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Voto obligatorio es un falso positivo contra la corrupción

Intervención del senador Jorge Enrique Robledo en la discusión del Acto Legislativo llamado por el gobierno nacional de Equilibrio de Poderes. Plenaria del Senado, 15 de octubre de 2014.

Algunos creen que el desastre en que está sumido el país se arregla con soluciones mágicas. No votar, o votar en blanco, o anular el voto, o no marcarlo, son igualmente derechos ciudadanos. Se desperdiciarían 500 mil millones de pesos en cada elección. Gatopardismo de sello santista.

Desde que escuchamos la idea de aprobar el voto obligatorio para las elecciones, los congresistas del Polo Democrático Alternativo lo analizamos con detenimiento y expresamos nuestro desacuerdo. Y ayer votamos que se hundiera, como efectivamente se hundió. Las razones son varias, pero primero quisiera hacer una pequeña introducción. Un país tan mal gobernado como este, con tanta pobreza, con tanta hambre, con la industria y el agro en ruinas, y con tanta corrupción y tanta violencia, es para un número enorme de colombianos una desgracia permanente. Sufren todo el día, abren los ojos a sufrir y solo descansan cuando se quedan profundamente dormidos, porque el sueño es algo parecido a la muerte, ahí uno deja de relacionarse con la vida y con los hechos. No es raro entonces que la gente se la pase buscando soluciones a tanto desastre. Y tampoco es raro que a la gente la atraigan las soluciones mágicas, como a esos señores y señoras que andan desesperados buscando una píldora mágica contra la obesidad que les baje los kilos de una vez, pero que no les gusta hablar de dietas ni de ejercicios.

El voto obligatorio es parte de ese repertorio, una especie de solución mágica. Se nos dice desde la cúpula que si el voto se vuelve obligatorio, todo se arregla, porque lo único que falta para que el país funcione bien es que voten los que no votan. El problema es que no hay un solo estudio ni ningún análisis sensato que nos lleve a pensar que una vez haya voto obligatorio, se van a arreglar los problemas de Colombia. Nada, absolutamente nada permite pensar que los que no votan son los sabios, que quienes hoy no votan lo harían mañana de una manera que compensaría a los que votan mal. Nada permite sugerir siquiera que el voto de los abstencionistas sea un voto más calificado, más diestro, más sabio, un voto de mejor calidad frente al voto de quienes acostumbramos ir a las urnas.

Aquí no se puede suponer arbitrariamente que el voto de los abstencionistas va a ser mañana de mejor calidad y automáticamente se va a empezar a gobernar mejor a Colombia. Son cuentos para evadir los debates de verdad. Aquí llevamos horas y horas, y los medios de comunicación le han gastado páginas y tiempo a discutir lo del voto obligatorio. Les doy este dato. Ayer hice un debate en la Comisión Séptima de Cámara en que probé que el gobierno nacional está manejando a Saludcoop tal como lo hacía Carlos Palacino y que los funcionarios encargados han transferido a Saludcoop de manera ilegal, es decir, robado, 700 mil millones de pesos del patrimonio de la salud. ¿Y saben cuántos medios de comunicación me han llamado entre ayer y hoy? Uno, un medio de comunicación de una universidad pública, que tuvo la curiosidad de preguntarme, oiga, senador Robledo, y usted por qué dijo eso. Y lo advertí también ayer: el tapen tapen de la Casa de Nariño impedirá a toda costa que el tema de Saludcoop se ventile ante la opinión pública.

No montemos entonces distractores con teorías que no se corresponden con la realidad. Pero más grave aún, y es un punto de principios para el Polo Democrático Alternativo: la gente debe tener el derecho a votar por el uno o por el otro, o a votar en blanco, o a no marcar el voto, o a anularlo, esa es la democracia. Y también el derecho a no votar. Es un derecho ciudadano. Los derechos se ejercen o no, y no votar es un derecho que a nuestro juicio debe respetarse sin ningún truco. Es una posición de principios, como no robar o no secuestrar.

Pero además les hago una reflexión cordial a los colegas del Senado y a todos los que estamos en política: en este desastre de país, en este desastre de política, en este mar de corrupción, en este mar de horrores, ¿sí habrá autoridad moral para obligar a un ciudadano a votar por quien no quiere votar? Por supuesto, resulta inaceptable.

Se aduce también que es una medida anticorrupción. Paja. De cuándo acá los hábitos seculares de corrupción política y electoral van a cambiar porque se obligue a la gente a votar. Por el contrario, lo que podría suceder es que bajara el precio de los votos comprados, por aquello de que cuando hay mayor oferta, disminuyen los precios de las mercancías. Tampoco es cierto entonces el argumento que esgrimen algunos.

En mi oficina se tomaron el trabajo de hacerle cuentas al voto obligatorio, cuánto le vale al fisco nacional, hoy tan desbalanceado, con un déficit enorme. Por la simple vía de la restitución de los votos, en caso de votar el 80 por ciento, valdría cerca de 500 mil millones de pesos por cada circuito electoral, presidente y congreso, gobernaciones y alcaldías, asambleas y concejos. Les pregunto a los colombianos: ¿está el país para despilfarrar 500 mil millones de pesos cada cuatro años obligando a los colombianos a votar para que al final todo siga igual?

Digamos, por último, que es otra medida gatopardista, consistente, como bien se dice en la novela, en cambiar algunas cosas para que todo siga igual.

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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