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Vienen por el comercio local

Juan Sebastián Padilla, La Crónica del Quindío, Armenia, abril 3 de 2015

La realidad es contundente y no deja lugar a dudas sobre quién está ganando la batalla de la distribución comercial: las grandes superficies, a costa del mediano y pequeño comercio, representado en tiendas de barrio tradicionales, minimercados y súpermercados.

En Armenia han incursionado unas poderosas tiendas y superficies comerciales, que buscan, con los beneficios económicos otorgados por la administración municipal, aumentar sus ventas, disminuir sus costos y acrecentar sus rendimientos financieros. Introduciendo un nuevo concepto de tienda, el de “descuento y conveniencia”, pretenden un éxito al responder estratégicamente a las necesidades de compras diarias de los consumidores.

La instalación desaforada de estas grandes superficies en Armenia está afectando de manera sistemática al comercio local y sus empleos generados. Con un impacto negativo en la dinámica económica del municipio.

Para la muestra un botón. En Polonia tiene presencia una gran superficie llamada Biedronka, un pez gordo del negocio del retaìl (comercio al detalle), que pertenece al mismo dueño de una gran superficie instalada en Armenia con 14 puntos de venta. Cuando Biedronka abre una tienda (a mayo de 2014 contaba con 2.400 puntos), 3 pequeños comerciantes quedan fuera del negocio, lo que ocasiona un cierre anual de 6.600 empresas del sector. Como consecuencia, Biedronka controla cerca del 70% del consumo polaco. Pero allí Biedronka no solo le apuesta a las grandes ciudades, sino también a pueblos hasta de 10.000 habitantes, lo que en Armenia equivale a menos de 10 barrios.

No hay en Colombia una sola empresa de este sector que le pueda sostener el pulso al arribo masivo de las grandes superficies. Por el contrario, la concentración del negocio retail cierra el paso a futuros actores en este mercado, lo que fraguaría un monopolio en contra de los proveedores y consumidores, al tener la capacidad de condicionar el precio de compra y el precio de venta de los productos. En la publicación Global Powers of Retailing, de la firma Deloitte, se seleccionan las 250 empresas minoristas más grandes del mundo, al año 2014 había 10 latinoamericanas, ninguna de ellas colombiana.

Las ciudades que más han sentido los embates económicos de las grandes superficies comerciales han sido aquellas que como Armenia padecen las consecuencias del desmantelamiento del sector productivo. Una ciudad que en los últimos años ha peleado el primer puesto en desempleo, que la vienen especializando en un centro de servicios financieros, inmobiliarios y turísticos. Una ciudad donde el 94% del tejido empresarial son microempresas con activos inferiores a los 501 SMMLV.

Este reinado de grandes superficies y tiendas de cadena no solo fomenta la desigualad social en la ciudad, también funda una desigualdad fiscal; aparte de estar exentos de varios impuestos, desplazan del mercado a empresarios que sí pagan impuestos. (Ambas situaciones, la de exenciones y la desaparición de quienes sí pagan, generan un menor recaudo para el municipio).

No es cierto y resulta falaz decir que estas grandes superficies generan empleo. Este ejemplo rebate el espejismo: Tiendas D1 tiene 284 puntos en el país, que generan 1.750 empleos, mientras que Mercacentro, empresa del comercio minorista del Tolima, tiene 8 puntos de venta en ese departamento y genera 800 empleos. En promedio, el primero emplea 6 personas por local, mientras el segundo emplea 100. La conclusión: Las grandes superficies destruyen los empleos que generan los empresarios locales.

No existe una política económica regional, mucho menos nacional, que tienda a proteger e incentivar la producción y el mercado nacional. Es la política económica la que determina la iniciativa individual de los empresarios, no son los “emprendedores” o “echados pa’ delante” los que la determinan. El modelo económico que le han impuesto al departamento hizo aguas; hicieron endeudar a productores agropecuarios para convertir sus predios en finca-hoteles y hoy ni el turismo está dando.

Si no se protege a los comerciantes locales, que hoy son la mayor fuente de generación de empleo, Armenia seguirá siendo una ciudad en la cual hay mucho dónde gastar dinero, pero poco dónde ganarlo. Refuerza este planteamiento la declaración de la alcaldesa del pasado lunes 16 de marzo, señalando que en Armenia es casi imposible crear empleo con programas del gobierno debido a la falta de empresas.

Coletilla: indignante que la alcaldía de Armenia haga un despliegue de policía similar al de la celebración del 20 de julio contra los vendedores ambulantes. Solo es ingenuidad creer que detrás de la arremetida de la alcaldía está la intención de poner las calles al servicio de todos. La esencia estriba en que solo puede hacer uso del espacio público quien tenga para pagar. Delirios neoliberales.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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