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¿Tiene nacionalidad la ciencia?

Pablo Correa, El Espectador, julio 5 de 2014

Colciencias se ha propuesto traer de regreso a Colombia a 200 doctores que estén viviendo en otros países. Si se trata de contratar a los mejores científicos, ¿por qué tienen que ser colombianos?

Hace cuatro meses la directora de Colciencias, Paula Marcela Arias, presentó con bombos y platillos un nuevo programa bautizado “Es tiempo de volver”. A primera vista parece una iniciativa maravillosa: repatriar 200 cerebros fugados de Colombia ofreciéndoles $150 millones por dos años para que lleven a cabo sus proyectos de investigación, un salario mensual de $6 millones netos y exenciones tributarias. Pero, visto con cabeza fría, surgen algunas preguntas sobre la forma como está planteado.

La primera de ellas tiene que ver con el tinte nacionalista del programa. Si se trata de atraer talentos científicos formados en otra cultura, con otra disciplina, con otra visión de los desafíos de su campo, contagiados con otras formas de pensamiento, ¿por qué limitar la convocatoria a los colombianos? ¿Acaso la inteligencia tiene nacionalidad? ¿Por qué no hacer una convocatoria abierta a doctores de cualquier país que quieran trabajar en Colombia?

A propósito, Andras Trepte, director de la oficina de enlace para América Latina del famoso Instituto Max Planck de Alemania, comentó durante una conferencia en la Convención Científica Colombiana, organizada por Colciencias esta semana en Cartagena, que “la investigación no tiene nacionalidad” y en “nuestros institutos no reclutamos por nacionalidad sino por excelencia”.

Es el mismo camino que eligió Perú. La presidenta de su Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec), María Gisella Orjeda, comentó que ese país decidió fomentar la vinculación de talentos científicos sin importar si eran peruanos o no. Argentina, en cambio, ha seguido la misma filosofía colombiana a través del programa Raíces. La directora de Colciencias ha defendido el programa, uno de los más publicitados en medios de comunicación, y ha dicho que por ahora es importante apostar por el talento nacional.

Luis Fernando García, exdirector de la sede de investigaciones de la Universidad de Antioquia y experto en inmunología celular, se declara escéptico frente al programa por tres razones. La primera, porque es injusto con los doctores que se han formado en el país y no tienen esas mismas oportunidades. Segundo, porque nadie sabe qué va a pasar dos años más tarde con quienes lleguen. Y tercero, porque los investigadores que trabajan en Estados Unidos y Europa lo hacen a otros ritmos y bajo otra cultura, y dentro de un programa como éste se exponen a un choque cultural que puede afectarlos. “Me parece mejor dejarlos allá y fortalecer las redes de cooperación entre los de aquí y los de allá”, concluye.

Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, cree que el problema radica en que se está definiendo mal el programa. “Le pusieron un nombre propagandístico”, dice. Si se piensa como un programa de posdoctorado para colombianos, es una propuesta valiosa, aunque, acepta, más valiosos que los programas de repatriación son los programas para cazar talentos sin importar su nacionalidad.

“La limitación que veo en Colombia es que no se están creando nuevos puestos de trabajo para los científicos que se están formando”, concluye Wasserman.

Por ahora el programa sigue en marcha y buena parte de la comunidad científica colombiana continúa preocupada por un problema mucho más grande: la infinidad de contradicciones y dificultades que han surgido en la asignación del 10% de las regalías para ciencia y tecnología.

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