La obra de Uribe consistió en convertir a Colombia de semicolonia a colonia de Estados Unidos; aunque algunos, como Ernesto Samper, dicen que como portaviones, merced a las ilegítimas franquicias brindadas al ejército norteamericano para operar en territorio patrio dentro de su estrategia global.
El resultado de tan nefanda tarea es desastroso. Colombia es de las naciones más desiguales del mundo; la mitad de sus habitantes son pobres y una quinta parte es indigente; el 70% de la “población activa” está desocupada o en el “rebusque”; diez millones viven del asistencialismo; el sistema de salud va a detonar; las ventas de bienes industriales a países vecinos se desplomaron; los cereales, oleaginosas y lácteos están en vía de extinción; sólo los hidrocarburos y la minería son fuente de crecimiento; y, desde 2010, hasta el sector financiero ha comenzado a fatigarse.
Uribe transformó al país en república subsidiaria de las necesidades energéticas norteamericanas; para lograrlo triplicó el gasto militar, multiplicó por 2,5 el pie de fuerza y tuvo un déficit fiscal anual –en el gobierno central- que aumentó de 11,9 billones, en 2002, a 19,5 en 2009; por esto la deuda pública subió de 100 a 190 billones y es ahí donde confluyeron la Confianza Inversionista y la Seguridad Democrática. El premio por labor cumplida, aunque no pase el examen en derechos humanos, es la dispensa para corruptelas tan graves como las zonas francas familiares o “Agro, Robo seguro”.
No todos se anestesiaron con el uribismo. La rama judicial, código en mano, presentó resistencia; muchos sectores sociales se movilizaron; conspicuos intelectuales ni acallaron la voz ni adocenaron la pluma; los empresarios medianos se han rehusado a ceder sus negocios a las multinacionales y el Polo, en el Congreso, no bajó la guardia en la oposición, en la cual descolló Jorge Enrique Robledo.
Robledo es sinónimo de lucha por la democracia, la soberanía, la honestidad y la defensa de la producción y del trabajo. En 66 debates desnudó las esencias del uribismo y elevó el nivel de conocimiento y de organización del pueblo, aplicando, como Gaitán, la máxima: “Me basta que esto vaya a la conciencia pública”. Esa conducta tenaz le ha valido inicuas persecuciones pero también enorme respaldo.
Administrar el caos legado por Uribe y continuar con las mismas políticas que jerarquizan el saqueo extranjero causará mayor inconformidad, la que se intentará aplacar con métodos peores a los ya vistos. En la otra orilla, Robledo seguirá contendiendo por la salvaguardia de la Nación, el próximo 14 de marzo y más allá, miles de compatriotas, en búsqueda de una Nueva Democracia, diremos con él: ¡Somos Todos!
POR LA SOBERANIA, EL TRABAJO Y LA PRODUCCION ¡RESISTENCIA CIVIL!
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