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Zika: otra vez con los calzones en la mano

Saúl Franco*, El Espectador, Bogotá D.C., febrero 16 de 2016

Es nueva para nosotros esta enigmática enfermedad viral, descrita a mediados del siglo pasado.

Pero no el mosquito que la transmite. Lo identificaron desde el silgo XVIII en Egipto, por eso, su nombre de mosquito de Egipto o aedes aegypti. Nos lo trajeron de Europa, en barco, durante la colonia. Y desde entonces se quedó viviendo cómodo en nuestras selvas tropicales y en los criaderos de las casas pobres y sus alrededores. Es un supermosquito: transmite la fiebre amarilla, el dengue, el chikungunya y ahora, el zika. Ha logrado adaptarse hasta los 2.200 metros sobre el nivel del mar. Y ha tenido la buena suerte de no seguir viajando sólo en barco, sino que ahora puede pasar en cuestión de horas, en jet, de Asia o África a América, o de Neiva a Cartagena.

Pues bien, este supermosquito tiene sus debilidades: es incompatible con casas limpias y entornos saludables y no aguanta la fumigación con ciertos compuestos químicos. De hecho, algunos países han logrado controlarlo. Pero nosotros no. Las condiciones de pobreza de nuestros campesinos, la eliminación de las campañas nacionales de fumigación desde la Ley 100 de 1993, nuestras guerras internas, la depredación de bosques y selvas, y ahora el cambio climático, han facilitado que el aedes aegypti nos vuelva a sorprender con los calzones en la mano y se mueva, como Pedro por su casa, por casi todo el país, transmitiendo viejas y nuevas epidemias.

El Zika se ha expandido ya por más de 34 países. La Organización Mundial de la Salud declaró recientemente una alerta sanitaria mundial. Y no sólo por el número de casos – que en Brasil pasan del millón y en Colombia de 30.000 ya registrados– sino por dos interrogantes graves: si este virus puede causar la microcefalia en los fetos de madres infectadas, con las consiguientes alteraciones neurológicas severas de los niños, y si produce el síndrome de Guillain-Barré, una afección neurológica que puede llegar a causar la muerte por parálisis de los músculos respiratorios. Aunque la relación causa-efecto está todavía en estudio, el pánico es generalizado y ha llevado a medidas tan drásticas como el aborto en algunos casos, o la polémica recomendación de aplazar los embarazos.

Un agravante adicional es que todavía no disponemos de vacuna, como sucedió hace poco con el Ébola. En ambos casos, habíamos pasado más de medio siglo con las enfermedades y sin las vacunas. Sólo cuando las epidemias se convirtieron en amenaza global y oportunidad de jugosas ganancias, aparecieron las vacunas. En tiempo récord se produjo la del Ébola, y ya algunos laboratorios dicen tener muy avanzada la del Zika, lo que reactiva el debate sobre la prioridad real de la salud pública sobre los negocios, la ética de la investigación, y la perversa estratificación de seres humanos y países en primera, segunda y tercera clase.

Lo más reciente sobre el Zika en Colombia es la decisión de los presidentes Obama y Santos, de trabajar conjuntamente en la comprensión y el ataque a la enfermedad. La decisión fue efectiva de inmediato y ya están aquí investigadores de allá tratando de aclarar su magnitud, implicaciones y posibles maneras de enfrentarla. La cooperación debería ser beneficiosa no sólo para Colombia y los Estados Unidos, sino para toda la humanidad. Y ojalá así sea. Pero, sin ser ingenuos ni paranoicos, y estando nuestro Instituto Nacional de Salud con algunas fortalezas en epidemiología, pero muy débil en investigación y en cero en producción de vacunas, área en la que llegó a ser reconocido antes de su debacle con el actual modelo de salud, hay que tomar precauciones. Todas las necesarias para no repetir errores, ni reeditar los modelos coloniales de conejillos de indias, ni terminar sirviendo más a los intereses de las multinacionales de vacunas, pruebas de laboratorio y medicamentos, que a las necesidades de la población, en especial la más expuesta a problemas como el Zika.

*Médico social

POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO
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