorrido el país desde entonces al estilo de Mao Tse Tung: con los pies descalzos, formando partido y ligándose a los intereses de los colombianos, son entre muchos, aciertos políticos que la historia le ha reconocido a Francisco.

Al igual que el marxismo, sistema de pensamiento que sigue alumbrando la lucha emancipadora del hombre, hoy más que nunca el pensamiento de Francisco Mosquera continua esclareciendo el quehacer de los sectores nacionales y democráticos en una nación profundamente desigual como la nuestra, que aún se debate entre anquilosadas formas feudales en el campo, el adocenamiento de los gobiernos a las potencias extranjeras, el cercenamiento de libertades democráticas ganadas hace siglos y una antidemocracia fundada en el reparto del estado como un botín entre los partidos de la oligarquía. Su pensamiento y su continua evaluación concreta de las condiciones concretas del país, le permitieron no solo al MOIR sino al país entero avizorar con total nitidez la egida recolonizadora que pactaron los correveidiles del imperio con las potencias mundiales y las grandes trasnacionales y que bajo el nombre de globalización, apertura, liberalización y otros ardides, tiene como único propósito profundizar el saqueo de nuestros recursos naturales y destruir lo que queda del agro, la industria y el empleo nacionales.

El panorama de la juventud colombiana

Las más de dos décadas de políticas neoliberales, elevadas a norma de normas por todos los sectores políticos del país -con la honrosa excepción del MOIR- en la asamblea nacional constituyente, hoy ubican a la juventud colombiana en una situación de desesperanza y desamparo. La juventud que es el 27 % de la población colombiana debería constituir el futuro del país pero hoy padece las secuelas de las políticas de los malos gobiernos.

Mientras la tasa de desempleo general se ubica cerca del 10%, con los consabidos retoques e interpretaciones de los técnicos gubernamentales que maquillan la realidad para que se ajuste a sus interpretaciones, la tasa de desempleo para los colombianos entre 14 y 26 años es de 20,3%, el doble de la tasa nacional y la más alta de toda América Latina. En plata blanca, esto significa que existen en el país 1.157.000 jóvenes desempleados, lo que a su vez implica que alrededor del 55% del total de los desempleados en Colombia son personas jóvenes. A esto se suma que el 67% de los jóvenes que trabajan, lo hacen sin un contrato laboral, lo que los pone en una situación de vulnerabilidad extrema ante los vaivenes del mercado.

La educación, baluarte de las naciones desarrolladas para ayudar a la consecución de su independencia, prosperidad y lograr avances científicos, técnicos y tecnológicos que la conserven, día a día intenta desmantelarse, privatizándose de manera abierta o velada, según las necesidades del imperio y las clases dominantes, y de acuerdo al ánimo político y de resistencia de la nación. El hecho de que solo la mitad de los niños que ingresan a primaria termine el bachillerato, que solo el 37% de los bachilleres ingrese a la educación superior, que la mitad de ellos lo hagan a centros universitarios privados y que más del 50% deserte en medio de la carrera, nos demuestra que el camino signado por los gobiernos es el de la eliminación de los jóvenes del campo educativo.

Los sucesivos recortes a las transferencias que disminuyeron sustancialmente los recursos para educación, la deuda histórica y el déficit acumulado de las universidades públicas que hoy se calcula en 12,5 billones de pesos según los mismos voceros del establecimiento, el recorte de los recursos del SENA a través de la última reforma tributaria, aunado a la falta de democracia en las instancias de dirección, la corrupción y el socavamiento de la autonomía, son solo algunos de los aspectos que reflejan el estado de la educación en el país. Las clases dirigentes en su compromiso con los grandes conglomerados económicos del mundo, en obediencia estricta de las directrices del Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional, y en acatamiento directo de lo pactado en los Tratados de Libre Comercio, buscan profundizar la privatización de la educación a través de la asfixiante desfinanciación, el endeudamiento de los estudiantes y sus familias, las alianzas público-privadas, la creación de instituciones universitarias mixtas, la persecución a la organización de estudiantes, profesores y empleados, y como no, por medio de la inserción dura y directa del ánimo de lucro, como ya ocurre en países como Brasil, México y Chile, en los que se ha comprobado por un lado la bancarrota de este modelo y por otro las enormes utilidades que estas le dejan a sus inversionistas sobre la base de reducir costos en desmedro de la calidad.

Este panorama ha propiciado que la participación política de la juventud colombiana se venga a menos y que sus perspectivas personales, profesionales y nacionales, se vean ensombrecidas por un futuro incierto. Según una encuesta realizada en febrero de este año, más del 50% de los jóvenes manifestaban que querían votar en blanco en las presidenciales, un porcentaje similar no sabían por cuál lista hacerlo para el Congreso y era contundente el rechazo a la reelección de Juan Manuel Santos. Apatía con la política e inconformidad manifiesta con los gobernantes de turno, son las expresiones de una juventud de la que hacemos parte y a la que estamos obligados a animar políticamente y a demostrarle que la lucha democrática por otro país cambiará más temprano que tarde su situación y la del resto de la nación.

Papel de la juventud

Pese a la penosa situación que padece el país, hoy la principal lucha de la juventud colombiana debe ser recuperar la soberanía nacional, forjar una verdadera democracia y construir una nación realmente prospera, aunando esfuerzos para rechazar categóricamente la injerencia directa del imperialismo norteamericano en nuestra nación. A varias décadas de las gestas de Francisco Mosquera, la Juventud Patriótica reafirma su lucha contra el imperio que hoy pone nuevamente sus fauces sobre Irak, país del que nunca se ha ido desde su invasión en 2003, imperio que mantiene –a través de la OTAN- las tropas en Afganistán, que financia y apoya la ocupación y el genocidio israelí sobre el pueblo Palestino, imperio que incursionó en Libia y estuvo a punto de hacerlo en Siria, controla de manera conjunta naciones enteras en medio oriente a las que ayudó a crear hace apenas unas décadas para mantener el control sobre el petróleo y otros recursos naturales, mantiene más de 1.000 bases e instalaciones militares en más de 40 países alrededor del mundo y afianza su posición en continentes como el nuestro, amparado en la sumisión y el arrodillamiento de gobiernos que como los de Colombia, a decir de Gaitán, han mantenido hincada su rodilla ante el oro gringo y no han dudado en usar la metralla homicida para los hijos de la patria.

No cejaremos en el esfuerzo para que los colombianos comprendan que los Tratados de Libre Comercio, la fase superior de la recolonización imperialista, son la amenaza más grande que tiene la juventud y los colombianos en general, que ve peligrar con ellos no solo la riqueza del país, sino el empleo, la educación, la salud, la cultura y hasta el patrimonio genético de la nación. Una verdadera lucha soberana y antiimperialista, como la que necesita nuestro país en esta etapa, se debe enmarcar hoy en la lucha contra los Tratados de Libre Comercio y sus derivados.

La Juventud Patriótica que forjó Francisco permanece y permanecerá comprometida ante los desafíos que nos impone el día a día y conservará su firmeza ante los cantos de sirena de la oligarquía nacional, que hoy, en cabeza de su máximo jefe y el principal agente proimperialista de la región Juan Manuel Santos, han intentado confundir a los sectores democráticos de la sociedad, con el concurso de algunos que posando de demócratas le sirven a la reacción y al establecimiento. Es deber nuestro entonces al interior del POLO, el frente más grande e importante que ha tenido la izquierda y los sectores democráticos y nacionales del país en toda su historia, esclarecer que con Juan Manuel Santos no habrá posibilidad alguna de cambios ni se gestarán reformas democráticas, como algunos sectores desde la misma izquierda hoy cacarean o anhelan. La única opción para arrancarle a este gobierno y a los de su tipo concesiones democráticas, seguirá siendo la movilización social que en los últimos años se ha intensificado en la medida en que las leyes y normas antidemocráticas, antipopulares y antinacionales de los gobiernos se recrudecen.

Francisco Mosquera está y estará en la lucha por otra Colombia. Francisco estuvo en el paro estudiantil de la MANE, estuvo con los maestros de FECODE en sus luchas de los últimos años, estuvo en el paro cafetero, estuvo en las protestas contra el TIM, estuvo en los paros agrarios, en las protestas de los corteros, de los camioneros, de los mineros, de las madres comunitarias. Francisco está aquí y estará allí donde haya un moirista y un patriota decidido a defender a Colombia y a luchar por su soberanía. La Juventud Patriótica hoy reivindica su vida y su legado político, y afirmamos como él lo expresara, que “nosotros, en esta prolongada noche de la esclavitud, haremos también nuestros sacrificios para que el sol de una nueva independencia vuelva a brillar.”

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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