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¡Un país soñado: inexistente!

José Arlex Arias, La Verdad, Cartagena, febrero 2 de 2015

Las verdades a medias son mentiras completas y estas, mediante la repetición, la manipulación y la seducción, las convierten en verdades absolutas. Es una estrategia sencilla pero efectiva que utilizan por igual tanto los gobiernos dictatoriales como los que posan de democráticos. Los concesionarios invierten más recursos en contratar abogados que en trabajadores operativos para asegurar demandas contra el Estado, y este gasta en estrategias comunicacionales, no solo repartiendo “mermelada” a los grandes medios, sino también a través de foros, eventos, manejadores de imagen, etc., para asegurar sus objetivos.

Esa estrategia comunicacional implica la cooptación de dirigentes críticos. Por eso crece el asombro al observar a quienes una vez osaron levantar la voz contra las políticas neoliberales, ahora blandiendo sus banderas, defendiendo las “generosidades” del libre mercado o rebuscándose todo tipo de fórmulas y acomodando tesis y teorías que terminan por facilitar su profundización. Se les encuentra en los barrios dictando conferencias, talleres y seminarios, haciendo foros y paneles para vender el emprendimiento, Mipymes y demás formas atrasadas de producción como la gran solución, renunciando al desarrollo de la industria, el fortalecimiento agropecuario y la tecnología de punta, verdaderos motores del crecimiento económico, el empleo digno y la redistribución de la riqueza. Pero el gran triunfo de esta coyunda oficial es neutralizar la indignación social y enseñar a la población a ser feliz en medio de la miseria y la pobreza, mientras el patrimonio de la Nación termina concentrado en pocas manos.

Un cuadro dramático se puede ver en la salud: la Red Pública Hospitalaria está destartalada; los hospitales parecen cuarteles de guerra, con los enfermos tirados en las sillas o en el piso; las citas médicas y de laboratorio, los reclamos de medicinas y los procedimientos quirúrgicos no aparecen; falta personal médico y paramédico y a los que contratan les deben salarios que son de hambre; no hay insumos y menos ambulancias. La constante es la muerte, estadística que el gobierno se niega a revelar, ocultando el número de personas que fallecen diariamente en el país esperando o recibiendo un pésimo servicio de salud. Paralelamente crece la “industria privada de la salud”, que poco se diferencia de la oficial en el servicio y en el pago a médicos y personal asistente, pero que ostenta confortables instalaciones obtenidas con los dineros de la sociedad, está especializada en “mamarle gallo” al usuario y se rige por estándares, como si todos los cuerpos reaccionaran igual. Ambas redes colapsan por cuenta del Chikungunya, que desde julio del año pasado fue advertido por autoridades internacionales de la salud. Los padecimientos son dramáticos.

Aquí viene lo chistoso: “Colombia es laboratorio de manejo de chikungunya para las Américas”: Vicesalud, El Espectador, 23 de enero de 2015. Esa es la matriz comunicacional. Somos “los más” del mundo. ¡Los grandes medios difunden un país soñado, por lo tanto, inexistente!

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