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¿Se justifica un “compás de espera” a Santos?

Álvaro Morales, Director Editorial Tribuna Magisterial, agosto 22 de 2010

A quienes afirman que es necesario “dar un compás de espera” al nuevo gobierno para ver si, al fin, se empiezan a dar soluciones a los graves males que aquejan a Colombia y a los colombianos, es bueno recordarles, una vez más, que a la gente se le puede conocer más por lo que ha hecho o dejado de hacer que por lo que dice que va a hacer, es decir, que los hechos sociales son una lectura de la realidad social mucho más atinada que la mera expectativa en torno a hechos que aún no han sucedido y son apenas formulaciones o promesas de algo que podría suceder en un futuro.

Nos referimos a que la administración Santos ha anunciado que dictará medidas para reducir las cifras de desempleo, para mejorar los salarios y su capacidad adquisitiva, para remediar la crisis de la salud, para conjurar el ya crónico déficit fiscal del Estado, para enfrentar la inequidad en la propiedad de la tierra y la tragedia del desplazamiento de campesinos, para tratar, en fin, los más agudos problemas de nuestra sociedad. Para imaginar entonces, cuáles son esas medidas, es necesario partir de qué es lo que han hecho, en su trayectoria política y social tanto el presidente Santos como el fulgurante equipo del que se ha hecho acompañar en el inicio de su gobierno. Empecemos por Santos quien ha tenido una larga trayectoria en la administración pública, como ministro de César Gaviria, de Andrés Pastrana y de Álvaro Uribe y en todas estas figuraciones demostró su gran apego a los dogmas neoliberales que se imponen al país desde el Fondo Monetario Internacional, a los postulados del libre comercio que enriquecen a las grandes corporaciones transnacionales y arruinan la economía criolla, a la doctrina de la seguridad nacional del imperio que ve en todo sindicalista y líder social un terrorista. Su ministro de Hacienda, eminencia gris del neoliberalismo lo acompañó, como director de Planeación en 2001, en el enorme raponazo que le dio el gobierno de Pastrana a las transferencias presupuestales destinadas a educación y salud; su director de Planeación negoció con los gringos el Tratado de Libre Comercio que sin aplicarse aún ya causa efectos desastrosos sobre la producción y el empleo nacional; su ministro de protección social es enemigo declarado del salario mínimo y de las rentas parafiscales que sostienen programas sociales como Bienestar Familiar, SENA y Subsidio Familiar; su ministro de Agricultura firmó, como ministro de Hacienda de Pastrana, uno de los acuerdos con los que el FMI impuso a Colombia todo el recetario neoliberal; su director del DAS, según declaraciones de antiguos funcionarios de este aparato policial, aparece involucrado en lo que la fiscalía llamó la conversión del DAS en una “empresa criminal” para perseguir a la oposición y aliarse con el narcotráfico y el paramilitarismo. Y si examinamos uno a uno los integrantes de lo que el senador Jorge Enrique Robledo llama la “selección Colombia neoliberal”, es decir el nuevo equipo de gobierno, es bien seguro que todos cumplen con el principal mérito que se les exige para integrar tan rutilante conjunto: haber sido un ejecutor aconductado de la sacrosanta doctrina neoliberal, o al menos haber declarado lealtad absoluta al Consenso de Washington, a la seguridad democrática, ahora llamada “prosperidad democrática” y a la confianza inversionista.

¿Existe entonces alguna razón lógica para pensar que, de la noche a la mañana, estos personajes cambiaron sus principios, sus creencias, sus objetivos, su convicción de clase, para sustituirlos por la defensa de la soberanía nacional, por la restauración de la democracia arrasada por sus antecesores y por ellos mismos, por las reivindicaciones económicas y sociales de los obreros, los campesinos, los indígenas, los jóvenes y las mujeres de los estratos inferiores? Por nuestra parte, estamos convencidos que no será así, y que este gobierno no solamente no resolverá nuestros graves problemas, sino que los profundizará porque su esencia es la misma que caracterizó a su antecesor y patrocinador, ser representante de las minorías oligárquicas y de los poderes extranjeros que viven y se lucran de la desgracia de los millones de colombianos sometidos a su dominio. Por eso, nuestra respuesta no puede ser otra que la de liderar la más franca oposición al gobierno de Juan Manuel Santos, y organizar acciones de resistencia a sus políticas neoliberales y proimperialistas.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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